Capítulo 4, Un matrimonio arreglado

1440 Words
En algún hotel de la ciudad se encontraba acostado en una cama, Humberto Sanz y muy bien acompañado. —Entonces mi amor, ¿crees que está vez si podrás quedarte con la herencia?— acariciando el pecho del hombre. —Si, en las cláusulas está todo muy claro, no debe haber deshonras familiares y ella está embarazada de quién sabe quién y soltera, no la tiene fácil, ya introduje la documentación será cuestión de días mi Tifi hermosa. Buena jugada la de las píldoras. —Me encanta cuando me llamas así, solo las cambie por vitaminas, la muy tonta confía ciegamente en mí. ¿Y qué pasará con tu esposa? —Sabes que no me puedo divorciar de ella, por apariencias y por mantener mi puesto en la empresa. —Bueno eso no me quita el sueño, me conformo con tenerte aquí siempre que podamos, no me importa si sigues casado con ella. —Tifi lo que sí me gustaría saber es ¿quién es el padre de la criatura? —No lo sé, todo salió a pedir de boca, pero en realidad no sé quién entró a esa habitación, por qué justamente en ese momento alguien me estaba follando muy rico. Humberto se ríe con picardía y la atrae hacia él para besarla. —Como te lo haré justo en este momento. La pareja volvió a sucumbir en una ronda de placer. Humberto era un inmoral, infiel y malvado. Todo había sido planificado para lastimar a Vanesa y el poder quedarse con la herencia, definitivamente estaba podrido sin sentimientos, sin moral y sin escrúpulos. Mientras tanto Anthuam se mantenía bajo perfil, trabajando sin ánimos, se sentía cansado y abrumado todo el día. Por las noches en la soledad de su apartamento, lloraba e intentaba buscar en sus recuerdos el rostro de la chica que él había dañado. —¿ Por qué no denunciaste lo ocurrido? Te lo juro que hubiese aceptado mi culpa, pero te hubiese recompensado, lo juro, jamás quise hacerte eso, jamás, lo juro—Gritó y Lanzó la copa contra la pared El timbre sonó y al abrir estaba Saúl. —Lo sabía, sabía que te iba a encontrar mal amigo, cuéntame ¿Qué es lo que te ocurre? Ya me tienes preocupado. Anthuam se sentó en el inmenso sofá colocando sus manos en la cara, lanzando un bufido. —El remordimiento me está matando Saúl, siento tanta decepción de mi mismo. —¿Lo dices por lo de aquella noche? —Pero, si ni siquiera sabemos quién fue, nunca conseguimos a alguna chica. Todas estaban en la fiesta. —Se que estuvo una chica entre mis brazos y recuerdo perfectamente lo que le hice— se soltó a llorar. —Calmate bro, se que esto te está afectando, pero si fue así como dices, por qué no denunciaron, tal vez a la chica le gustó, ¿No crees? Anthuam negaba con la cabeza y se acercaba al ventanal. —No recuerdo el rostro de la chica pero si lo que hice, aún suena en mis oídos lo que ella me decía, lo que ella me rogaba que no hiciera. Saúl podía sentir el dolor y desesperación de su amigo e intentaba tranquilizarlo y ayudarlo. Días atrás había pedido las grabaciones de las cámaras, pero para su sorpresa no habían vídeos de esa noche. —Estoy seguro que me tendieron una trampa y dañé a una chica inocente. Saúl sabía todo lo que pasó esa noche por qué fue él quien lo ayudó y llevó al hospital. —Pues buscaremos en las demás grabaciones, pero esto es muy raro— comentó Saúl. —¿Quién pudo ser esa chica Saúl? —No tengo idea habían muchas esa noche y hasta donde sé nadie se desapareció de la fiesta. Mi hermana se mantuvo siempre con sus amigas y si en realidad pasó lo que crees,¿ por qué la chica no denunció o armó un escándalo? —No lo sé, pero si recuerdo lo que pasó. Te lo juro, esto me atormenta cada día de mi vida y sin contar que el viejo Lovaton no quiere entregarme mi herencia, está poniendo trabas por los malditos videos que se colaron en la internet. —Yo que tú, buscó al abogado, se que no quieres, pero creo que es lo mejor. —Por primera vez te daré la razón, eso haré. Decidió reunirse con el abogado el Dr Alfredo, quien era el mismo de Vanesa. —Señor Lovaton efectivamente en el documento se especifica que usted debe haber formado una familia, un hogar, haber mostrado integridad familiar y financiera para poder liberar la herencia. Yo le tengo una propuesta y le aseguro que es la solución a todos sus problemas. —Soy todo oídos. —Un matrimonio arreglado, esa es la solución— comentó Alfredo. — Lo acepto, pero con condiciones por supuesto. —Obviamente señor, además le aseguro que la chica también tendrá sus condiciones. —¿Ya tiene una posible esposa para mí? —Si ella es una buena chica, dulce, inteligente de buena familia, necesita este matrimonio para poder cobrar su herencia al igual que usted. Solo hay un detalle. Su novio la dejó embarazada. —¿¡Qué!? Y usted quiere que me haga responsable de un hijo que no es mio, no, no ya esa solución no me gusta. —Escuche, escuche, es algo bueno. —No, no, no, yo me he cuidado para no tener hijos, no entiende que soy muy joven para eso, no quiero es más, creo que nunca tendré hijos. —En las cláusulas está que debe tener una familia, que más que una novia embarazada, y con la cual usted quiera formar un hogar, además usted no será el padre de la criatura, la muchacha está clara en eso, ni siquiera llevará su apellido, no tiene que presentarlo como su hija o hijo y el matrimonio sólo debe existir lo necesario 365 días. Anthuam estaba callado, pensaba en que su vida sería un infierno de ahora en adelante, casado con una inmadura que se dejó embarazar y ahora quiere la herencia para gastarla en su hijo, aunque su finalidad era obtener su herencia. —No se por que creo que esto no es una buena idea, pero acepto, acepto Dr Alfredo. —Las cláusulas son sencillas, solo deben ser un matrimonio por un año, demostrar que de verdad son una linda pareja, enamorada y responsable, por qué de lo contrario no se liberará la herencia. —¿Eso quiere decir que debemos convivir? —Si, ella tiene un apartamento tipo estudio, tal vez… —No, no, yo no viviré en pocilgas, lo mejor sería que ella se venga a mi apartamento. —Está perfecto. Señor Lovaton mañana por la mañana le haré llegar la documentación pertinente y en unos días se realizará la boda. —¿Quién es la chica?—preguntó intrigado — Es Vanesa Sanz, tiene 20 años, es estudiante. En fin es buena chica, ya lo verá. —¿Es familia de Humberto Sanz? —Si, es su hija mayor. —¡Ahs no puede ser!, debe ser una niñita caprichosa y berrinchuda, ese tipo es un desgraciado miserable, no lo soporto en la empresa ahora será mi suegro. No puede ser esto es una maldición. —Tal vez las cosas no sean tan malas después de todo. Anthuam rascaba si frente y negaba con su cabeza, pero no había vuelta atrás se realizaría una boda en pocos días. El abogado lo dejó solo y él se quedó pensando, esa noche como siempre después de darse una ducha, se sentaba en su enorme sillón a mirar por el ventanal el hermoso paisaje citadino, mientras recordaba aquella amarga escena de su pasado. El abogado anunció a Vanesa que el empresario había decidido que si se casaría con ella. —¿ Y quién es? —El empresario Anthuam Lovaton, acaba de cumplir 23 y también quiere su herencia. — Necesita una familia de mentira supongo— inquirió Vanesa. —Si, el tiene muy mala reputación, es mujeriego, le gusta andar de fiesta y aunque en su trabajo es el mejor, sus actuaciones en público dejan mucho de qué hablar, está a punto de que le quiten su cargo en la empresa y lo más importante para él, la herencia que dejó su madre. —Vaya joyita, seguro quiere el dinero para malgastarlo en fiestas y en mujeres, creo que ya no me gusta esta idea dr Alfredo. — Tal vez las cosas no sean tan malas después de todo. —Eso espero, quiero por lo menos tener paz.
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