Los arreglos de papeles se realizaron todo estaba listo para la boda. El abogado sugirió que se conocieran antes y se realizarán algunas fotografías y conversaran para planificar mejor el día de la boda y que solo por protocolo entregarán invitaciones a la familia más cercana.
Se citaron en un restaurante cerca de la empresa Lovaton, el abogado acompañó a Vanesa junto con su secretaria.
Ellos estaban sentados esperando a que llegara el CEO del corporativo Lovaton.
El llega al restaurante y enseguida lo guían a la mesa, cuando se iba acercando, volvió a ver esos cabellos dorados y esos ojos verdes que lo hipnotizaron aquel día, era la chica que vio bailar cerca de la piscina.
—Buenas tardes—saluda Anthuam con seriedad y voz muy masculina, sin embargo sentía algo extraño en su cuerpo.
El abogado y su secretaria se colocan de pie y saludan estrechando sus manos. Vanesa se levanta después que ellos y al ver a Anthuam sintió algo extraño en su cuerpo, su corazón latió con fuerza y su estómago hizo un vuelco.
El abogado mira a la chica y les dice
—Bien, Vanesa él es Anthuam Lovaton y Anthuam ella es Vanesa Sanz—
El joven extendió su mano, pero Vanesa estaba inmóvil no sabía por qué estaba reaccionando así.
—¡Vanesa!, ¡Vanesa!— llamaba Alfredo el abogado—¿te sientes bien?
Ella parpadeó un par de veces seguidas y se llevó una mano al estómago, ya que sus fosas nasales habían sido invadidas por el delicioso y varonil perfume de su futuro esposo, sin embargo esto causó en ella náuseas, porque ese delicioso aroma para ella era repugnante. No le agradaba ese aroma y de cierta manera lo recordaba como desagradable; extendió la otra mano para saludar a Lovaton.
—Es…es un placer… con permiso debo ir al baño.
Alfredo hace una seña a la secretaría para que la acompañe, quien enseguida se va tras la chica.
—Disculpa Anthuam, seguro es por el embarazo.
El con cara de fastidio asintió, luego tomaron asiento y conversaban mientras esperaban a Vanesa.
Anthuam también sintió algo extraño al ver a la chica de ojos verdes hermosos, su cuerpo también reaccionó sintió un escalofríos recorrer su espalda y piernas, sus manos sudaron y tuvo que aclarar varias veces su garganta para poder emitir palabra, mientras se aflojaba el nudo de la corbata.
Alfredo estuvo hablando un poco sobre la situación económica y sentimental de Vanesa y le dijo.
—Entonces te sugiero, que seas paciente con ella, no está pasando por un buen momento y por lo que veo no se siente bien de salud, es solo una chica con muchos problemas.
—No se, Alfredo creo que no estoy convencido de la idea, me cuide toda mi vida para no ser padre y ahora me toca ser padrastro y estar casado con una chica conflictiva e inmadura y lo peor tener de suegro Humberto Sanz. De seguro es su niña mimada y lo tendré detrás de mí vigilandome.
—No serás padrastro, no tienes por qué reconocer a ese bebé, simplemente estarán unidos por un año, ella solo está pasando por momentos difíciles y su padre… bueno él y ella.
Vanesa venía con la secretaria y tenía mejor semblante.
—Allí viene tu futura esposa.
Al sentarse siguieron conversando Anthuam se mantenía muy serio y sereno y Vanesa tomaba sorbos de agua constantemente, para evitar impregnarse nuevamente del perfume que para ella era asqueroso.
Muchas miradas incómodas invadieron la mesa, aún así siguieron planificando todo. Ambos actuaban con serenidad y madurez aunque fingían estar tranquilos.
Almorzaron y conversaron sobre las cláusulas y el compromisos que conlleva un matrimonio por conveniencia, todo parecía fluir tranquilamente.
La cosa se empezó a poner incómoda cuando el abogado pidió que se tomarán algunas fotografías.
—Muy bien es hora de la sesión de fotos.
—Creo que podemos tomar unas aquí en la mesa y estaría bien— dijo Anthuam.
Vanesa estaba de acuerdo, pero el pícaro abogado les hizo seña de que no y los saco a un hermoso jardín que había en ese sitio.
— Muy bien comencemos, mi hermosa secretaria les tomará las fotografías.
Vanesa estaba incómoda al lado de Anthuam, ambos se veían incómodos, nerviosos, sentían que sus cuerpos picaban y sudaban.
— No, no, así no, déjenme arreglarlos.
El abogado se acercó a Vanesa y colocó al lado de Anthuam y luego hizo que unirán sus manos.
— Ahora sonrían.
Las sonrisas más falsas del mundo y se podían reconocer en esa foto.
—Vamos pueden darme algo mejor, Vanesa tu tienes linda sonrisa anda muchacha—Decia Alfredo con cierto tono juguetón que le causó risa a Vanesa.
Siguieron las fotografías, y Anthuam aún no lograba sacar una sonrisa o postura espontánea.
El era muy alto en comparación a Vanesa y en un movimiento que hizo con su brazo le pegó en la frente a la pobre Vanesa.
—¡Auch idiota!, ten más cuidado.
—Disculpa, pitufina.
—¿Cómo me dijiste?
—Ah ya olvídalo, discúlpame déjame ver.
Se acercó y revisó la frente de Vanesa que estaba enrojecida, pero no era nada grave fue solo un roce.
—Listo no tienes nada, no llores.
Justo en ese momento Alfredo y su secretaria tomaron algunas fotografías, sin poses, muy naturales y se veían como enamorados de verdad.
—Estas si quedaron perfectas.
Una vez finalizada la sesión fotográfica, se despidieron en unos días sería la cena familiar y la boda.
Las fotografías del restaurante comenzaron a rodar por la internet y el anuncio de una boda se regó en las redes.
—¡Maldita sea! ¿Pero qué mierda es esto?—gritaba Humberto en la habitación y Martina le responde.
—Supongo que ya te enteraste.
—¿Tu sabías de esto?
—Me enteré, cuando estaba en el Spa.
—Esto debe ser una broma, ella no… y menos con ese imbécil.
—Bueno supongo que él es el papá del bebé y se quiere responsabilizar.
—No, no estoy seguro de eso, debe ser un plan de ella, estoy seguro.
— ¿Un plan? ¿Para qué?
—Para quedarse con la herencia.
—¡Humberto ya basta con el tema de la herencia!, eso se lo dejo su madre a ella, por qué tú te empeñas en retrasar eso.
—¡Pues tú cállate! No tienes derecho a opinar, o acaso tú tienes que ver en esto ¿verdad?
—¿De qué hablas?
—De esta boda, de Vanesa, es muy raro todo esto.
—¡Ja! Que se yo, ni siquiera sé qué fue lo que pasó, la muchacha se embarazó y la echaste de la casa, y ahora me entero que se casara, supongo que no quiere ser madre soltera.
—Ella está planeando todo estoy seguro, Pero la voy a desenmascarar, ella no es digna de esa herencia.
—¿Y tú si?, ¡tú si eres moralmente digno para esa herencia!
—Te dije que te callaras, no tienes por qué opinar.
Humberto se sentía perdido, sabía que al casarse Vanesa ya no podría retener más la herencia.
La vida de Anthuam y Vanesa iban a dar un cambio drástico, ambos estaban nerviosos y tenían muchas expectativas con respecto a lo nuevo que les tocaba vivir.