Sinopsis.
Se encontraba parada en la mitad del aeropuerto. Un terrible dolor de cabeza la irritaba demasiado, y sostenía su celular esperando la llamada de su madre— que por cierto debió llegar hace más de media hora—. Luego de unos cinco minutos más, su madre le avisó que no llegaría a tiempo, y tendría que viajar sola, cosa que desconcertó y decepcionó un poco a la castaña, haciendo que soltará un pequeño suspiro.
Así que ahora tendría que ir por su cuenta a un lugar que no conocía. Y el próximo vuelo hacia donde iría sería en tres días. Genial.
La razón por la que Harley y su madre se mudarían era por cuestión de trabajo, o al menos eso es lo que le hizo creer a su hija. La señora Verónica, era una de las mejores doctoras de todo el estado, y es por eso que la habían solicitado ir al hospital Americanwest, y entre otras cosas más.
Luego de bajar del avión y hacer toda la parafernalia, ya eran casi más de la medianoche.
—¿Señorita?
El conductor del taxi estaba girando hacia ella, observándola expectante.
Al escuchar su voz salió de su trance y dio un respingo—¡Oh, lo siento!
—Ya hemos llegado— dijo dándole una pequeña sonrisa.
Pagó al señor, y luego le deseó buena suerte y que vaya con cuidado, con una mirada un tanto extraña, como si quisiera decirle algo más, pero en cuanto salió del taxi, terminó por irse.
Dio un paso adelante a lo que sería su nuevo hogar. La verdad era muy bonita, era de dos pisos, un porche cubierto, un garaje y un amplio patio.
Su mala suerte decidió ir en aumento, ya que no solo había olvidado la llave, si no que cuando estuvo a punto de llamar a su madre, su celular decidió quedarse sin batería, haciendo que maldijera internamente.
Profirió unos cuantos bostezos exagerados, sin tener idea de la hora, pero en ese instante escuchó un crujido que la sobresaltó. Frunció el ceño, mirando a su alrededor en la oscuridad, si divisar mucho. El ruido había venido de la izquierda, lo primero que vino a su mente fue que pudo haber sido un animal. Estaba cerca al bosque, así que sería normal que alguna ardilla u otro animal anduviera por allí. Intentaba de convencerse de eso, cuando otro crujido se repitió, similar a una pisada, y luego un golpe. Eso había sido muy cerca en donde se encontraba.
¡Santísimo, ese sería su fin!
Se levantó de un salto y tomó su maleta y bolso entre sus manos como única arma de defensa. Al menos los libros le dolerían si se los lanzaba a alguien.
Escuchó otro crujido una vez más, y actuando como una completa tonta, dio un paso hacia el costado de la casa, dispuesta mandar al infierno quien sea que estuviese allí.
No esperaba encontrase con una silueta enfrente, ni que alguien chocara contra ella en medio de un segundo. Lanzó un grito despavorido, comenzando a dar golpes a diestro y siniestro. La otra persona empezó a gritar al mismo tiempo, intentando protegerse.
—¡Wow, wow, wow, espera, espera! ¡Hey, hey!
Sostuvo su bolso para que dejara de golpearlo, soltando quejidos de dolor.—¿Qué demonios tienes ahí?
Se quedó quieta, con el corazón golpeando con fuerza su pecho. —Libros. — Se encoje de hombros restándole importancia —¿Qué haces ahí?
—Solo intentaba irme a mi casa.
—¿Estás bromeando o qué? ¡Las casas tienen una puerta al frente, genio! ¡Casi me matas del susto!
Él se rasca la nuca — Eso... eso es un buen punto, en realidad. ¡Pero tú me has matado del susto a mí primero!
—¡Pues lo siento por creer que eras un asesino en serie!
—¡¿Cómo puedes...?! Okey, ¿Qué te parece tomar esto con calma y parar de gritar?
Puso los ojos en blanco, se dio media vuelta y volvió hacia al porche de la casa. —Está bien, lo siento. Pero sigo algo intrigada en saber si realmente eres un asesino en serie o no.
Se acercó hacia ella, poniendo sus manos en su cintura — Pues la última vez que me fije, no lo era.
Lo inspeccionó de arriba por unos cuantos segundos, hasta que asintió cuando se dio cuenta que no lo era, lo que pudo notar es que tendrían casi la misma edad.
—¿Quién eres? — Preguntaron al unísono, haciendo que ambos entrecierran su vista en sus direcciones. — Tú primero.
—Soy el no asesino serial. Dereck. Pensé que sería bueno recalcar eso. Y vivo aquí al lado. — señaló una casa al costado de la suya e hizo un ademán con las manos. — Ahora tu turno.
—Soy Harley, vivo aquí. Acabo de llegar hoy, de hecho. — susurró lo último.
Enarcó una ceja y se le quedó observando unos segundos. — Oh, con razón había visto unos camiones de mudanza.
Las farolas de la calle que había estado apagadas hasta hace un momento se encendieron titilando algunas veces, pero por fin pudieron tener una visión clara a su entorno. Aunque no llegaron a verse bien los rostros.
Ella no supo que responder a eso, así que se limitó a sonreír.
—Por cierto, vi que tenías problemas para entrar a tu casa. ¿Necesitas ayuda?
—Sí, bueno... espera. ¿Estabas espiándome desde antes?
este le dió una sonrisa nerviosa—Sí, que diga no, bueno sí, ¡Pero no es lo que tú crees!
Alzó una ceja divertida. —¿Y qué es lo que creo?
—Que te acosaba. — soltó un suspiro.
—¿Acaso no lo hacías?
—Solo observaba.
—Ya.
—¡De verdad!
—Vale, te creo.
—Gracias, y volviendo a lo de antes. Si quieres puedo ayudarte.
—¿Cómo?
—Tengo mis trucos. — después de unos cuantos segundos la puerta fue abierta mostrando el interior de la casa — Listo.
—Vaya. . . , parece que después de todo podrías ser un asesino serial. — murmuro a lo que el chico trato de mantener el ceño fruncido, pero ya se le había escapado una sonrisa. — Gracias por la ayuda.
—No hay de que. Cuídate. Nos vemos en algún momento supongo.
—Fue lindo conocerte. — soltó la chica con una sonrisa, agarrando sus cosas.
—Lo mismo digo. Cualquier cosa sabes que estoy al costado.
—Adiós, Dereck.
—Hasta pronto, Harley.
y sin más la chica entró a lo que sería su nuevo hogar, pensando en su primer encuentro con alguien del pueblo, o quizá, solo quizá, pensando en los profundos ojos azules de Dereck.