Dereck salió del cuarto de lavado y negó con su cabeza y una sonrisa divertida, al oír el sonido de la alarma de su melliza, que seguia sin despertar. —Buenos días, Der, cariño, ¿Puedes ir a despertar aa tu hermana? — pidió su madre, que justo se dirigía a hacer lo mismo. —Buenos días— saludó— enseguida— respondió y apenas su madre dió la vuelta, y comenzó a subir las escaleras y doblar en el pasillo que llevaban a su habitación. Apenas abrió la puerta, los colores pasteles que dominaban la habitación de un lado y del otro lado todo en tonalidades cálidas, observó los estantes de su rubia hermana, no había una gran cantidad de libros a diferencia del suyo, solo unos cuantos y lo demás lo rellenó con unos juguetes de colección y una que otra foto familiar dónde aparecían más ellos dos.

