Sus pisadas hicieron que el ojiazul levantara la vista del libro que tenía en manos, sonrío y la miró con ternura. Se levantó de golpe y se acercó a ella para darle su mano y entrelazarlas. —¿Cómo te fue?— inquirió el hombre lobo, cuando estaban saliendo del hospital. —Mejor de lo que esperaba— confesó con simpleza— la verdad no esperaba ver a mi tía. Sus cejas se levantaron ante la sorpresa— ¿No está acaso prohibido? —¡Lo mismo le dije!— río— pero no es mi familiar de sangre, es mejor amiga de mamá. —Oh, vaya. —Oye, Der— lo llamó cuando ya estaban por entrar a la camioneta, él la miró después de abrirle la puerta del copiloto— ¿Me puedes acompañar a comprar libros? —Claro— sonrío dándose media vuelta para subirse— he estado pensando y sería buena idea que intercambiamos nuestros

