El profesor al ver que los chicos intercambiaban miradas, se acercó discretamente a ella diciéndole que podía ir al baño, le regaló una sonrisa y susurro un gracias, él simplemente asintió y felicitó a los chicos que habían resuelto el ejercicio.
Harley se levantó de su asiento y salió del aula, Thom se paró y fue por su amiga— después de disculparse con el señor Black— ante la atenta mirada de todos, Olivia no pasó desapercibido que su hermano observaba todo con una mueca.
—¿Qué pasa, Ley?
Ella alzó la mirada— No pued-do respirar.
—Tranquila, cuenta conmigo ¿si?— asintió— 1 . . . 2 . . . 3 . . . 4 . . . 5 . . . 6 . . . 7 . . . 8 . . . 9 . . . 10.
Su respiración se volvió más pausada, aunque su pecho seguía subiendo y bajando frenéticamente.
—¿Estás mejor?
Ella volvió a mover la cabeza afirmando— ¿Puedo decirte algo raro?
—Claro.
—¿Pero no pienses que estoy loca, si?
—De acuerdo— respondió confundido.
—Escucho gritos todo el tiempo, y están en mi cabeza— confesó caminando en círculos y haciendo movimientos con las manos— solo yo puedo escucharlos y siempre son de ayuda, no sé que hacer ¡no se que hacer!
Ley, no estaba segura de decírselo a alguien, pero realmente se sentía segura y que no le estaría juzgando y llamándola loca, aunque eso realmente sonaba descabellado.
Él la detuvo suavemente— Calma, ¿Desde cuándo ocurre lo de las voces?
—Desde que llegué a este pueblo, al principio pensé que era producto del cansancio, pero después los escuchaba constantemente— soltó una risa nerviosa— creo... creo que me estoy volviendo loca.
—Hey, no estás loca, yo te creo.
—¿De verdad?
Asintió— Te ayudaré a saber que es lo que pasa.
—Gracias.
El timbre volvió a sonar, anunciando que la clase había terminado, la puerta fue abierta abruptamente y por ella apareció Alei y Olivia, las dos realmente se veían preocupadas.
Ella les dijo que se encontraba bien y que solo era por el cansancio, pues no iba a decirles que escuchaba voces, o bueno, no ahora, primero quería saber que es lo que pasaba realmente.
Olivia se disculpó con ellos diciéndoles que tenía que ir con su hermano— quién se encontraba preocupado por la salud por la chica— ella le dijo que no se preocupara, a lo que la rubia le dió una sonrisa apenada insistiendo que el día de mañana la llevaría a la mejor heladería a lo que aceptó y volviendo a repetir que no era necesario.
—Ley— llamó, fijo su vista en Alei— escuché lo que le decías a Thom— la miró nerviosa— no quería hacerlo, salí antes para saber cómo estabas y lo escuché, pero si te sirve de algo, también te creo.
Ella la miró agradecida.
—Tambien te ayudaré a saber que es lo que pasa y sé que tiene que ver con el misterio que nos oculta este pueblo o mejor dicho el bosque.
—¿Sigue en plan lo de la tarde?— preguntó el chico a lo que ellos compartieron una mirada.
—Entonces, está noche sabremos lo que realmente pasa o por lo menos lo intentaremos.
[...]
El sol ya se había escondido anunciando que en unos minutos estaría anocheciendo, los amigos seguían en el auto con sus mochilas— dónde tenían un cambio de ropa y comida— Thom, estaba realmente preocupado, la noche y él no se llevaban muy bien.
—Realmente lo haremos— aseguró, aunque parecía más una pregunta que una respuesta.
—Eso parece— habló Alei, aunque había sido su idea, también estaba asustada.
—Solo por curiosidad, ¿qué creen que este pueblo oculte?— les preguntó Harley— ¿algo como cultos satánicos? ¿asesinos en serie sueltos? ¡Oh, santísimo! ¿No habían encontrado dos cuerpos cerca al lago?
Los chicos abrieron los ojos.
Se había olvidado de ese pequeño, pero no tan pequeño, detalle.
—¿Cómo es que lo olvidamos?— preguntó Thom.
Ley se encogió de hombros— No lo sé, eso ya no importa ahora, ya estamos aquí, no nos pasará nada malo ¿verdad?
—Eso espero— murmuró la otra chica— y respondiendo a tu pregunta, realmente no sé que es lo que buscamos.
—¿Qué haremos si el asesino o los asesinos están sueltos?— indagó el chico— o peor aún ¿qué hacemos si nos están vigilando ahora mismo?
—Obviamente moriremos, tonto. Lo único que podemos hacer es morir con dignidad.
Thom bufó y miró mal a a la pelinegra— Tus palabras me motivan— mofó, mientras se adentraban al bosque.
Harley abrió la mochila y sacó las tres linternas entregándoles a sus acompañantes, ya iban caminando alrededor de unos diez minutos, Alei paró recuperando el aire, estaba pensando en ponerle más empeño a la clase de educación física.
—Es reconfortante saber que nos dirigimos a la laguna— dijo el chico con sarcasmo— donde por cierto, encontraron a dos jóvenes ¡Muertos!
—Si no quieres venir, puedes irte— habló la pelinegra.
—¿Y estar caminando diez minutos solo en este bosque?— negó frenéticamente— no, gracias.
Mientras que ellos comenzaban a tener una nueva pelea, Harley oyó susurros por varias partes del bosque, retrocedió cuando estos cada vez se hacían más fuertes diciéndole que corra, que corriera lo más rápido que pudiese.
—¡Agáchense!— susurró Ley, agarrando de los brazos a sus amigos y tumbándolos a su lado.
Cuando los chicos iban a protestar, vieron como una clase de arma fue disparada y incrustada en la parte del árbol— dónde segundos antes ellos se encontraban— los tres amigos palidicieron, querían gritar, pero la castaña llevo su dedo hacia su boca indicándoles que guarden silencio.
Después de unos eternos segundos, pisadas se oyeron a lo lejos, indicando que se había retirado. Los chicos, que aún se encontraban en el piso, parecía que en cualquier momento entrarían en un ataque de pánico.
—¿Qué demonios acaba de ocurrir?— pudo articular el chico.
—¡No lo sé!— exclamó Harley, parándose— yo solo hice lo que ellos me dijeron.
Sus amigos se mostraban confundidos, hasta que Thom captó lo que dijo.
—¿Ellos?— preguntó la pelinegra.
—Las voces— afirmó el chico.
La castaña asintió— Sí, pero antes me decían que corriera.
—¿Que corrieras? ¿Por qué?
—No lo sé— habló Thom mirando mal a Alei— quizá porque casi nos disparan, ¡Eso podría ser!
Ella hizo una mueca de disgusto, realmente su amigo estaba muy alterado.
—¿Podrías calmarte?
—¡Estoy calmado!
—No, no lo estás.
—Lo estoy.
—¡Si estuvieras calmado, no estarías gritando!
—¡La que está gritando eres tú, loca!
—¿Me acabas de llamar loca, estúpido?
—¿Me acabas de decir estúpido, estúpida?
Ellos iniciaron una nueva discusión, mientras que Ley tenía la mente en otro lado, tratando de descifrar que es lo que decían las voces para ser exactos.
Sin darse cuenta ya se había alejado demasiado, y aquellos chicos seguían absortos en su estúpida pelea.
—¿Chicos? ¡Vengan, vamos!— exclamó, corriendo hacia la dirección donde los susurros se hacían más fuertes.
Thom y Alei no se percataron de la llamada de su amiga, después de unos minutos—cuando paró su pelea— se encontraban llamándola, pero simplemente no había rastro de ella.
¿Le habría pasado algo?
Un fuerte ruido que retumba por todo el bosque asusta a los tres chicos, Harley definitivamente piensa que fue una mala idea separarse. Thom, agarra del brazo a Alei, corriendo con ella— al ver que su amiga no se movía—, la castaña apagó su linterna intentando camuflarce entre la oscuridad.
Las luces del pueblo se cuelan entre los árboles, Harley decide que es buena opción ir hacia ellas pero primero necesita encontrar a sus amigos.
Otro ruido vuelve a retumbar, sin duda no era un asesino ¿no?, Quizá no era un maníaco asesino normal, o eso es lo que creía creer.
Para de correr cuando comienza a sentirse cansada, mientras trata de recuperar el aire, piensa en una forma de ganar tiempo.
Grita.
No, definitivamente, no lo haría, estaba a varios metros del pueblo, nadie la escucharía, pero por más que se negara hacerlo, los susurros se lo pedían.
Tropieza con algo y entonces cae al suelo, gira el rostro, por lo que su oído derecho recibe el impacto contra el suelo, emitiendo un fuerte pitido que aunque se relaja rápidamente, no se detiene.
Mira en todas direcciones asustada.¿Dónde diablos se habían metido sus amigos?, justo ahora no era buen momento para recriminarse haberse ido sin hablar más fuerte, intentar correr sería en vano, mientras lo hacía escuchaba pasos literalmente detrás de ella, no estaría a menos de dos metros.
Está escondido.
—Seguramente está esperando a que salga y cortarme el cuerpo en mil pedazos, para luego hacer un platillo conmigo— susurró para ella misma— ¡No quiero morir!
No de esa manera, a mitad del bosque, acabando como un caso sin resolver, se sumaría al caso de los otros dos asesinatos.
Ella solo fue al bosque para que puedan descubrir la verdad, pero como no se los ocurrió que el asesino o los asesinos podrían estar en la escena del crimen.
Cuando se levanta, dos figuras se plantan delante de ella.
¿Lo curioso?
No se les veía el cuerpo, eran una clase de sombra y niebla.
Todo eso parecía una estúpida broma, pero ella en el fondo sabía que no era así, que por más loco que se viera todo era real.
El brillo de la luna, logra colocarse lo suficiente entre las ramas de los árboles, iluminando toda la escena.
Un fuerte ruido proviene de uno de ellos, cerró los ojos por inercia, sin intenciones de ver cómo acabaría. Un rugido—como el de la mañana— sonó haciendo que se tapara los oídos con fuerza y cayera de rodillas, ya con los ojos abiertos.
Los mismos ojos azules destellaban en la oscuridad, una inevitable sonrisa aparecío en el rostro de la castaña, por alguna extraña razón, ella sabía que esos ojos le transmitían confianza y calma.
Solo esperaba no equivocarse.
Thom y Alei gritaban el nombre de su amiga lo más fuerte que podían, imagines de los peores escenarios aparecieron en la mente de la última.
—¿Si le pasó algo?— preguntó en un inaudible susurro— ¡Oh por Dios! ¡He hecho que maten a mi amiga!— se lamentó entre sollozos.
Thom le sobó la espalda a la pelinegra— Calma, calma. Ley está bien.
Ella alzó el rostro y sorbió su nariz—¿Cómo lo sabes?
—Solo lo sé, además es Ley, nada le pasará, ¿si?
—¿Lo prometes?
No puedes prometer algo que no se puede cumplir, sonó por su cabeza la palabras de su madre, pero él sabía que ella estaba bien y que nada le pasaría.
—Lo prometo.
Alei asintió y le regaló una pequeña sonrisa a su amigo, sacaron las otras linternas de la mochila— ya que se estaban acabando las baterías— a paso apresurado comenzaron a recorrer por el bosque llamando a la castaña.
—La policía— susurró Alei—. El pueblo no está lejos, ¿no?
Thom miro las luces y asintió.
La chica se acercó más a su amigo— Escucha, yo iré por la policía, o por lo menos por mi tío, podrán ayudarnos, mientras tanto, tú sigue buscando a Ley.
—¿Pero qué es lo que le dirás? ¿Que nos adentramos al bosque porque cosas raras pasaban aquí? ¿O que posiblemente un asesino o asesinos estén persiguiendo a Ley?
—¡No lo sé! ¿Tranquilo, si?, estará todo bien.
Y sin más se fue dejando a su amigo en medio del bosque, lo peor que le podría pasar es que el asesino lo encontrará primero a él, antes de Thom encontrará a su amiga y se fueran del bosque.
Negó ante aquel pensamiento, nunca más haría caso a las locas ideas de su amiga para saber qué es lo que pasaba.
Pero por más que dijera eso lo seguiría haciendo, en cierta parte odiaba el peligro, pero amaba estar entre él, amaba jugar con fuego, pero no le gustaba quemarse y no lo haría si él era el fuego, tantos secretos que ocultaba ese pueblo, hacían que su curiosidad creciera cada vez más, y se prometió a descubrirlo junto a sus amigas y lo haría, solo debían tener cuidado.
El chico siguió caminando preocupado buscando a su amiga, maldigo cuando la linterna se estaba acabando entre poco a poco, gritaba el nombre de la chica de cabellos castaños, pero parecía que jamás la encontraría, se sentía culpable si tan solo no hubiera peleado con su amiga pelinegra, no estarían en esa situación.
Mientras tanto en unos cuantos metros más del bosque, una pelea pasaba, gracias a los pequeños trozos de la iluminación, Harley solo podía distinguir partes, un rugido hace que aquellas sombras desaparezcan bajo la luz de la luna y que la chica de cabellos castaños se sobresalte.
Los ojos azules encuentran los ojos de Ley, y poco a poco se va acercando a ella, a lo que retrocede un poco, no tenía que tener miedo, después de todo la había salvado, pero aún seguía muy asustada.
Mueve el cuello y unos crujidos suenan, y aquel animal se transformó en una persona.
—¡Oh, mierda!— habló una tercera voz, la chica volteo encontrándose a Thom anonadado— ¿Me volví loco?
—No lo creo, yo también acabo de ver eso.
Thom, aún perplejo por lo que vio se acercó a su amiga y la inspeccionó de pies a cabeza, cuando vio que estaba bien la abrazó, al separarse se sorprendieron al ver de que persona se trataba.
—¿Dereck?— hablaron al unísono.
Él soltó una risita— ¿Qué hay chicos?
La chica tenía Miles de preguntas pero en ese instante se acercó al chico y lo envolvió entre sus brazos, aquel acto dejó sorprendido a Dereck, mientras que Thom observaba todo con una sonrisa, su pequeña amiga estaba creciendo.
—¿Cómo supiste que estaría aquí?— preguntó, temblando entre sus brazos.
—Eso es lo de menos ahora. Lo importante es que estás bien— contestó acariciando su cabello.
—Gracias— habló Thom a lo que el chico levantó la vista y lo miró para luego asentir— no sé qué diablos pasó pero gracias.
—Es confuso, lo sé, pero se los contaremos.
Ambos amigos se miraron sin comprender—¿Contaremos?
— Sí, por casualidad ¿Tienen su celular con ustedes? — asintieron — Bien, marca a una ambulancia.
Fruncieron el ceño confundidos. Y seguido de eso, Dereck se desmorona cayendo al suelo, dónde descubren que tiene una gran herida, pareciera un arañazo y uno muy profundo.