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705 Words
El sonido de una campana que marca el final de una clase me trae de regreso a la realidad, ese en el que tú vida no es como un cuento de hadas en el que te encuentras encerrada en lo más alto de una torre esperando pacientemente a que aparezca tu príncipe azul, rubio, ojos azules y un cuerpo de dios griego, montando un corcel blanco pura sangre, con su reluciente armadura y su larga espada desenvainada... Lo único que pasaba por mi cabeza es que la clase de álgebra había terminado y yo estaba perdida en mis pensamientos, solo pude escuchar antes de que todo mundo saliera fue decir al profesor que tendríamos exámen en la semana. Tomé mis cosas y salí detrás de Marcus, uno de mis mejores amigos, lo tome del brazo y caminamos en silencio hasta la cafetería, el lugar estaba inundado de aromas así que era casi indescifrable decir a qué olía ese lugar. Llegamos a uno de los jardines traseros de la escuela y nos dejamos caer en el césped, Marcus fue el primero en hablar. -Estuviste ausente en toda la hora de álgebra, ¿En qué pensabas? -dijo con un tono inusual de seriedad. -Pensaba que necesito un tutor para álgebra, y tú eres muy bueno en ello. Que opinas ¿me ayudas? -El rio con sarcasmo ante mi pregunta y respondió. -Sólo tú puedes estar en clase, ignorarla y buscar ayuda porque no entendiste nada, eres un caso perdido. - ¿Ya dije que te pagaré? - Por otro lado, como nuestro buen matemático griego dijo en una ocasión: solo dame un punto de apoyo y moveré el mundo. -Dijo un poco más animado. Conocía lo suficiente a Marcus para saber que algo le molestaba, sin embargo no quise preguntar, así pues pasaron unos minutos y el silencio se hacía más incómodo. Quise romper el hielo diciendo alguna tontería pero antes de que pudiera decir algo, Marcus se levantó y se disculpó diciendo que me vería más tarde. No respondí, me quedé sentada viendo como su espalda se alejaba por el jardín y entraba de nuevo por donde salimos. Cuando ya no pude ver lo saqué de mi mochila unas galletas integrales de arándanos con yogurth, me encanta el aroma dulzón que estas desprenden al abrir el empaque.. Mire la hora en mi celular, tan sólo habían transcurrido 12 minutos aún faltaban 18 minutos para regresar a clases, ¿que haria con tanto tiempo? Comía mis galletas mirando a mi alrededor, todos estaban acompañados, algunos jugaban básquet, había unas cuantas porristas sentadas en las gradas maquillándose (mirando a los jugadores, claro, todo un cliché), otros tocaban la guitarra, incluso había un grupo de chicas leyendo y yo sólo observaba todo a mi alrededor sin ningún pensamiento. Escuché que alguien me llamaba, reconocí su voz, era Catherine, llevamos un par de clases juntas, no eramos precisamente amigas, a pesar de que mi madre y la suya eran mejores amigas, nosotras solo compartíamos clases y un ex novio... -Hola Saskia, que haces tan excluida de la civilización, ¿acaso no somos lo suficiente para ti como para que te involucres en algunas de nuestras actividades mundanas? -dijo bromeando Catherine con una sonrisa en sus labios de silicona. -ja ja ja, muy graciosa, ¿puedo ayudar te en algo?,-dije con sarcasmo y evidente molestia en mi voz. -¿Has visto a Marcus? no lo eh visto desde mi fiesta de cumpleaños. -Oh si, por supuesto, desde que te acostaste con él. Creo que te evita.-dije lo más tranquila que pude, pero era obvio que me molestaba. Por la forma en que me miro fue claro que mi respuesta le sorprendió, yo solo le sonreí ladeando un poco la cabeza. Ella parecía que quería decir algo pero al igual que Marcus, dio media vuelta y se fue. Yo me quede donde estaba, sentada, pensando por que le había dicho eso a Catherine, osea es una perra maldita sin corazón (o si lo tiene quizás también es de silicón) que no tiene compasión de nadie y mereciera que le hiciera saber que sabia su pequeño secreto de fin de semana, pero Marcus no lo merecía, deje que mis emociones me controlaran.
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