Edgar Puedes mentir y engañar a los demás, pero hacerlo a ti mismo es como mirar a la lluvia y decir creerte que son rayos de sol los que caen cuando sabes muy bien que es lluvia fría que refresca el clima de tu alrededor. ¿La estaba provocando? Sí, claro que lo hacía. ¿Me quemaba al hacerlo? Totalmente. Pero ¿me gustaba? Mucho. ¿Iba a caer en mi propia trampa? Lo dudo, pero no lo descarto. —¿Dónde vamos, Edgar? Zoe parece tensarse por no saber a dónde nos dirigíamos. —Es una sorpresa para Alexander, no sigas, lo verás cuando estemos ahí. Molesta, guardó ella silencio y no volvió a decir nada más durante todo el trayecto. Había un lugar muy querido para mí, uno de los mejores sitios que pude encontrar para sentirme satisfecho de que lo que hacía era por algo bueno, un luga

