Zoe Me cuesta decir lo que siento, me arde el alma al ver cómo quiero expresarme y sacar todo lo que tengo dentro, pero cuando estoy frente a él todo cambia, yo dejo de ser la misma por miedo a perder mi propio control. Una semana desde que he vuelto a vivir con Edgar en su casa, siete días desde que lo he visto ser padre y amando con locura a Alex, es como si su maldad desapareciera y se convirtiera en alguien distinto, en el Edgar que era conmigo antes de decidir que todo se acabara. —¿Podemos hablar? — pregunté al tocar la puerta de su despacho, Alex estaba con Ana en el comedor. Su ceño se frunce y después pasa su lengua por sus labios y eso sacude mi interior, lleva provocándome estos últimos días y mis bragas siempre acaban mojándose. —Pasa. Me sujeta la mirada y descansa su

