Mientras cenaban los ojos de Eirian miraban con curiosidad al chico frente a él, Orión comía distraídamente sin darse cuenta de aquello. Su mente estaba más ocupada en pensar en que se llevaría a la casa del billonario y además que le diría a sus abuelos. —¿Está rica la cena?— le preguntó Eirian. —Muy buena— le dijo Orión—. No sé si podré cocinarte como Kendall, se nota que ese tipo lo moldearon para la perfección. El rubio hizo un pequeño mohín. —Él no es perfecto— dijo Eirian algo molesto. Orión lo quedó mirando. —Bien dios griego, nadie debe ser más perfecto que tú— le dijo con sarcasmo el castaño. Terminó de comer mientras Eirian lo miraba con cierta gracia. —Le diré a Kendall que te vaya a dejar— le dijo el rubio. —Abusas bastante del pobre, ya debe estar durmiendo— dijo Orión

