Capítulo 17

4650 Words
– Aida… quédate detrás de mí, no dejare que te hagan nada– dice el joven – Roberto, este es nuestro fin– dice Aida llorando, en ello las hordas caen al instante y frente a estos aparece Taylor con su espada. – ¿Crees poder con ellos? No me hagas reír, no desperdicies tu vida y vete de inmediato– Los jóvenes miraron a Taylor sorprendidos y aliviados – Eres el joven del cementerio– dice Roberto – Ya lárguense– – Roberto… ese, estoy seguro que es Taylor. ¡Taylor! –  le grita Aida – …– Taylor guardo un momento de silencio, en eso mira directamente a los dos, sus ojos se habían tornado rojos como la sangre, pero aun con la mirada seria de un humano – Es un agrado verlos, pero ya habrá otra oportunidad de conversar, ahora váyanse. Los dos jóvenes quedaron impactados por la apariencia de Taylor y sólo atendieron a sus palabras, yéndose a un lugar seguro. Taylor continuo su combate contra las hordas, una batalla sin piedad por ambos bandos, sin embargo, Taylor tenía todo de su lado, aquellas duras experiencias que tuvo en su viaje, aquellas enseñanzas por parte de sus amigos y enemigos lo habían fortalecido bastante. Al acabar con todos, algo herido mas no imposibilitado se dispone a ir tras Dey, Taylor corrió lo más rápido que sus piernas le daban, de pronto, en medio del bosque, Taylor se detiene y queda asombrado por aquella m*****e que sus ojos veían, no era la primera vez que Taylor admiraba esa forma de matar , Taylor continuo caminando, viendo aquel camino lleno de c*******s, cuerpos totalmente mutilados, en eso, a lo lejos, unos sonidos familiares se escuchaban , eran golpes metalitos de las espadas, Dey estaba cerca. Taylor retoma su carrera, pero su camino se ve bloqueado por unas extrañas plantas, Taylor tardo en quitarlas, ni siquiera el filo de Veigrut era suficiente, trato de quemarlas, pero era inútil, las plantas absorbían el fuego, aun así, no se detuvo, estaba muy cerca, cada centímetro que avanzaba, el sonido se escuchaba más fuerte. Al otro lado de la trampa floral, Dey combatía contra el general, una batalla como ninguna, sus velocidades eran grandiosas, sus golpes parecían normales a simple vista, sin embargo, el terreno mostraba sus heridas producidas por el choque de fuerzas, ambos atacaban con una velocidad semejante a la del Capitán Brow, ninguno cedía ante el otro, cada uno contrarrestaba las oportunidades y técnicas del oponente, una batalla demasiada pareja. Después de un arduo esfuerzo, Taylor logra pasar a través de la trampa floral. Taylor se acercó al lugar de donde provenían los golpes, y ahí estaban, combatiendo de una forma sin igual, una que ni Taylor creyó ver algún día. Ambos guerreros mantenían la contienda, en eso Taylor se entromete para ayudar a Dey, sin embargo, es detenido por este. – ¿Qué crees que haces metiéndote de esa forma? –  dice Dey muy serio – ¡Trato de ayudar! – ¡Sólo me estorbas! –  Dey agarra a Taylor de su ropa y lo arroja lejos para que no interfiriera – Tu eres el mocoso que nos ha causado bastantes problemas, parece que es un mal de familia ¿No cree maestro? – Tienes toda la razón mi querido estudiante– – Terminemos esto de una vez por todas Dey se abalanza contra Dingo y este a su vez contra Dey, el choque de espadas era exuberante, la fuerza se expandía por todo su alrededor, el cuerpo de Taylor temblaba ante el increíble despliegue de poder. La batalla estaba pareja, ninguno uso sus habilidades, era un solo un duelo de espadas donde el más hábil ganaría. La batalla se estaba extendiendo demasiado, en eso Dey cambia su estrategia y engaña a Dingo, sin embargo, este se anticipa y atraviesa su espada en el estómago de Dey… – Tú mismo lo dijiste Deyvialius, una técnica no sirve dos veces con el mismo oponente– dice Dingo quien penetraba cada vez más con su espada – ¿Y crees que me preocupa? –  responde Dey con una extraña sonrisa de satisfacción, Dingo cambio totalmente su expresión, sintió una extraña rabia. – ¿Así es como terminara todo?... ¡Responde! –  dice penetrando aún más su espada, Dey escupe sangre, a pesar de su intensa agonía, mantenía aquella expresión de satisfacción. – No has cambiado nada, aun con esa fachada que tienes sigues siendo el mismo niño que recogí, por eso eres el que más me enorgullece y eres el único al que le puedo permitir matarme. – Maldito, lo tenías planeado desde el comienzo– Dingo saca su espada sutilmente mientras sostenía el cuerpo de su Maestro. – Cuida de él…– Dey cerro sus ojos para dejar salir su último aliento. Dingo cerró sus ojos mostrando un poco de disgusto por lo acontecido. Taylor no podía creer lo que sus ojos le mostraban, sus lágrimas caían de a cantaros, y su corazón se llenaba aún más de odio, se levanta enfurecido y sostiene a Veigrut con fuerza dejando que su aura oscura se manifestará, a lo que Dingo reaccionó, no era normal ver tal poder descontrolado. – Tu… TU...– Taylor fija su mirada de odio hacia Dingo, paralizándolo por un instante, pero su experiencia lo mantenía firme – ¡TE MATARÉ! –  le grita dejando salir toda su cólera. Dingo deja sutilmente el cuerpo de su maestro en el suelo y da cara a la bestia llena de odio. Taylor comienza a a****r Dingo, pero era inútil, cada golpe que daba era fácilmente esquivado por su oponente, Taylor no dejaba de insistir, sin embargo, el general comenzaba a aburrirse, por lo que dejó de esquivar y comenzó a recibir cada golpe, sin embargo, no surtían efecto, a pesar que Taylor usaba todo su poder e ira, el general no sentía nada, su poderosa armadura no dejaba penetrar los golpes, aun así, Taylor no paraba. Dingo mostro una cara de lastima. – Es suficiente– le dice Dingo agarrando a Taylor del cuello. – ¡Te mataré! –  Taylor no dejaba de luchar, en ello Dingo lo arroja al suelo con gran fuerza dañando a Taylor, pero este se levanta guiado por la ira. Dingo se acercó antes de que Taylor pudiese hacer algo y da un fuerte rodillazo en el estómago quitándole el aliento, de inmediato le agarra del pelo y lo levanta para darle un puñetazo en el rostro enviándolo contra el suelo nuevamente, Taylor vomita por el intenso golpe, con su cuerpo tambaleando se vuelve a levantar, pero sus piernas apenas respondían, aun así quería continuar. – Ya es suficiente ¿O realmente quieres morir? –  le dice al darle una fuerte bofetada devolviéndolo otra vez al suelo. – No descansare hasta verte muerto– los ojos de Taylor los cuales eran los de una bestia le dieron a entender a Dingo que no pararía hasta que uno de los dos muriera, sin embargo, no era momento para acabar con él. – Espero que algún día lo entiendas niño– dice el general muy serio, en ello lo agarra y le da un solo puñetazo en el estómago quitándole el aliento y desmayándolo. – Llévenselo y espósenlo con grilletes de oricalco. – Tu…– Taylor cayó ante su oponente quedando a merced de la legión. – Traigan a los chacales infernales y que devoren todos los c*******s, y dejen a la gente del pueblo en paz. Ya se ha derramado demasiada sangre por hoy. Los demás retírense al campamento, los alcanzare en pronto. Los soldados toman el maltratado cuerpo de Taylor y se lo llevan, ese era el fin de la batalla, los Lagartos han caído bajo la mano de la legión de Desorden, el fin del viaje terminaba en una tragedia… Epilogo primera parte” a batalla había terminado, Deyvialius había caído y Taylor no pudo contra sus enemigos siendo llevado como un prisionero. Dingo permaneció un momento junto al cuerpo de Dey esperando que todos se fuesen. Ya solos, comenzó a cavar una tumba, en ello se ve interrumpido por el sonido de unos tenues pasos, las ramas secas crujían al ser pisadas y las hojas se molían por el paso lento y marcado de este individuo cubierto por una capucha obscura que tapaba todo su cuerpo y rostro. Con una calma singular, este individuo toma asiento en un tronco viejo pero estable, pendiente en todo momento de Dey, ignorando a Dingo quien le miraba fijo; sutilmente levanta su rostro y se lo descubre, un joven de pelo corto totalmente n***o con un mechón blanco en la frente, y unos ojos profundos y vacíos de un n***o que se perdía en la nada misma, aquel hombre era Drako. Con una tranquilidad única de él, coge una pequeña caja metálica dentro de su abrigo de la cual saca un cigarro y lo enciende con el fuego que salía desde su dedo pulgar. Después de una bocanada fija su mirada al cielo. – Esta es una escena única ¿No crees Dingo? –  Comenta Drako sin dejar de mirar el cielo. – ¿Qué haces acá? –  Dingo le dio la espalda y continúo excavando el agujero. – Tu entre todos eres el menos bienvenido, así que mejor esfúmate– – Vengo a dejar mis respetos ante este gran ser, pero aún me cuesta creer que te hayas dejado derrotar– Dice Drako como si hablase con Dey – Siempre pensé que tu orgullo era mayor– no dejaba de mirar al cielo con el cigarro en la boca como si algo buscase en aquel cielo cubierto por las hojas de los árboles. – Para ser un ser sagrado, no eres capaz de sentir compasión por los caídos contesta Dey con voz baja, Dingo al escucharlo deja caer la pala y voltea a verlo, pero este aún seguía tendido en el suelo – ¿¡Cómo es que aun vives!?– Dingo tenía su mano sobre su pesada listo para atacarle, pero no sentía nada provenir desde Dey. – Prácticamente estoy muerto, por culpa de su presencia es que mi alma puede usar momentáneamente mi cuerpo. – Ya veo– Dingo se relaja y continúa cavando el agujero. – Volviendo tu atención a mi Dey ¿Por qué has dejado que tu alma sea arrebata de este mundo? –  pregunta Drako – Ni cuando fui un mendigo ni ahora en mi lecho de muerte sabrás que es lo que tramo. ¿No te basto con el haberme arrebatado la reliquia? – Se nota que aún no eres capaz de perdonarme, además dicho artefacto era demasiado peligroso para que lo tuviera un mortal como tú. Sabes, siempre vi un futuro en el que vivías hasta el fin de tus días. – ¿A caso este no lo es? He vivido incontables vidas para volver a morir otra, ya estoy satisfecho con los resultados obtenidos– Dey deja salir una leve sonrisa la cual provoco que tanto Dingo y Drako le prestaran atención. – ¿Morir otra vez? ¿De qué hablas? –  pregunta Drako muy curioso – ¿Qué hacía aquel medallón? – Han sido alrededor de seiscientos años largos años… quizás un poco más, no lo recuerdo, pero fueron más de los que imagine – – Eso es imposible– Drako deja caer su cigarro y se acerca a Dey – Tú apenas deberías tener doscientos sesenta y tres años ¿En qué demonios te has involucrado? ¡Dímelo Deyvialius! –  Drako había alzado la voz, pero antes de que se diera cuenta la espada de Dingo estaba sobre su cuello para calmarle, pues este ya tenía su mano sobre una daga que llevaba bajo la manga de su abrigo. – Déjalo Hans, él no puede hacerme nada, ya estoy muerto. En todo este tiempo, he estado trabajando en algo que va más allá de tu control, a estas alturas ya no hay nada que perder y la última pieza ya ha sido puesta en el tablero, sólo resta ver el resultado– Dey comienza a reír con mayor desdén. – ¿De quién hablas? ¿Y qué hay de Taylor? –  pregunta Drako, cada vez estaba más intrigado con los planes de Dey. – Él sabrá cómo arreglárselas, después de todo es un Lagarto del Desconcierto. Para ser un ser omnipresente eres bastante limitado. – No sabes con que estás jugando Dey, te aseguro que a donde tu alma vaya, lo sufrirás por todos los pecados que has cometido– – Sólo déjame descansar ¿Quieres?, llegas a ser molesto a veces, así que déjame ir al infierno de una vez por todas– – La tumba esta lista Deyvialius– interrumpe Dingo enterrando la pala en el suelo. – Gracias Hans– – No me habías llamado así desde que era tu alumno– – Tu, Jayne y Arthur, todos han cumplido bien sus roles. Ahora antes de partir, solo prométeme una cosa– – ¿Qué sería eso? – – No dejaras que Kaón se haga con la vida de Taylor, si él ha de morir será por una fuerza mayor–   – No prometo nada, pero hare lo que pueda– responde Dingo quien tomaba el cuerpo de Dey y lo deposita dentro de la tumba. – Nos vemos en el otro mundo Drako– con aquellas palabras Deyvialius da su último aliento dejando este mundo para siempre. – Nos veremos– la expresión de Drako era inconforme, su única posibilidad de saber que ocurría había dejado este mundo y ahora debía lidiar con un problema mayor. Dingo cubre la tumba y sobre esta deja una roca con una pequeña inscripción “Que tu descanso sea eterno, Deyvialius Micordios” Después de unos meses en el mar, el barco de Ritherz arriba a las costas del continente de Achos, en el puerto de Ana, un lugar como ninguno donde las distintas razas y culturas convergían en unidad, algo que se había extinguido en Ata Bath. Alpone quien nunca había estado en dicho lugar estaba extasiado, no podía imaginar las múltiples cosas que podría experimentar en dicho lugar. – Alpone, se lo emocionado que estas, pero te recomiendo ir al cuartel– Ritherz le baja de las nubes para darle una importante información – El cuartel es aquel gran edificio, ve con esta carta y podrás viajar tranquilamente. – ¿Por qué debo hacer eso? –  pregunta Alpone – En Achos hay reglas, y controles muy rigurosos para poder p reservar la paz de sus habitantes, eres un extranjero y debes registrarte, con esa carta no tendrás problema. – Muchas gracias Ritherz– – Una última cosa, el mejor lugar para obtener información es en “Los Archivos del Imperio” y eso está en la capital Okram, en el centro del continente, será un viaje largo, pero gratificante. – Has hecho bastante, bueno creo que es momento de moverme… espero encontrarme con todos ustedes algún día. – Igualmente– dice Amy quien se había mantenido algo apartada – Amy– le llama Alpone – Por favor, no dejes de cuidar de Taylor, es un testarudo, pero es un buen amigo. – Lo sé mejor que tu– le responde con una sonrisa. El grupo se dispersó y Alpone se dirigió al cuartel para registrarse, no tardó mucho en llegar, el edificio era bastante grande. Al entrar fue dirigido a las dependencias del fiscal donde entrego la carta de Ritherz y a cambio le entregaron un pergamino el cual era un pase para poder viajar libremente por todo el continente, Alpone se sorprendió de la influencia que Ritherz poseía en este lugar y se sentía bastante agradecido. Su siguiente objetivo era la capital, para ello necesitaba abastecerse. Recorrió el mercado en busca de mapas y suministros, no le fue difícil obtener todo, aquel lugar era abundante en toda clase de productos. Según su mapa, y las indicaciones recibidas, su viaje a la capital duraría al menos unos dos meses a pie, pues no había caminos directos, todos bordeaban el continente, todo ello por el gran desierto que estaba justo frente al puerto, un desierto que representaba la muerte segura. Alpone pensó por un momento, – ir por el desierto significa riesgo, pero ahorro de tiempo un pensamiento despreocupado y decidió tomarlo. Después de unas horas de viaje llego a dichoso lugar, y como era de esperarse, el calor era abrazadora, sin embargo, Alpone miraba contento, pues esta no le afectaba en lo más mínimo, como había previsto, la bendición de fuego también era útil en lugares como ese. Cruzar el desierto significaba un viaje de una semana, pero su vasta planicie y dunas, sin señales ni marcas naturales hacía difícil mantener una dirección fija. En la medida que se adentraba más al infernal terreno, sentía que se perdía cada vez más, las historias que había oído en el lugar se tornaban ciertas, pero no se rendiría, no aún. Paso un día, el sol se elevaba desde todos los horizontes dándole a entender que algo más intentaba confundirle, fue cuando se encontró con un viajero todo desvalido a mitad de la nada, era extraño. Dudaba si era real o un mero espejismo, recordó lo que Taylor le había enseñado y miro fijamente a este viajero para darse cuenta del aura que este emanaba, alejándose al instante y desenvainando su espada. – No pensé que te dieras cuenta tan rápido– dice el viajero quien se levanta y comienza a flotar, desde los suelos se genera un remolino creando una pequeña tormenta de arena, de pronto esta se disipa en el centro quedando ambos en el ojo del remolino. Aquel viajero había cambiado su forma, con una gran túnica blanca, la cual ocultaba tanto su rostro como extremidades, sobre esta una armadura dorada y ligera, eran dos hombreras puntiagudas, y una pechera abierta. Su rostro oculto que solo dejaba ver una máscara blanca sin rostro, tan solo una costura que dividía la máscara por la mitad; al extender sus brazos se logra ver sus manos que estaba cubiertas por guanteletes dorados con dedos de garras. Sobre su armadura y en varias partes de su traje llevaba marcado un extraño símbolo que Alpone había visto anteriormente, pero no lograba recordar donde. – Eres un viajero audaz por intentar cruzar mis terrenos sin consentimiento del emperador ¿Por qué has hecho tal imprudente acto? – Esas son muchas preguntas, sabes. Sólo quiero llegar a la capital, necesito información de los archivos del imperio. – Pareces un guerrero más que un erudito ¿Es realmente tu propósito en este lugar? –  pregunta aquel sujeto apuntando a Alpone quien no parecía inmutarse. – Pues estas en lo correcto, mi nombre es Alpone de laCruz, un espadachín que aspira ser el mejor de todos los tiempos. Voy a la capital porque necesito saber sobre el legendario Espadachín Gigantico y que lo llevo a ir a Eucaria. – Fustas…– – Al parecer tú también sabes de él… ¡Exijo que me digas todo lo que sabes! – Si te apetece saber, demuéstrame que eres digno de tal información. Aquel ser extiende su mano y abre su puño, en el cual yacía un pequeño cubo plateado con grabados de serpientes el cual deja caer a la arena – Levántate “Emet”– dice y el pequeño cubo se abre en ocho partes, la arena comenzó a reunirse a su alrededor formando un golem de arena sólida el cual comienza a a****r a Alpone apenas este recibe el mandato de su creador. Alpone se dio cuenta que dicha bestia no significaba un desafío, era lenta y torpe, fuera de su poder destructivo, el cual no se comparaba al de un capitán de la legión, por lo que no tuvo problemas en hacerle frente, pero comprendió que subestimo a su oponente, el golem en si no era el problema, era del material que estaba hecho, pues se volvía a regenerar al instante, un oponente literalmente inmortal. Alpone retrocede y posa su mano sobre su espada imbuyéndola de energía la cual se torna roja, provocando que de la espada emerjan llamas, y ataca una de las piernas del golem, y como esperaba, esta se cristalizo, no pudiendo regenerarse. Sin espera comenzó a golpear en diversos puntos del cuerpo hasta que el golem no pudo moverse y cae en pedazos, pero quedando suspendida en el aire aquel extraño cubo plateado el cual se cierra, con paulatinos aplausos, su enemigo desciende para recuperar su cubo. – Me sorprende tu astucia y destreza por haber derrotado a mi Golem, mi nombre es Pharos, uno de los cinco Hordas Okrams y guardianes de Achos– Pharos hace una reverencia ante Alpone quien se puso al instante en guardia, pues su oponente no cualquier sujeto, era uno de los cinco más fuertes de Achos, un oponente al mismo nivel que un general de la legión. – ¿Por qué me atacas? –  pregunta Alpone – Por ninguna razón en particular, me causa curiosidad tu imprudencia de cruzar tan inhóspito lugar – No es que me preocupe, soy inmune al calor y el fuego– – Ya veo– en ello Pharos extiende su mano y el cubo vuelve a elevarse, pero al abrirse este cambia de forma a una pequeña cruz plateada la cual Pharos sostiene como si de una empuñadura se tratase – La verdad, nadie viene a este lugar y me siento algo aburrido, espero que dures, Alpone da un salto hacia atrás para tomar distancia, en ello Pharos agita la empuñadura y de esta se extiende un largo filo como látigo el cual logra alcanzarle, pero es desviado por un contra ataque, Alpone desconocía el alcance de efectivo de aquella arma, así que no le quedaba más que enfrentarle frente a frente. Después de un largo enfrentamiento, Alpone cae rendido al suelo muy lastimado a diferencia de su oponente quien se mantenía con apenas un corte en su atuendo. – Eres bastante débil aun, pero prometes mucho más. ¿Tu nombre joven aventurero? –  pregunta Pharos – Alpone de laCruz– Alpone yacía tirado en el suelo tratando de recuperarse – Aunque si le soy franco no pude usar toda mi fuerza, pues no estaba seguro si podría alcanzarte. Hombre, estoy agotado. – Toma– Pharos saca de su manga un elixir y se lo entrega a Alpone quien lo bebe, sintiendo que sus fuerzas retornaban de a poco. – Con tu poder actual eres capaz de mucho, pero aun este lejos de tu objetivo. Eres uno de los pocos humanos que me ha agradado en este mundo. Si realmente quieres convertirte en el mejor, deberás aprender de los mejores. – Para eso debo ser aceptado por algún maestro, pero no se quienes sean los adecuados. ¿Qué tal usted? – – Mi poder es la magia, entre las hordas soy el más débil en cuando a fuerza física, es gracias al “Cubo de Vacío” que soy fuerte, esta reliquia del pasado transforma mi poder mágico en fuerza, es un arma muy versátil que en manos como las mías puede hacer más que solo un golem o una Espada látigo. – Es como si fuera hecha para usted. Entonces si no es usted ¿Quién más puede ser? –  pregunta Alpone – Conozco a la persona indicada, pero deberás ganarte el derecho a ser entrenado, por mi parte ya le he informado de tu llegada– Pharos se acerca a Alpone y posa su mano sobre su hombro, para así aparecer al instante en la corte de la capital donde estaba el mismísimo emperador y líder de las hordas Okram, Erion Russaj, un hombre de treinta y cuatro años, de tez blanca, su cabello rojo y corto peinado hacia atrás; de ojos pardos con una mirada seria. Al igual que sus compañeros Okram, vestía un traje blanco con una armadura dorada que tenía grabada el emblema de las hordas. – ¿Este es el joven del que me hablaste Pharos?–  pregunta el emperador desde su trono – El mismo Erion, ahora el resto dependerá de ustedes– de igual forma como llego, Pharos se va dejando a Alpone a su suerte. – Responde honesta y precisamente a mis preguntas ¿Quién eres? ¿Cuál es tu propósito? ¿Qué pretendes obtener de mí? Ahora, responde– dice el emperador – Yo… yo– Alpone titubeaba, en ello recordó a su compañero y la promesa de ser el mejor – Mi nombre es Alpone de laCruz, quiero convertirme en el mejor espadachín de todo el mundo, y para ello necesito saber sobre Fustas Roda, y quizás en sus archivos pueda encontrar algo de él, y por sobre todo ser entrenado por el mejor de esta tierra, o sea usted señor– Alpone mantenía su mirada fija en las del emperador quien mostraba una expresión seria. – Eres ambicioso, sin embargo, no tienes lugar acá, no me interesan las razones por las que Pharos te trajo ante mí, pero no tengo la mínima intención de mostrarte los archivos ni menos de entrarte, ahora vete– – ¡No me iré así sin más! –  dice Alpone apuntando al emperador, a lo cual los soldados al instante se abalanzaron contra este, pero Alpone reaccionó con rapidez y supo librarse de sus oponentes sin necesidad de usar su espada, en ello es apresado por otro guardia, este parecía tener mayor rango, era el capitán de la guardia real, Alpone no pudo zafarse y es llevado a fueras del palacio donde lo arrojan al suelo con su pertenencia. – Da gracias a que el emperador te ha perdonado por tal falta de respeto, por mi te encierro o te despojo de tus pertenencias, así que siéntete afortunado dice el capitán retirándose mientras a sus espaldas se cerraban las puertas. – Mierda ¿tan lejos para nada? – Alpone se mostraba molesto, y no le permitieron esperar frente a las puertas, estaba prohibido mantener personas en la entrada. Alpone no sabía qué hacer, pero tenía algo a favor, el emperador sabía de su existencia, sólo faltaba demostrar cuan capaz era, pero no sabía cómo, en ello un hombre de traje se le acerca. – Veo que tienes problemas, pero para tu suerte yo sé la solución– dice aquel hombre de pelo n***o con un mechón blanco – Déjame presentarme, mi nombre Drako, un gusto. – Soy A… – Alpone de laCruz, uno de los criminales buscados por toda Ata Bath y acá un don nadie. Como sea…– dice Drako revelando que sabía más de lo que aparentaba. – ¿Quién demonios eres y como es que sabes tanto de mí? – – Eso da igual Alpone, en dos semanas más habrá un festival, y en los tres últimos días habrá un torneo donde se decidirá al más fuerte de todos. – ¿Me estas proponiendo que participe? es una gran idea, pero aún no puedo confiar en ti– – No tienes que hacerlo, pronto veras como la gente comenzará a prepararse, por cierto, ten esto, así te será fácil la inscripción. Nos vemos Alpone– Drako le deja un sobre mediano a Alpone y se retira dejándole solo. – Qué tipo más raro, pero ciertamente es una buena oportunidad la que se me ha presentado. Alpone averiguo a través de los soldados de la ciudad donde se realizaría la inscripción, las indicaciones le dirigieron hasta el mismísimo coliseo, en una de las entradas, el guardia le llevo junto al encargado donde junto a la carta que Drako le entrego pudo inscribirse sin problema alguno, ahora restaba esperar, pero dos semanas era un tiempo basto. Alpone toma sus cosas y sale de la ciudad y aprovecha de entrenar arduamente, sobre todo en su control Breaker.
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