CAPÍTULO 2 - El río Khilen.

1175 Words
Después del almuerzo Alondra — ¿Todo bien? — pregunto una voz ya conocida — Talvez, en unas horas me iré de mi hogar y hay una gran posibilidad de no volver a ver a mi familia — dije con voz lastimera. — Lo lamento — el dolor en sus palabras fue notorio. — No es tu culpa, ya lo he asimilado, quizás me vaya bien, no debes preocuparte — cambie mi semblante, pues en todo el día había estado a la defensiva. — ¿Entonces que te sucede? — me examinó Sebastián con cautela. — Está mañana me he encontrado a Lorian en los jardines mientras daba un tranquilizador paseo — explique, lo cual hizo que entendiera todo. — Agh, siempre de imprudente — se quejó. Y era cierto, pues se pasaba hablando de temas delicados como si fuesen algo tonto. Él era tonto y aun así mi padre intentaba arreglarlo. Pero por supuesto la madre de Lorian siempre estaba defendiéndolo o apartándolo de las crudas enseñanzas de mi padre. Muchas veces él se excusaba por ser hijo ilegítimo, decía que por ello era que lo llegaban a tratar mal. Y es que no es de esta manera, de hecho fue querido en algún tiempo, pero su forma de ser y actuar daban mucho de que hablar de él. Incluso su imprudencia. — Sí, digamos que termine diciéndole que se pudriera — el cansancio salió tan natural, aquello hizo que mi hermano frunciera el ceño. — ¿Nadie más escucho su conversación? — cuestiono. — No, estábamos solos y mis doncellas se encontraban a una distancia prudente — busque en mis recuerdos si algo se me escapaba, pero no, estaba muy segura que nadie había escuchado nuestra "plática". - Entonces no te meterás en problemas, estate tranquila. —Por ahora, Lorian es el menor de mis problemas. — Ya, ¿A dónde irás ahora?, Aún falta para la cena — cuestiono. — Iré con las chicas al río Khilen — informe con una sonrisa. — ¿Puedo ir con ustedes? — la emoción era evidente en su voz, pues aquel río era uno de nuestros favoritos desde pequeños. — No creo, solo estarán las chicas, aunque puedes preguntar. — Bueno, puedo preguntar, pero será mejor darles su espacio, además creo que el rey me necesitará, tengo una reunión con el sobre política y esas cosas aburridas — informo con aburrimiento. — De acuerdo, nos vemos en la cena entonces — con alegría me aleje. — Hasta entonces, diviértete — lo último lo grito, pues en cuanto me aleje salí corriendo por los enormes pasillos, tenía que preparar unas cosas para después encontrarme con mis hermanas. Todas pasaríamos una tarde agradable y relajante, moría por estar ahí. Seguramente sería la última vez que estaría en aquel mágico lugar y aquello lo aprovecharía, no me deprimiría, ahora no, habría tiempo suficiente más tarde. Ahora lo que importaba era divertirse al máximo y gozar mi poca libertad, incluso el tiempo con mis hermanas. — ¿Todo listo? — pregunto Paulina, una de mis hermanas mayores, la quinta entre todas nosotras. — Si, ya casi, solo déjame ir por algo — con prisa busque en uno de los tantos cajones que tenía mi ropero, al fondo encontré una pequeña caja. — ¿Qué es eso? — con curiosidad inspeccionó la pequeña caja que llevaba unas flores secas como adorno. — Es mi caja de piedras únicas — explique. — ¿Buscarás piedras en tu último tiempo con nosotras? — pregunto con incredulidad, mientras yo negaba con la cabeza. — No, pasaremos una tarde juntas maravillosa y si está en el destino encontraré una que otra piedra que llame mi atención. — cuando termine de guardar mis cosas en una cesta la tomé a ella con uno de mis brazos y la jale. — Bueno, eso suena mejor, ¿Lista? — hablo con alegría. — Lista — confirmé, jalándola fuera de la habitación. — Al río Khilen — gritamos ambas al llegar con las demás, nuestra emoción era notoria, aquello hizo reír a las demás. — Vamos chicas — hablo Sofía, la mayor de todas. Las siete nos subimos a los carruajes con entusiasmo, no todas entrábamos en uno así que por ello tuvimos que separarnos, dos carruajes marchaban al río Khilen con siete jóvenes chicas entusiasmadas por pasar una tarde juntas, su última salida y probablemente la última vez que se verían. Vaya cosas de la vida, sin duda, todo podía cambiar de la noche a la mañana. — Hemos llegado — anunció el cochero. Con ayuda todas bajamos, con cuidado caminamos al río, dónde se escuchaba como caía el agua, pues hay un pequeño arrollo allí, el cual era impresionante, el agua era pura e incluso segura para tomar. Al estar en un río el cual tenía poca corriente era seguro estar aquí. Pero está vez nos trajeron con supervisión, en la cual había mujeres custodiando y a una distancia donde no podíamos ver había soldados asegurando el lugar. — ¿Todas están listas? — pregunto Loria con mucha energía, ella siempre era así, sin embargo, está vez le seguimos. — La que llegue a lo último come salmón preparado por George — grito Anastasia, de pronto todas corrimos a como pudimos. — No pienso perder — grite, corrí con todas mis ganas que incluso salte para tomar impulso. — Yo menos — grito Rosa con aires de rivalidad. — Está vez no seré yo quien lo coma — pronunció Valería en negativa, la última vez que competimos ella perdió y no le fue muy bien el castigo. Todas corrimos, negándonos a perder, sin embargo, una tendría que perder en salvación de las otras, era un juego así que todo valía a excepción de empujarse, pues podríamos tropezar y al estar en una zona rocosa y humada podríamos caer y terminar en problemas mayores. En cuanto llegamos nos detuvimos en la orilla a excepción de Sofía y Rosa que cayeron al ser empujadas por Valería, quien se había quedado hasta lo último. Las demás las miramos con cautela, al ser ellas las mayores solían tener un temperamento algo delicado, por ello teníamos miedo de hacerlas enojar hoy y que todo se fue a la basura. Sin embargo, sus reacciones nos sorprendieron. — ¿Qué hacen allí? — hablo Rosa con un rostro serio. — ¿No piensan quedarse ahí todo el rato, cierto? — las risas empezaron a sonar por ambas y todas las seguimos. Aquellas horas fueron increíbles, llenas de risas, reclamos, una que otras lágrimas, pero más que nada de alegría y nostalgia. Pues nos extrañaríamos demasiado. Con pesar entramos a los carruajes para volver al palacio, sin embargo, cuando llegamos antes de entrar llame a todas y les di una pequeña roca, de diferentes colores, no era mucho, pero significaban mucho para mí y ellas felices las recibieron. Ahora teníamos algo que hacer, cada quien tenía que afrontar su destino después de aquella cena. Era hora de alistarse y con ello empezar la cena.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD