Iugh. Antes de poder pensar en algo, en lo que sucedía, tres golpes en la puerta. Me sobresalte al escucharlo, golpeando a Diego con mi cabeza, ¡Demonios! No mentiré, sentí como mis mejillas se calentaron demasiado, tanto que podrías freír un huevo en mis mejillas. —¡Lo siento!¡Lo siento! —susurré tan bajo, el río levemente —, ¡Te juro que fue accidente! —Lo sé —, me dice. Me giro sobre mis talones a lo que el comienza a abrocharme el vestido nuevamente —, Eres demasiado graciosa. ¿Aún te duele? —Quizá da picazón. Pero se que estaré bien —me reí con diversión bajamente —, No debías de preocuparte. Solo fue un pinchazo. —¿Estás ahí Diego? —escuché. Era una voz femenina, una adulta. Esperaba no fuera su madre, ¡Menuda vergüenza que nos encontrará en su habitación!¡Y conmigo casi enseña

