Ruptura.
Balanceo mis piernas de adelante atrás esperando que Diego regresé, me pidió esperarlo en una de las bancas azules del parque, en la cima de una pequeña montaña mostrando la ciudad, el naranja, amarillo de la naturaleza era aquello que sobresalía del lugar, la sombra fría de un fresco otoño. Era curioso, anteriormente esperaba que lo que sucedía en mi entorno no fuera tan malo. Vivía esperando controlar cada pequeño detalle de mi vida, controlaba las cosas buenas, esperaba evitar las malas. De ese modo las cosas no se salían del margen del control en el que yo las quería tener.
Después de ser yo, tienes que tener el control de absolutamente todo.
—¿Pensaste en lo que te dije? —, El aroma de su perfume inundo mis fosas nasales, me gire notando como se recargaba en un árbol—. Recuerdo que no le tenías miedo a los cambios.
—No. No les temo—Presioné mis puños incrustando mis uñas en la piel.
—Lo haces, les estas temiendo. ¿No querías hacer la lista?
—Sí, es solo que… Y-yo no…
—¡Hey! —, Levanta su mano en mi dirección. Acallando mis palabras—¿Qué mierda estás haciendo?
—¿De qué hablas? —, Fruncí mis cejas, hizo una mueca. Tomo mi muñeca levantándome por lo cual camine detrás de él—¿Qué?
—¿Por qué estas siendo tan…? —Pausó por unos segundos, alzando la mirada tomando una bocanada de aire. Pateo una piedra con la punta de su zapato, para después alargar un suspiro—Tan sumisa. ¿Dónde quedo tu guerrera enojada que combina con la tonalidad de tu cabello?
—No soy sumisa—, le reté. Soltando mi muñeca de su agarré—¡Estaba siendo amable Einstein!
Una sonrisa socarrona salió de sus labios, para después girarse—Esa eres tú, no la que dice lo que quiero escuchar.
Fruncí un poco mis cejas con confusión, no recordaba estar haciendo eso que el menciona, no le estaba dando la razón ni mucho menos, ¿O sí? Miré mi reflejo en un charco de agua del suelo, notando como los colores pastel llenaban mi cuerpo, parecía sacada de una revista de niñas. Me miraba tierna.
En eso Diego tenía razón, cuando yo estaba en preparatoria, antes de estar con Mario, mi vibra era fuerte al igual que mi presencia, hacia exactamente lo que a mí me placía—claro que sin dañar a nadie más—, era un alma libre, ¿Qué me sucedió?
—Eres un idiota—susurré pateando el charco.
—¿Entonces? ¿Qué has decidido?
—Que el amor es una mierda—solté de golpe, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas. Inmediatamente sentí la vergüenza dentro de mí, sentí vergüenza dentro de cada uno de mis pensamientos—Una jodida mierda.
Inmediatamente las lágrimas salieron de mis ojos, el llanto estalló de mi interior sintiendo el corazón latiendo con fuerza, no quería seguir pensando en aquello que me lastimaba, pero no podía evitarlo, me dolía de una forma completamente irracional. Me hacía sentir como la mismísima mierda.
Hice todo porque el me amará, cambié tanto que terminé por olvidar quien era. El me engaño, con mi madre. Mi jodida madre. Sin pensar mucho, Diego me atrajo a su cuerpo en un abrazó, me sorprendí, ¡Mentiría al decir que no! ¿Él sentía un toque de pena por mí? ¿Por ello me estaba abrazando?
El no dijo nada, solo paso sus manos por mi espalda, consolando mis sentimientos lastimados, para sorpresa mía, eso terminó por estallar mis sentimientos, las lágrimas solo aumentaron y los sollozos desenfrenados salieron de mi interior, lloré como una niña pequeña a la cual se le rasparon las rodillas, lloré.
—Lo di todo—, sollocé con las lágrimas en mis ojos y mi labio inferior temblando. Me aferré a su ropa mientras que mi corazón se destrozaba—Di todo para que él y yo funcionáramos, hice todo para que…
—Murphy, sabes… Eres suficiente, más que suficiente. Él fue un idiota por no valorar aquello que la vida le entrego—, Sentí como su mentón se recargaba en mi coronilla y sus manos acomodaban mi cabello—, Eres fuerte, valiente, una guerrera roja valiente…
Me separé de él, limpiando mis ojos y sintiendo cómo aún mi labio inferior no paraba de temblar, el me dio una ligera sonrisa. Para después mirar hacia atrás de mí.
—No quiero empeorar lo que está pasando. Hugh…—se pausó por un par de segundos, soltó un insulto entre dientes para después tomar mi muñeca, jalando mi cuerpo hacía donde habíamos dejado el auto—. No mires atrás. Por favor, no mires atrás.
Sin embargo, mi cerebro captó la orden, mi corazón se negó pensando lo peor, mi cuello giró en un grado en el cual fuera posible mirar atrás, Diego intento tapar mis ojos, pero fue tarde, mis ojos enfocaron a mamá, cambiando saliva con el estúpido de Mario en pleno parque, parecía nada más importarle, parecía que para ellos mi corazón no importaba, se había desecho anteriormente, ahora aquellos pedazos filosos se incrustaban en mi piel, cortándome, lastimándome.
Me solté del agarré de Diego, ignorando cualquier pensamiento razonable que mi cabeza pudiera tener, ignorando las suplicas de Diego, caminé furiosamente hacía ellos, mirando rojo. Sin embargo, antes de llegar con ellos, Diego me retuvo pasando sus manos por mi cuerpo, frenando mis pasos.
—¡No vale la pena! —Insistió. Dejando que no pudiera caminar, a pesar de que seguía luchando—, ¡Murphy! ¡Para!
Quizá debí de confiar en él, quizá de no haberme girado los trozos de mi corazón no me estuvieran lastimando en este momento, quizá ahora no estaría llorando desenfrenadamente mientras miraba como mi madre salía de mi campo de visión con mi ex prometido tomado de la mano.
Quizá si no me hubiera enamorado.
Quizá si no hubiera esperado que las cosas mejoraran solas.
Sentí un pinchazo en el estómago. Sentí cómo si todo y cada uno de los recuerdos que tuviera, buenos o malos pasaran cómo una vieja película a través de mis ojos, dolía, claro que lo hacía…
—Yo lo amé—, susurré. Mientras que todo se caía al suelo, me giré hacía él—, Yo lo amé… Amaba tanto, que hubiera hecho cualquier cosa por él, ¿Por qué no fui suficiente?