Negación:
Durante un par de minutos nos mantuvimos inmersos en calentamientos, después comenzó lo complicado, el dúo que tendría con Ellie, yo no diría que la odiaba, en lo mínimo, habíamos compartido demasiadas clases juntas, conocía poco de ella pero sabía que era una persona tan talentosa como fuera posible. Me enderecé poniendo mis palmas en las de Ellie, sin embargo, yo sentía que no conectábamos para la coreografía que era.
Denisse parecía querer demostrar que dentro de ambas había algo parecido, la historia era de una chica que miraba sus demonios en el espejo, sin embargo ambas luchaban por el mismo sueño, el mismo objetivo, salir adelante y ser la mejor en lo que hacía, personas con sueños similares.
—Debes mirar con dolor Murphy—, me reprende Denisse, cambie mi mirada—, Más dolor, demuéstrame la agonía, el sufrimiento. Si demonios se llevaran al infierno tu vida.
¿Eso en realidad podía tener alguna expresión? Cambie mi semblante, mientras que seguía la coreografía que me montaba Denisse a un lado de Ellie, ella había sido el Ángel en la historia, aquella persona que mostraba la perfección, a la que nada la podía detener mientras que yo debía mostrar que los ángeles no podían venir conmigo acá, al infierno. Mostrando la agonía que había debajo de mi cuerpo ante tantos obstáculos que la vida nos ponía.
Ella tenía la máscara y yo era lo que había detrás de todo el sufrimiento, detrás de lo que nadie podía decir.
—Ellie, la felicidad, siente la música, pasos perfectos y armónicos, eres lo contrario a Murphy, demuestra lo mucho que quieres llegar a ganar. La corona. Murphy tu tienes que interpretar que está tiene espinas, llegaste a ella, ¿A qué costo?
Fue demasiado tiempo en el que nosotras ensayábamos un poco algunos pasos, podía entender el concepto del baile que ella quería que interpretáramos. Fue durante horas—todas en las que nos mantuvimos aquí—, fueron horas de ensayos, escuchar la música y sentirla. La hora de que esto terminó llegó, una parte de mi se sentía tan agradecida debido a lo cansado que se encontraba mi cuerpo con todo lo que había hecho el día de hoy.
—Mi cuerpo me está matando—, confesó Bri tomando de una botella de agua—, No son tantas las semanas que faltan para las competencias, hay demasiado trabajo.
—Si piensas negativo no irás a ninguna parte—Ellie cerró su taquilla para después mirar hacía acá—, Es esfuerzo y dedicación, si Denisse te escucha hablando así.
—Me sacará sin pensarlo. Lo sé—terminó Brianda. Se levanto para después caminar hacía Ellie—Mas eso no quita que los entrenamientos sean duros.
—Bailar es duro. Es dedicación, tiempo y demasiado esfuerzo—Abroché las cintas de mis tenis para después mirarla—Tienes que…
—Ponerlo de prioridad, si no serás una bailarina mediocre.
—Hasta que escucho que se ponen de acuerdo en algo—La voz de Denisse me sobresalto, miré en su dirección notando como estaba en el marco de la puerta—, Espero yo estar formando buenas bailarinas, no mediocres.
Sonreí un poco incomoda, escuchando como Brianda le decía que lo estaba haciendo, me despedí de las chicas con un movimiento pequeño para después salir disparada de los vestidores, Denisse a veces podía ser demasiado intensa con las cosas, sin embargo, era una gran instructora que velaba por nosotras, porque llegáramos a las grandes ligas. Apenas llegué al estacionamiento note como Diego ya se encontraba ahí, escuchando música en sus auriculares, me acerqué a él con pasos lentos, aún sintiendo la vergüenza del día anterior ante lo que había pasado. Estuvo en mi departamento viendo como sufría cómo nunca. Sólo era humana y podía quebrarme y ponerme a llorar.
—Creí que no vendrías—me detuve a su lado. Para después introducir las manos dentro de mi chaqueta—, ¿Tus clases terminaron pronto?
—Hola—, Enfatiza sacándose los auriculares, los cuales guarda en una pequeña caja blanca—, Tengo la lista, te sacaré de ahí. Lo prometí.
—No tienes que hacerlo. El daño se irá con el paso del tiempo.
—¿Lloraste esta mañana?
Sí. Como una niña pequeña antes de levantarme de la cama, esperando que el sufrimiento se quedará ahí, lloré tanto que me quedé dormida de nuevo por un par de minutos, escuchando canciones deprimentes preguntándome si fui yo quien no valía la pena, para descubrir esa traición.
—Poco. Solo ha pasado un día—me encogí de hombros para después mirar hacía sus ojos—Todos lloramos a veces.
—¿Y no has querido llorar después de eso? —insiste.
Sí, cuando Denisse me dio la música de mi solo, tan triste que sentí como mis ojos se llenaron de lágrimas y la garganta se me hizo un nudo, fui al baño después de eso para llorar otro par de minutos.
—No—, mentí cruzando mis dedos detrás de mi espalda. Me sentía avergonzada de que el quisiera curar mi corazón roto cuando yo había sido despectiva con él.
—Tus dedos cruzados se reflejan en mi auto, rojita—se burla para después enderezar su cuerpo, saca un cigarro de su bolsillo para prenderlo en su boca, sin sacarlo me mira—Sube.
Asentí. Notando como el caminaba al lado contrario sacando el humo de su boca y nariz, subí al auto pensando en que seguramente a sus ojos me he de mirar demasiado patética sin poder salir adelante. Dolía.
Podía tolerar que cualquier persona me hubiera traicionado, quizá incluso Mario, Pero ¿cómo sacas de tu cabeza que tu madre se acostó con tu prometido? Inclusive parecía que era lo que ella quería, que yo me enterará.
—¿Cuándo decidiste que querías ser esposa de alguien?
—Creo que un día desperté, lo miré y creí que era la persona indicada… No podía pensar el alguien que no fuera él—Bajé el vidrio mientras jugaba con el botón—, Una parte de mi creía que existían las almas gemelas, a ambos nos gusta la danza y creo que eso me engatuso.
—Es una pena. Siempre me pregunté a donde llegaría la verdadera Murphy Evans.
—No deje de ser yo—Me giré hacía el frunciendo las cejas—Estás perdiendo el ritmo de esto.
—Creo que estoy en el rumbo exacto—me corrige alzando las cejas—, ¿De que color estas vistiendo?
Miré en dirección de mi ropa, notando aquellos colores pasteles que vestía. Hice una mueca, sí bien, recordaba que de a poco Mario me había dicho que le gustaba como me miraba con estos colores, comencé a usarlos. Pase mi lengua por mi mejilla para después mirar hacía el frente.
—Amar no es malo. Es malo del modo en que tú lo hiciste.
—¿Del modo en el que yo lo hice? —Exclamé alzando las cejas. Me giré en su dirección notando como el tamborileaba en el volante—¡Le di todo! ¿¡Cómo puede ser malo el modo en que amé!?
—¿Qué recibías de él?
—Pues… El me dio muchas cosas.
—No hablo de lo material Murphy, sentimental—, alcé las cejas. Comencé a jugar con mis manos en el dobladillo de mi blusa—No sabes las veces que te escuché peleando en tu departamento con él.
—Las parejas pelean—mencioné levemente. A lo que el negó—No hay relaciones perfectas Diego.
—No perfectas, pero si sanas. No sabes lo mucho que me daba coraje escuchar a diario como el te lastimaba.
—Nunca me golpeo—interferí a lo que el soltó un suspiro. Me enderecé para mirar en su dirección nuevamente—¿A que es lo que quieres llegar?
—No te golpeo, pero te lastimo. Te lastimaba emocionalmente a diario—Detiene el coche para después mirarme. Se enderezó y soltó un sonido pesado—Dejaste de vestir como te gustaba, dejaste de usar maquillaje, ¿No te das cuenta que poco a poco te fuiste apagando?
—Sí, bien quizá cambié un poco, pero eso no significa que el me dañara emocionalmente—solté. En realidad, me sentía avergonzada, ¿Por qué era que yo había llegado a esté punto? En donde las cosas salían fuera de mi margen de control—Se que cambie, pero no soy perfecta.
—Murphy. ¿Cuándo fue la última vez que pelearon antes de eso? —, apenas pregunta sentí mis mejillas acalorarse. Dos días antes de la prueba del vestido, yo no quería ir a un lugar frío en la luna de miel debido a la alergia que el frío me producía. Mario decía que le parecía ridículo y que debía usar una sudadera y ya—Se que no todo lo que sucedió fue malo.
—Sí, tienes razón. Me lastimo—admití mirando en su dirección—Fui lo suficientemente estúpida para dejarme cegar por unos cachitos de amor, ¿¡Feliz!? —dejé caer mi peso en el respaldo del asiento.
Me sentía humillada.
—No, no estoy feliz. Pero debías admitirlo—arrancó de nuevo el coche, para después suspirar—¿Sabes? Diste todo, pero no recibiste nada de amor, ni cosas positivas hacía ti, te fuiste hundiendo emocionalmente sin darte cuenta.
—Y es así que tienes tu una lista—suspiré con un poco de cansancio a lo que el asintió—, ¿La sacaste de tus libros? ¿De las clases de literatura? ¿De un alumno con el corazón roto?
—Qué graciosa Rojita. No, me dio la lista mi madre cuando me rompieron el corazón—me codea—A ella se la dio su madre.
—Entonces…
—Pero la modifique—me dice pasando un pedazo de papel—, Así que… Vamos a curarte.
—Ilumíname.