Hoy estamos celebrando junto a mi familia ¿Qué celebramos? Pues, he preguntado a mi madre y por supuesto que me respondió pero al no escucharla bien la primera vez, ya en el cuarto “¿Qué dijiste?” Mi madre se puso toda irritada y yo cansada. Me rendí y di por hecho que en cualquier situación solo debía esperar la reacción de alguien más y luego seguirla, dejarme llevar por la corriente.
Todo sucedía en casa, era tarde, por la ocasión y el puje de mamá de tenerme aquí, pedí permiso en la universidad para salir un poco más temprano, perdiéndome dos clases, luego me pondré al corriente, pedir un cuaderno prestado a cualquiera que no sea de mi grupo de amigas, ellas, aunque sus cuerpos estén dentro del aula durante la clase , mentalmente están conectadas, teniendo una fiesta como teiboleras, al estilo de IMVU pero sin los maniquí exageradamente sexuales. Así que si, tal vez se lo pediría a ese chamo que siempre me interrumpe a mitad de la clase solo para pedirme un borrador o un sacapuntas porque por alguna razón ha olvidado sus útiles en todo lo que llevamos estudiando juntos, suelo pensar que le llamo la atención, esa idea se borra de mi cabeza cuando lo veo saborear sus labios mientras observa “disimuladamente” las bragas de Sofía, la gorda buena del salón, debía admitirlo la zorra si estaba buena.
—Adeline, si no estás muy ocupada podrías venir a ayudarme con la comida— Dijo mamá desde la cocina.
Me encontraba en la sala, sentada junto a Diego en el sofá, él estaba entretenido jugando con mi hermana y sus Barbies piratas, papá era muy distinto a otros padres, con la edad se volvió más tacaño.
—¿No te molesta que te deje un momento solo, amor? — Pregunté a Diego
—No te preocupes amorcito, estaré bien, ¿Verdad, Barbie traficante de drogas? —respondió moviendo a la Barbie que mi hermana había bautizado como la traficante de drogas.
Mamá tenía que parar, no era sano que mi hermana con siete años de edad viera sus novelas de malandras, estaba construyendo a la próxima reina del sur.
Me levanté y camine sin mucho ánimo hasta la cocina donde se encontraba mamá preparando, por lo que alcancé a ver una ensalada.
—Aquí estoy — Dije con un tono bajo
—Cambia esa cara mi cielo, te saldrán arrugas y después no podrás encontrar a tu príncipe azul — Dijo mamá moviéndose por la cocina para buscar la mayonesa.
No puse atención a las palabras que salían de su boca, era normal que hiciera ese tipo de comentarios.
—¿Qué necesitas que haga, mamá? — Respondí un poco enfadada.
—Solo quería preguntar si tu amigo comerá con nosotros — Dijo ella sonando tan natural.
—No es mi amigo, mamá — Respondí frunciendo el seño
—No digas más, no quiero escuchar falsedades hoy, mejor responde mi pregunta — Dijo mientras esponjaba su cabellera lisa y rubia.
—Si, mamá, si va a comer con nosotros — Respondí fastidiada.
—No hice suficiente comida para todos, es que como estoy segura que solo te invite a ti por ser parte de esta familia, hice el menú contado — Dijo ella mostrando falsa preocupación.
—No hay problema, mamá. Puedo compartir mi plato — Respondí sin mirarla para luego suspirar.
—¿Cómo crees que permitiré eso? ¿Si viste lo delgada que estás? — exclamó alarmada.
—me he visto así toda la vida, en realidad creo que estoy un poco más rellenita — Repliqué.
—Sea como sea, la respuesta es: No — Dijo ella apagando el fue de la estufa dónde estaba cocinando el arroz.
—Entonces me voy — dije enfurecida.
—No es necesario hacer un espectáculo, hoy es un día importante como para que te comportes de manera inaceptable — Comentó mientras organizaba los platos.
—Es que no te estoy pidiendo gran cosa, es un plato más de comida, pareciera que esa mujer que me enseñó lo que son los principios cuando era niña, desapareció — Dije en voz alta.
—No se de qué hablas, estoy cansada de tu altanería conmigo, siempre me ponen como la mala del cuento — Decía tirando con furia el arroz en el que seguro es mi plato — ¿Sabes qué? Está bien, que tu padre y tu hermana coman menos, le haré un plato “especial” a ese extraño — Dijo suspirando como si la estuvieran obligando hacer un crimen.
Yo solo podía verla colmada por su actitud, todo el tiempo era la misma historia, mamá haciendo un drama porque no acepta que Diego es mi pareja.
—Gracias — Dije retirándome de la cocina.
Fui nuevamente a la sala, donde se encuentra Diego.
—¡Ay, no¡ — Exclamé entrando a la sala, viendo cómo mi papá acorralaba a Diego.
Me acerqué a ellos para dar fin a su martirio.
—Papi, mamá te llama en la cocina — Dije dulcemente poniéndome en medio de ambos
—Gracias, cariño —Respondió él, levantándose inmediatamente — Seguiremos hablando más tarde — Dijo al aire.
Yo me di la vuelta para ver a Diego, cargaba una cara de incomodidad que me aseguraba que en la cena de navidad no estaría presente.
—¿Fue muy malo? — Pregunté prensando los dientes.
—No… — respondió no muy convincente.
—¿Qué te dijo? — Pregunté riendo para amortiguar la situación.
—Ya sabes, lo normal, debo ser un buen hombre si quiero su bendición, que eres una chica hogareña y yo un ogro que te sacó con los poderes del pecado de la lujuria, que no tiene nada en mi contra pero que soy muy poco para esta familia y un montón de cosas más — Dijo mirando el televisor apagado que había enfrente de él.
—Perdóname — dije sentándome a su lado
—No te preocupes, fui yo quien insistió venir — respondió volteando la cabeza para fijar su mirada en mí.
Al rato mamá llamó para que nos fuéramos a sentar, la reunión se daría en el patio trasero, un buen lugar para olvidar las malas vibras ¿A quien mentía? quería que esto acabara rápido.
Diego y yo nos pusimos de pie para hacer caso a la petición de mi madre.
—¿Por qué me odiaran tanto? — Preguntó Diego levantándose del sofá.
—Tal vez porque mi hermana les contó que nos encontró teniendo sexo en su cuarto o porque eres la razón de que me fuera de casa, o porque de alguna forma, que obvio no fue mi culpa, se enteraron que dejaste de estudiar — Dije sacudiendo mi falda — Solo bromeo, no te odian — Dije riendo.
—Pues, no me arrepiento de haber tirado en su cama— Murmuró.
—Yo tampoco — agregué dándole un beso en los labios.
Se veía un poco más contento, de alguna forma cuando Diego está conmigo aunque la situación se viera difícil, junto a él era más fácil de superar.
Al cruzar la puerta que daba al patio, tenía agarrada la mano de Diego, él al ver a mi familia, varias veces intentó zafarse pero nunca permití que se escurriera, lo acerqué aún más para que tomara asiento a mi lado, en ese pequeño trecho hasta la mesa de cristal que estaba puesta afuera siguió maniobrando con fé en que se escaparía, dando a entender que no se rendiría pero el tiempo para él era limitado. Ya nos encontramos en la mesa, yo veía mi puesto pero no el suyo.
—¿Dónde se sentará Diego, mamá? — Pregunté mirándola extrañada.
—¿También esperabas que estuviera sentada en la misma mesa con él? — Dijo viéndolo con una mirada juzgona.
Mire a papá para ver sí él tenía intenciones de apoyarme pero él solo agachó la cabeza para aparentar que nada pasaba y así no meterse en líos.
—¿Y dónde esperabas que él comiera? — pregunté perdiendo autocontrol.
—Pues, en la cocina — Respondió ella dando un pequeño bocado al pollo que acompañaba su plato.
—Enserio que eres increíble — Dije viéndola sorprendida por su arrogancia.
—No te preocupes Adeline, no tengo problemas en comer en la cocina — dijo Diego en voz baja.
—¿Ves? Al muchacho no le importa, ya toma asiento para terminar de comer y empezar a cantar — exclamó mi madre sin siquiera verme.
—No!!! — Dije agarrando mi plato— Me iré a la cocina a comer con Diego —Dije sonando enojada.
—No seas ridícula, no puedes dejar a tu familia por irte a comer con este tipo — Dijo mamá furica por mi respuesta.
—él es mi novio — Dije sin arrepentimiento alguno — y quiero aprovechar que estamos todos reunidos para aclararlo de una vez, Diego es mi familia también.
Salí de ahí jalando a Diego quien se encontraba inmóvil observando todo lo que pasaba, mamá había quedado toda histérica, gritándole a mi padre que hiciera algo pero como era de esperar él solo trataba de explicarle que no había mucho que se pudiera hacer y mi hermana solo gritaba que este sería un cumpleaños inolvidable, en ese momento lo entendí, estábamos celebrando su cumpleaños número ocho. Suelo ser mala recordando fechas.
Al entrar en la cocina coloqué mi plato sobre el mesón y busqué los banquitos que estaban regados, di uno a Diego y coloqué un para mí, para poder sentarme, estaba orgullosa del valor que había obtenido para decir la verdad, aún así, me sentía furiosa y algo triste porque mi mamá no podía ver mi realidad, ella no lograba entender que mi felicidad era Diego y que eso no era algo malo.
Diego tomó mi mano, besó mi frente y agradeció lo que hice por él, luego se disculpo por haberme puesto en esa posición, yo inmediatamente le expliqué que para mí no era un error lo que había hecho, estaba orgullosa de poder decir con tanta seguridad que lo amo y que no importaba quien fuese, ese coraje que tuve en ese pequeño momento, lo volvería a repetir a cualquiera que dudará de nosotros.
—Te amo — Dije besándolo.
Él sonrió, se notaba muy alegre de estar aquí, en este pequeño y hermoso momento conmigo.
—Tal vez podemos festejar en el cuarto de tus padres — Sugirió riéndose
—Estás demente — Contesté sonriendo.
Terminó siendo un maravilloso festejo. Sin duda estaba segura de que Diego se había vuelto parte de mi familia.