Capitulo IX “¿ROAR?”

1091 Words
POV: Elizabeth 2 meses atrás Aquella mañana me sentía bastante confundida, era para mí difícil de procesar todo aquello que Álvaro me había dicho anteriormente. Me senté en la cocina luego de que él salió para el trabajo, mi desayuno seguía a medias sobre la mesa mientras mi mirada se encontraba en algún lado de la pared, buscando una respuesta, como adolescente que ha ocultado los resultados de un examen. El sonido del timbre me hizo volver a la realidad ¿Quién podría haber venido así? No era común que llegaran visitas sin previo aviso. Al revisar la cámara de la entrada pude notar que mi suegra era la que se encontraba allí de pie en la puerta. Le abrí inmediatamente, ella esbozó una gran sonrisa, la misma que correspondí de manera casi inmediata, llevaba una cesta entre sus manos, la colocó en mi mesa y tomó asiento. -Hola, Elizabeth. Disculpa el atrevimiento, vine a traerles unas cositas, hice unos dulces de coco, lechosa, arroz con leche y sé que a ustedes les encantan, así que pensé que sería buena idea traerles un poco. -Hola – Exclamé sonriente volviendo a la mesa – no tenía porqué molestarse, pero muchas gracias, me encantan los dulces que usted hace y seguramente Álvaro va a estar muy feliz. -Por cierto – ella cambió su tono de voz y me miró gentilmente – sabes que ustedes tienen su relación y yo siempre me he mantenido bastante alejada de ella porque considero que los problemas de pareja se deben resolver en pareja. -Ajá – asentí en señal de que la estaba escuchando, pero realmente necesitaba saber lo que tenía por decir. -Sin embargo – continuó ella – el día que vine pude notar que su relación está un poco tensa, claro, no sabía si era por la presencia de tu madre o por una cuestión de ustedes, por eso quería hablarlo contigo. Mira, como te dije anteriormente, eso es un asunto de dos, sin embargo comprendo a la perfección los altibajos de las relaciones, si están pasando por un mal momento quiero que no dudes en pedir mi ayuda para lo que sea, ya sea que quieras consejos para continuar o para terminar. Sus palabras me dejaron un poco asombrada, en un principio creí que lo único que quería era mantener intacta mi relación con su hijo, pero al escucharla decir que también estaría allí si eso no funcionaba me conmovió bastante. Definitivamente tenía una gran familia. -Realmente lo agradezco, pero es un poco difícil hablarlo, no porque no quiera, sino más bien porque me he forzado todos estos años a sufrir en silencio para que el mundo no notara que no soy tan perfecta como parezco – respondí agachando la mirada. -Mi amor, las personas perfectas no existen. Solo tú puedes decidir lo que es perfecto para ti, si quieres seguir dando esa imagen al mundo entonces hazlo, pero creo que a estas alturas de la vida ya entregaste bastante al mundo, es hora de que todo te lo des a ti misma – la señoras Agustina revisó la cesta que traía entre las manos y sacó una botella de whisky junto con dos vasos de vidrio – si te apetece – agregó en un tono pícaro. Estuvimos combinando la bebida con todo aquello que encontramos, leche condensada, chocolate, jugo de naranja, refresco, copa tras copa empezamos a desenvolvernos un poco mejor, colocamos de esa música que suelen escuchar las madres cuando limpian la casa y a cantarla a todo volumen. Sentía que estaba flotando, la miraba y su sonrisa delataba que se sentía tan bien como yo en aquel instante. -Sinceramente siento que el sexo ya no se nos da – bebí un shot luego de decir aquello mientras negaba con la cabeza – quizás hay algo mal conmigo, no lo sé. -¡Claro que no! – exclamó ella levantándose – tienes que ser sexy, ponerte lencería, hacer como que eres un jaguar y él es tu presa ¡Roar! – luego de que ella hiciese este sonido ambas comenzamos a reírnos. -Es algo así ¡Roar! – ambas volvimos a reír al instante. -Pero lo más importante de todo es que nunca debes hacer nada para complacerlo – se dirigió a mí seriamente -¿Ah, no? Pero se supone que esa es la idea – contesté incrédula. -¡Claro que no! – recalcó sobre saltada – hazlo por ti, para que sea de tu disfrute. Si tú lo disfrutas vas a ponerte creativa, vas a gemir, vas a desear que experimenten, el sexo no es una transacción, ni una estrategia, es la actividad más primitiva del ser humano, no necesitas saber hacerlo, solo tienes que dejarte llevar. Ambas nos quedamos dormida en el sofá, en mi cabeza seguían haciendo eco sus palabras ¿Hace cuánto no disfruto del sexo? O mejor dicho ¿Hace cuánto no lo deseo? Me dormí con eso en mente, desperté un instante para ver a la señora Agustina allí abrazada con la botella de whisky entre los brazos, verla me causó una pequeña sensación de felicidad, no solo había elegido al hombre correcto, también a la familia correcta. -Buenas noches – escuché una voz que me hablaba pero no sabía de donde provenía. -¿Policía? – dije entre balbuceos -¿Policía? ¿Dónde? – se despertó mi suegra alarmada. -Muy bonitas – expresó mi suegro con sarcasmo quien estaba enfrente de mí junto a Álvaro. -Creo que caímos con los kilos – me susurró bastante fuerte la señora Agustina, no pudimos evitar reírnos ante la situación. -Mamá, vienes a casa solo para emborrachar a mi esposa y – Álvaro ni siquiera pudo terminar de hablar porque su madre lo interrumpió. -Primero que nada, Dios me lo bendiga, que usted cree que como ya es un hombre ya no necesita la bendición, segundo yo no necesito el permiso suyo para venir a visitar a mi yerna y tercero ambas somos adultas, no me pongas como la mala influencia porque yo no la obligué – prácticamente lo estaba regañando frente a mis ojos, este momento valía oro. -Así se habla, suegra – Exclamé extendiendo mi brazo para chocarlas. Mis suegros se fueron a su casa a pesar de mi insistencia y la de Álvaro en que se quedaran, “Ya sabes ¡ROAR!” se dirigió a mí Agustina antes de salir de la casa, no pudimos evitar reírnos en nuestra fortuita complicidad. Ahora sí había llegado la hora y tenía muchas presas por cazar.
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