POV: Elizabeth
Las mujeres deben ser lindas, calladas, inteligentes pero nunca tan inteligentes como su esposo, claro que no, eso sería una gran ofensa. Desde que nacemos nos crían para ser “Buenas esposas” pero… ¿Qué es una buena esposa? ¿La que soporta infidelidades para que su matrimonio no sea destruido? ¿La que tiene lista le cena cuando su esposo llega del trabajo? ¿La que mantiene su boca cerrada sin importar lo que se le diga? ¿La que nunca habla de sexo pero debe ser una sumisa cuando su hombre se lo pida? ¡Por favor! Entonces no soy una buena esposa y tampoco quiero serlo, estoy orgullosa de ser independiente, inteligente y sí, también lujuriosa. Tengo una opinión fuerte, no pienso callar ante nada y si la gente le parece que eso me convierte en una cualquiera entonces por mí bien. Acepté que mi esposo fuese la cabeza de la empresa porque un hombre daba una mejor imagen, una más confiable, era joven y quería que nuestro futuro fuese próspero, que a nuestros hijos nunca les faltara nada como si sucedió conmigo, quería algo brillante para nosotros
-Disculpe, señora ¿Va a llevarse todo eso? – preguntó la chica de la tienda en la que estaba, seleccioné algunos babydolls, corsets, prendas de encaje, medias de red, trajes de cuero, me volvían loca
-Si lo quiero todo, muchas gracias – contesté gentilmente
-Debería probarlos a ver qué tal la quedan, las tallas pueden ser engañosas – comentó otro empleado
-No seas indiscreto – irrumpió la chica
-No se preocupe, él tiene razón, este tipo de prendas no tienen cambio y sería para mí una pena perder el dinero invertido, si es usted tan amable – respondí directamente a la chica esperando alguna respuesta más conveniente
-Yo puedo acompañarla, si no es molestia – interfirió el chico, su pecho era ancho, iba muy bien con sus brazos, era más alto que yo aunque estaba usando tacones, no obstante era muy joven, probablemente tenía la mitad de mi edad
-Se lo agradecería mucho – solté inmediatamente, realmente quería agradecerle
Me coloqué un bralette de encaje en color vino tinto y una Braga del mismo color con medias que llegaban hasta mis muslos, salí del vestidor y el chico se quedó atónito mientras me miraba, quizás no esperaba que una mujer de mi edad se mantuviera tan conservada pero lo único para lo que habían servido todas las lecciones de mamá fue para enseñarme que sin importar los años la buena alimentación y el constante ejercicio hacían que el cuerpo mantuviera todo en su lugar o incluso mucho mejor de que lo que naturalmente solían ser
-¿Te gusta como me queda? – pregunté tímidamente
-¡Claro que sí! – exclamó él, sin embargo luego recuperó la compostura y agregó – digo que si, se ve muy bien. Creo que cualquier cosa podría quedarle bien
- ¡Que curioso! Yo pienso lo mismo – contesté con una sonrisa – aunque no lo sé, a mí me gustan las tallas grandes, muy grandes. No me gusta ponerme cualquier cosa encima
-Seguro que no, señora. Usted debe tener un muy buen gusto
-Si, creo que lo tengo – respondí sin más
El chico hacía todo lo posible para contenerse pero los hombres tan bien dotados como él simplemente no podían ocultar lo obvio, sus pantalones lo delataban, ese enorme bulto que él trataba de disimular, quizás era de los que acababan rápido, pero definitivamente yo quería participar en esa carrera por ver quien llega primera
-Me lo llevo todo, muchas gracias por tu atención – le dije acercándome para estrechar su mano, lo suficientemente como para que tuviera que pararse y ver el espectáculo completo
-Gracias a usted – respondió él levantándose al percatarse de que no tenía otra opción, y allí estaba, lo había conseguido. Su m*****o podía romper la tela en cualquier momento y venir por mí
-Me encanta lo apasionado que eres con tu trabajo – susurré en su oído al mismo tiempo que acariciaba su pecho
Subieron todas las cosas a la camioneta y me fui al departamento, una vez allí me quité el vestido, me había dejado por debajo el mismo conjunto que me probé en la tienda, le dije a la chica de la tienda que quería llevármelo puesto, además era una manera de ayudar al medio ambiente ¿No creen? Me miré al espejo y definitivamente me gustaba lo que veía, mi esposo no compartía mis gustos, decía que no le excitaba para nada los disfraces o la ropa interior bonita porque de todas formas iba a arrancarla y solo le importaba mi total desnudes, que eso era realmente lo que hacía palpitar a su pene, no me importaba, era mi dinero e iba a gastarlo en lo quisiera, no compraba lencería para verme sensual para él, sino para mí, para sentirme sexy y deseable. Tocaron la puerta un par de veces irrumpiendo mis pensamientos
-Pase – exclamé
-Disculpe, señora. Tiene una cita en el spa dentro de media hora – me informó Santiago, era el encargado de todo mi personal, básicamente era como mi asistente aunque lo contraté como guardaespaldas
-¿Puedes cancelarla, por favor? hoy no lo necesito
-Claro, lo que usted desee – sus palabras hicieron eco en mi cabeza, habían tantas cosas que deseaba en este momento, tantas cosas que deseaba con él desde el momento en que lo contraté. Nunca me atreví siquiera a intentarlo, debía respetarlo tanto como él a mí, pero en ocasiones era muy difícil que mi mente no se pusiera a fantasear un poco con él
-¿Crees que esto se me ve bien? – pregunté acomodando mi cuerpo en la silla
- Se le ve perfecto
-Muchas gracias, ya puedes retirarte
- Estoy a su orden
Me miraba en el espejo y estaba tan excitada, los hombres que me rodeaban no me dejaban un solo minuto de paz, me hacían desear más y más, con una de mis manos comencé a frotarme sobre la ropa interior, no podía dejar de pensar en el chico de la tienda, tan lindo y tímido, me encantaba imaginar a los inocentes como él lamiendo mi v****a, convirtiéndose en bestias sexuales esclavas del placer que solo quieren probar mi dulce néctar ¿Cómo es que un chico tan lindo podía tener entre sus piernas un m*****o tan grande? Entre más lo imaginaba y lo pensaba más excitada me ponía, bajé mi bragas para poder apreciar mi vulva, se notaba que ella lo deseaba tanto como yo, estaba mojada pidiendo que algo entrara en ella, yo estaba loca por complacerla, lamí un poco mis dedos y los bajé hasta ella, introduciéndolos poco a poco mientras dejaba volar mi imaginación ¿Acaso él también se iba a masturbar? Deseaba ver su carita explotando de placer, comencé a gemir mientras pensaba en su m*****o erecto bajo su pantalón ¿Acaso sería tan lindo como él? ¿O sería venoso y vulgar? Gemí tan fuerte deseando que Santiago me escuchara, que entrara por mí y me ayudara a terminar el trabajo que mis dedos habían comenzado, ya lo había espiado un par de veces mientras se duchaba en el departamento, no quería hacerlo, no quería ser una chica mala pero una vez que vi su pene, velludo y viril no pude evitar espiarlo un par de veces más ¡Dios! Se sentía tan bien pensar en ellos y masturbarse, finalmente no pude más y tuve el mejor jodido de los orgasmos, estaba cansada, satisfecha, aunque siendo sincera aún podía con más. Álvaro llegó más tarde de la oficina, él trajo la comida y nos sentamos a la mesa
-¿Qué tal estuvo tu día? – preguntó él mientras tomaba su jugo
-Hoy fui a comprar lencería, ya sabes lo usual – expliqué mientras cortaba la carne
-¿Algo interesante que quieras decirme? – indagó el
-No, el chico de la tienda tuvo una erección mientras me ayudaba a decidir si la talla era correcta
-¿Qué tal lo tenía? ¿Era grande? – cuestionó él mirándome fijamente
-Si, era bastante grande para ser un niño. Luego vine a casa, Santiago entró mientras me miraba al espejo con mis nuevas prendas y le pedí cancelar mi cita en el spa, me dijo que me veía muy bien. Luego me masturbe usando mis dedos pensando en el pene de aquel chico y en las veces que pude ver el de Santiago
-¿Y te gustó?
-Fue asombroso
Álvaro me cargó y me llevó hasta la cama rápidamente, una vez allí me desnudó por completo y se sacó el m*****o para frotarlo con su mano
-Métete los dedos como lo hacías en ese momento y dime lo que pensabas
Ambos comenzamos a jugar con nuestros miembros por separado mientras yo relataba cómo me hacía sentir el deseo de tener esos dos enormes paquetes para mí sola, de manera indirecta estábamos teniendo sexo, cada uno por su lado pero juntos, a él le recorría una corriente por el cuerpo cada vez que le daba un detalle que le resultaba totalmente placentero, me imaginaba cumpliendo mi fantasía, gozando y rugiendo de placer, fue entonces que me di cuenta de que sí, valía totalmente comprar lencería para excitarme a mí y solo a mí, porque de alguna manera también terminaba complaciéndolo a él también gracias a ella.