Su crueldad
—¿Por qué lo mataste? — suena a lo lejos como un susurro tétrico, uno que aumenta mi dolor.
“Debo de estar volviéndome loca”. Me digo internamente.
El viento enfurecido abre la ventana de mi habitación en el hospital, tirando todo a su paso y creando un caos, justo como me siento en mi interior.
Ha pasado una hora desde que me desperté y tres horas de haber perdido lo más importante en mi vida, mi bebé, y no he podido llorar. Es como si mi cuerpo se resistiera a externar el dolor que me consume, que me destruye poco a poco por dentro.
Un relámpago atraviesa el cielo y alumbra todo el lugar, y es gracias a eso que puedo descubrirlo… Puedo ver el rostro enfurecido, como un demonio, de Jackson, el padre de mi hijo.
Parece que su presencia detona algo en mí, haciéndome reaccionar al instante, al punto de comenzar a sollozar.
—Ja… Jackson— lo llamo entre balbuceos, sollozos y pequeños gritos que amenazan con aumentar a cada segundo.
Él no se mueve, se queda en esa misma esquina oscura, muy lejos de mí. ¿Por qué? ¿Por qué no se acerca? ¿Por qué no me consuela por nuestro bebé?
Han pasado tantas horas y estoy segura de que él lo sabe, sabe de nuestro bebé y sabe que lo perdí.
—Jackson… El bebé… se fue— digo con la voz temblorosa. Esta afirmación atraviesa mi corazón, tanto que paso mi mano por mi pecho y me hago un ovillo en la pequeña cama para tratar de soportar el dolor.
—Jackson…— lo vuelvo a llamar, pero él no se acerca. Me duele que no se acerque.
Mis lágrimas y gritos llegan al punto de la histeria, ya no tengo control de mis emociones. Mi pecho sube y baja a un ritmo desenfrenado, mi garganta comienza a doler…
Mi rostro duele por mis uñas y por los golpeteos enfurecidos de mis manos, que me doy sin control… —¡Mi bebé! — grito desde el fondo de mi alma, siento mi garganta arder como el infierno.
Aunque ese dolor no se compara con el de mi corazón.
El tiempo pasa y sigo llorando con desesperación. A pesar de eso, no llega ningún consuelo por parte de Jackson. No hay un abrazo cálido, un beso… ni palabras dulces, ni una maldita mentira sobre nuestra pérdida.
Sé que no estoy sola porque la presencia de Jackson es difícil de ignorar, siempre ha sido así: imponente, poderoso y con aura cruel y opresiva.
Sigo llorando, pero ya sin los gritos, solo alcanzo a gemir de manera dolorosa.
—¿Has dejado tu actuación? — dice con una voz fría, teñida de peligro.
Mis ojos nublados por las lágrimas tratan de encontrarlo, pero no puedo distinguirlo, ni siquiera ha encendido una luz, simplemente me ha dejado aquí en la oscuridad, dándome esa sensación de abandono, de desinterés.
Y lo compruebo con sus crueles palabras.
—Yo… no... —Mi voz temblorosa no puede emitir nada coherente. ¿Por qué pensaría que estoy actuando?
Otro relámpago alumbra la habitación y parece una pesadilla. Jackson está más cerca de mí con los ojos inyectados de sangre, su rostro enfurecido me da miedo. Puedo notar que su traje elegante está empapado y hecho un desastre.
“No”. Digo en mi interior: él no es el hombre que amo. Jackson parece un monstruo.
—¿No estás actuando? — su risa cruel resuena por toda la habitación. —Lo único que sabes hacer es mentir, no podía esperar menos de la hija de unos traidores.
Un jadeo se escapa de mis labios. No entiendo lo que dice.
—¿Te haces la sorprendida? Bien, sigue actuando, pequeña paloma herida. Sigue con tu cruel teatro— dice con los dientes apretados.
Puedo sentir que camina más cerca de mi cama, siento la presión sobre mí, esa misma sensación de opresión que me generaba cuando yo… cuando me quedaba encerrada en esa gran mansión.
—Jackson…
—Shh, nada de lo que digas importa— Jackson coloca uno de sus fríos dedos sobre mis labios temblorosos, causándome un escalofrío involuntario.
El frío se adhiere a mis labios, y luego, a la piel de mi cuello, cuando Jackson lo rodea. No me genera ningún dolor, pero ese gesto me hace temblar.
—Jackson, por favor— pido entre lágrimas.
Quiero que me suelte, que me consuele, que deje esos disparates que me confunden. No sé de qué habla.
—Estuve a punto de tragarme tus mentiras, Charlotte. ¡Dios! — se ríe sin una pizca de gracia— Estuve a punto… Pero nada de eso importa, palomita. Nada de eso importa ahora.
Su mano pasa de mi cuello a mis mejillas húmedas, quitando el rastro de mis lágrimas, incluso las nuevas que salen sin control. Todo lo hace con falsa dulzura.
—¿Por qué? ¿Por qué lo mataste? — pregunta en voz baja.
Esa pregunta se siente como una daga perforando cruelmente mi corazón. ¿Él piensa que lo hice a propósito? ¿Cómo podría ser tan cruel? ¿Cómo puede pensar que soy ese tipo de persona?
Yo no soy ella, no soy la asesina.
—Yo… no… Yo no fui, Jackson— digo con desesperación, a pesar del dolor en mi garganta.
—No necesitas fingir, lo sé todo. Lo vi, te vi a ti lanzarte a ese auto.
—No…
—Lo vi. No necesitabas matarlo. Si pensabas que con eso me ibas a herir por todo lo que ha pasado, debo decirte que… has fracasado, palomita— una sonrisa cruel aparece en su rostro.
Antes de que pudiera hablar, él vuelve a herirme.
—Jamás tendría un hijo con alguien como tú, la hija de mis enemigos.
Mis ojos se abren en shock.
—¿Enemigos? — digo con voz ronca y temblorosa.
—Sí, siempre quisiste saber por qué te odiaba, por qué te mantenía a mi lado, como mi amante, como mi palomita herida personal. Hoy cumpliré tu deseo. ¡Vamos! Que con tu gran sacrificio te acabas de ganar ese derecho.
Mi corazón se acelera mucho más.
—Tus padres traicionaron a mi padre, lo llevaron al borde de la muerte. Y, ¿sabes qué? No se sintieron satisfechos con eso… le quitaron su dignidad, lo dejaron en medio de una calle sucia y desolada. Fueron crueles, al igual que tú— una de sus manos se posa sobre mi vientre.
No puedo decir nada, no puedo reaccionar… es como si el dolor me entumeciera de nuevo.
No me esperaba esto.
Mis padres… ellos eran buenos. ¿Por qué traicionarían a su padre?
Mi cabeza comienza a negar con desesperación. No, no puedo creerlo, no lo creeré.
—Lo hicieron, Charlotte. Por eso, cuando te encontré herida y sola, te tomé— sus manos toman mi rostro con delicadeza— Tomé todo de ti, cada parte de ti. Esta noche pensaba dejarte ir, pero por tu crueldad, no sé si estoy dispuesto a hacerlo.
—No, Jackson… Ellos no pudieron hacer eso, yo… no…
—Shh, nada de lo que digas me hará cambiar de opinión ni cambiar lo que pasó. Ahora que ya sabes la verdad, no te queda más que pagar por los pecados de tus padres.
De un momento a otro me suelta y se aleja.
—No pienses en escapar. A cualquier lugar al que vayas te encontraré— sus palabras son una sentencia para mí.
Después de unos minutos más, la puerta se cierra de golpe.
El dolor sube hasta mi cabeza, la tomo entre mis manos con esa misma desesperación.
Múltiples imágenes se superponen en mi mente. El pasado feliz con mis padres, su muerte en ese accidente extraño, mis sueños destruidos… El momento en que él apareció en mi vida cuando estaba al borde del abismo. Su dulzura y su crueldad… por todos estos años.
Todo parece encajar perfectamente en una venganza.
Mi risa descontrolada rompe el silencio en esta tétrica habitación.
—Fui tan tonta— digo entre carcajadas llenas de dolor, de desprecio hacia mí y mi estupidez.
La verdad de su odio siempre estuvo frente a mí, y me dejé engañar como una idiota. Isla tenía razón, él me odia y siempre quiso herirme.
Lo logró.
El aceptar la realidad trae consigo una revelación. Estoy totalmente rota y sola.
***
No sé cuánto tiempo pasa. Pero la tormenta parece estar en su punto más fuerte. La ventana sigue abierta y el viento frío me hace reaccionar.
Con pasos temblorosos me levanto de la cama y camino hacia la ventana. Mis pies tocan el suelo húmedo haciéndome estremecer, pero eso no me detiene. El aire frío me regresa un poco la cordura que siento que estoy perdiendo.
—Él no me dejará ir nunca— afirmo con la voz ronca.
Seguirá con su tortura y yo… siento que no tengo fuerzas para seguir.
Mis pies me llevan hacia afuera de la habitación.
No hay nadie, parece que su estrategia será dejarme sola, para que me hunda en mi dolor y terminar de romperme. Así es él, calculador y cruel.
Sin nadie que me impida seguir, camino por el pasillo hasta las escaleras de emergencia.
Necesito subir, necesito sentir el frío y la lluvia para despertar, para pensar en qué hacer ahora. Y sí, para no dejarlo ganar.
Esa rebeldía que creí muerta vuelve a aparecer, por lo menos, la necesaria para seguir mi camino.
Al salir, la lluvia y el viento golpean mi rostro con fuerza. Aun así no me detengo, camino justo hacia la orilla.
Sentía que algo me llamaba hacia ese lugar.
—No me dejará ir— repito.
Mis lágrimas vuelven a salir, uniéndose a la lluvia…
—No puedo enfrentarme a él. Es poderoso— le digo a la nada. — Y si logro huir, ¿para qué lo haría? ¿Para quién?
Mi mano va hacia mi vientre vacío.
Mis padres fueron asesinados por él, y mi bebé ya no está. Mi amor por él está muerto.
¿Qué me queda?
—Nada— me respondo después de unos segundos.
Esta noche se ha llevado todo…
No necesito pensarlo más, he tomado una decisión. Por un par de minutos más, me permito sentir la lluvia sobre mi rostro, y saborear el viento en mi cabello.
Entonces, estiro mis brazos con esa misma sensación de libertad que se va apoderando de mí. Después de cuatro años de un amor dulce y cruel, soy libre.
Y así, le brindo una última sonrisa al cielo, antes de saltar.