Seis meses antes
Charlotte
La angustia me hace caminar con rapidez hacia la avenida principal que está cerca de la empresa para tomar un taxi. Necesito llegar lo antes posible al cementerio Brompton.
El nudo en mi garganta crece a cada paso, y como si el clima supiera lo que estoy sintiendo, comienza a cambiar y pronto, la lluvia aparece. Me obligo a correr para llegar lo más pronto posible a la avenida.
Ya dentro del taxi, suelto un suspiro de alivio.
El teléfono vibra en mi bolsa, haciendo que un temblor involuntario atraviese todo mi cuerpo.
Cierro mis ojos con fuerza y entre murmullos lanzo un par de palabras que me saben a oración, una oración que me he repetido por todos estos años, para pedir que no sea él, que no sea nadie de esa casa o, más bien, esa jaula, en la que sobrevivo. Pido muy dentro de mí, que por hoy me dejen en paz, que me dejen llevar mi luto con tranquilidad.
Tomo el valor suficiente para sacar mi teléfono, porque si no contesto con rapidez, puede que me meta en problemas y no quiero eso. Hoy no.
“Señorita Brown, el señor llega hoy de su viaje de negocios. No tarda en aterrizar. Es mejor que regrese pronto”
Siento mi cuerpo hundirse en el asiento del auto. Este es otro año en que no podré visitar a mis padres.
Tiene cinco años que fallecieron y solo pude regresar cuando se cumplió un año. Los siguientes años, muy pocas veces que he estado frente a su tumba, han sido visitas de menos de cinco minutos, para, después, regresar a mi inferno personal. Pero de esas veces, ninguna ha sido en su aniversario luctuoso.
Un par de lágrimas traicioneras bajan por mis mejillas.
—Señor, en la siguiente avenida daremos vuelta a la izquierda— digo con tristeza. El conductor asiente sin hacer más preguntas. Va enfocado en la nueva dirección que va a tomar.
Esa jaula… Ya no es una casa. Dejo de serlo desde hace tanto tiempo. Lamentablemente, no puedo huir… o, tal vez, ni siquiera quiero hacerlo.
No es por amor, lo sé. Más bien, parece que es por costumbre, como si estuviera conforme con este destino, sin sentido, sin sabor, sin amor.
Me envuelvo en mi abrigo cuando una pequeña ráfaga de viento se cuela por la ventana del asiento del copiloto. Antes amaba el frío y la lluvia, ahora casi no puedo soportarlos.
El clima va empeorando a cada minuto, ya ni siquiera puedo ver bien el paisaje. Así que hago lo mismo de siempre. Observo y juego con la pulsera que me dio aquella persona, la única que, hasta hace unos años, me apoyaba incondicionalmente. La misma persona que en un momento oscuro me brindó calidez, esperanza y más…
Un collar de perlas y esta pulsera son lo único que tengo como recuerdo de mi vida antes de estar atrapada en esta jaula por ÉL, por Jackson Hall.
Jackson y su amor dulce y cruel. Mi tormento y mi torturador. Un amor con tintes de odio y angustia.
Jackson, a quien no quería ver tan pronto y que llega hoy, el momento menos oportuno.
Sigo mirando cada una detalle de la pulsera, es una mezcla entre cuentas nuevas y viejas, las nuevas que son regalo de esa persona especial y las viejas, que son de una pulsera de mi madre. Todas se unen de manera armónica.
No sé cómo lo logró, pero es hermosa.
Un poco más tranquila paso mi mano hacia mi cuello, donde está el collar de perlas de mi madre. Después de unos meses descubrí que al tocar estos recuerdos puedo calmar mi corazón.
Siempre los traigo conmigo porque tengo miedo de que la gente de Jackson los desaparezca. Si eso llegara a pasar, me sentiría perdida…
Respiro hondo un par de veces más y eso es suficiente para poder tranquilizarme por completo, controlando mis emociones, como he aprendido a hacer en estos años.
Mis dedos van hacia un anillo de oro simple, sin detalles. El símbolo de Jackson, el símbolo de su propiedad.
Doy un suspiro cansado rodando el anillo en mi dedo.
Aún recuerdo a Jackson apareciendo frente a mí como un Dios, poderoso, amoroso y protector, comprensivo y tan generoso. Me ayudó a encontrar trabajo en la ciudad, me ayudó cuando perdí mi departamento, me dejó vivir en su casa… me llenaba de amor y me aferré a él. Hasta que, hace cuatro años, justo cuando pensé que me iba a pedir que fuera su novia… Me rompió el corazón por primera vez.
FLASHBACK
Jackson y yo caminamos tomados de la mano por la vereda del cementerio, rumbo a la salida, rumbo a nuestra casa. Estaba tan agradecida con él por acompañarme en este día tan importante para mí, porque se cumplía el primer año de la muerte de mis padres.
Estaba devastada, mi persona especial no estaba cerca, y Jackson me sorprendió llevándome con un gran ramo de flores hacia el cementerio. Hace unos momentos se presentó ante mis padres, prometió cuidarme y les contó sobre el amor que siente por mí.
En ese momento supe que estoy perdida y locamente enamorada de él. Ya no había vuelta atrás.
—¿A dónde vamos a hora? — pregunto cuando el auto avanza. La tristeza por el aniversario de la muerte de mis padres se siente un poco más ligera al estar con él, y más después de esta visita.
—Te tengo una sorpresa en casa, palomita— me dice con cariño, besando mi mano. Asiento con una risita por lo dulce que es.
Tal vez, mis padres lo enviaron desde el cielo para que me cuidara y amara, y yo no podía estar más agradecida y enamorada.
Este hombre es perfecto. Mi mirada recorre su perfil, su cabello castaño, su barbilla cuadrada, esa barba que le da un toque tan sexy y esos lentes que lo hacen ver más guapo e inteligente. Y es que este hombre es ingeniero y, además, estudia finanzas.
Es perfecto, no tengo otra palabra para describirlo.
Al llegar a casa, Jackson abre la puerta como todo un caballero inglés y yo le doy una sonrisa. Sin que me lo espere me toma de la cintura y me roba un beso intenso, nada comparado a otros besos que nos hemos dado, este es un poco extraño: intenso, que me somete, feroz… y termina siendo dulce y tierno, como siempre me ha besado.
Nos separamos con la respiración entrecortada y él me da una sonrisa divertida y enigmática.
Caminamos hacia la mansión y en específico, me guía hacia el comedor que está adornado con velas, mis rosas favoritas, vino y más delicias.
—¿Qué es esto? — pregunto sorprendida y emocionada.
—Es para celebrar— dice muy relajado, mientras me empuja suavemente hacia mi asiento.
—¿Qué vamos a celebrar? — pregunto confundida. Algo no está bien. Hoy no es día para celebrar. Por más que ame este detalle.
—Es para celebrar tu nueva vida— dice con una sonrisa extraña.
Mi corazón se acelera. ¿Una nueva vida? ¿Acaso me pedirá que sea su novia?
Jackson se levanta y camina hacia mí. Su andar es diferente, se siente opresivo.
Intento dejar de pensar en tonterías y me enfoco en él.
Al llegar a mi lado, se hinca de repente. Abro los ojos con sorpresa… esto parece una pedida de matrimonio y no para que sea su novia.
Mi rostro se sonroja y mis ojos comienzan a lagrimear como la cursi chica que soy.
Jackson saca una cajita de terciopelo color rojo y lo abre, mostrándome un anillo dorado. Mi respiración se corta. Esto no puede estar pasando o ¿sí?
—Mi palomita…— comienza a hablar Jackson con una calma que me causa más angustia que emoción— conocerte ha sido como una bendición. Era el destino reuniéndonos y yo, no puedo ir en contra del destino— su sonrisa desaparece.
Es extraño que su mirada no muestra la misma ternura que hace unos minutos. “Tal vez, es por los nervios”, pienso.
Jackson saca el anillo y toma mi mano, sobando cada uno de mis dedos.
—¿Quieres ser mi… amante, palomita? — pregunta con una sonrisa que me sabe a crueldad.
Mi rostro cambia, la emoción y la angustia dan paso al desconcierto y la indignación.
—¿Qué? — pregunto, por si escuche mal.
Jackson coloca el anillo en mi dedo.
—Te pregunté si quieres ser mi amante— dice al mismo tiempo que suelta mi mano y se levanta.
—¿De qué hablas, Jackson? Esto no es divertido. Mucho menos hoy, no estoy para bromas, es el aniversario de mis padres…
—Y de ahora en adelante será nuestro aniversario. Celebraremos este día como aquel en el que te convertiste en mi amante— dice con frialdad y sus palabras también me suenan a rencor.
FIN DEL FLASHBACK
Y así fue cuando el día más triste de mi vida se convirtió en el día que mis pesadillas comenzarían. Aquel día en que convertí en una amante secreta del hombre que pensé que conocía y me amaba.
Ni siquiera pude huir.