Capítulo 3. Solo por una noche

1688 Words
Charlotte Abro mis ojos con pereza, enfocando el techo de la habitación que debería odiar: el cuarto de Jackson. Mi torturador de ojos verdes no dejó que terminara mi cena para llevarme sin nada de delicadeza hacia el piso superior. Lo sabía, mi desaire había desatado a la bestia en su interior, pero no cualquier bestia, fue esa bestia que me confunde, que me recuerda a MI Jackson, aquel que fue mi luz, antes de hundirme sin una explicación en esta oscuridad. FLASHBACK Jackson me deja con un leve empujón sobre su cama con esa furia contenida, el rebote de mi cuerpo me hace marear y antes de que pueda intentar correr o pensar en otra cosa, su cuerpo musculoso está sobre mí. Puedo sentir su respiración en mi oreja y en mi cuello, es algo que siempre hace y me pone la piel de gallina, por más que no quiero responder y que no quiero que él vea alguna reacción, mi cuerpo responde a sus acciones. Odio eso. No quería que viera que sus manos y sus besos, pueden hacerme perder la calma. Como sus respiraciones profundas en mi cuello. —Jackson, no— digo en voz baja y mis manos van a su pecho para tratar de empujarlo lejos de mí. Grave error. Después de un suspiro pesado por su parte, toma mis manos y con esa furia desatada sube mis manos sobre mi cabeza para que no pueda moverme. Unas inmensas ganas de llorar aparecen… robándose mi calma, mi concentración en intentar ser inexpresiva… Él se molestaría si las ve, pero por hoy no me importa. ¿Qué importa eso ahora? Hoy, quiero llorar. Su desprecio, su abandono y luego, sus besos de consuelo son migajas que no quiero, que ya no quiero sentir. Cuando Jackson las ve, no se molesta como en otras ocasiones. Tampoco se aleja de mí, ni comienza a hacer un berrinche, ni me envía a mi habitación con rencor, como en otras ocasiones. Aún recuerdo que en los primeros dos años de su imposición en esta relación tan horrible, aún dormía con él, pero después de una gran pelea en la que perdí los estribos por la desesperación, por la decepción de estar con él, de haberlo amado… me dio una habitación diferente y dejó de intentar acercarse a mí, a menos que yo aceptara. Y así, todo se convirtió en una transacción en donde ambos, nos pedíamos un poco de atención, de él, pidiendo mi cuerpo y yo por momentos de libertad, de tranquilidad, sin él. Pero ahora, no se molesta por mi respuesta, su mirada cambia a aquella que me recuerda al Jackson del que me enamoré. Su mirada pasa del desinterés y rencor, a la preocupación, al arrepentimiento, y después, a la ternura. Vuelve a suspirar. Entonces, suelta mis manos y toma mi rostro con delicadeza. —Solo por hoy… solo por esta noche…— comienza a hablar, cerrando sus ojos, como si lo necesitara para tomar fuerza. Esa vulnerabilidad… me recuerda a ese chico que me contó su pasado, que lloró en mis brazos por la pérdida de su madre cuando era niño y de su padre en ese accidente. —Solo por hoy… seamos tú y yo, sin rencores, sin prisiones, sin el mundo allá afuera. Solamente, seamos… Charlotte y Jackson— pide en voz baja. Realmente, me implora por este momento. Abre los ojos y esa mirada me confirma su súplica. Cierro mis ojos para no verlo, para que eso no me haga tirar las barreras que me han costado construir frente a él. Sobre todo, porque no entiendo qué rencor tiene contra mí ni que hay en ese mundo exterior que nos impide ser felices o ser una pareja real. No lo entiendo. Solamente sé que soy una amante para él, escondida en esta jaula lujosa, como una cosa sucia, vergonzosa y sin valor; una que odia y pretende o, me hace creer, que me quiere, en lo más profundo de su ser, porque en la superficie muy pocas veces puedo ver ese supuesto cariño. —Por favor, Charlotte— pide con voz temblorosa. Las ganas de llorar vuelven, y mi corazón roto se aferra a esa minúscula parte de amor, gusto, costumbre o masoquismo, no lo sé, tal vez, es una mezcla de todo. Por dentro, una parte de mi cerebro me pide a gritos liberarme de mis propios demonios, permitirme ser y dejar que pase lo que tenga que pasar. La otra parte quiere seguir siendo como una muñeca sin vida, guardándome mis emociones hasta casi dejar de sentirlas, a esa calma que me adormece. ¿Qué hago? ¿A qué me aferro en este momento? Abro mis ojos poco a poco, viendo el rostro preocupado y triste de Jackson… esa súplica en su mirada me descoloca. Entonces, coloco mis brazos alrededor de su cuello para atraerlo a mí y besarlo. Nuestros besos comienzan siendo extraños y torpes, fríos y sin sentimientos. Ambos seguimos con nuestros labios juntos, sin mover ninguna otra parte de nuestros cuerpos, como si eso nos permitiera reconocernos poco a poco. —Te extrañé, mi palomita— dice con esa voz ronca y sexy, y llena de ternura. No respondo, no tengo nada que responder a eso. Mi cuerpo lo hace, él es quien lo extrañaba, no mi corazón. Jackson vuelve a besarme, ahora con más pasión, reconociendo mis labios, saboreándolos como hace años. Sus besos ya no me saben a compromiso y obligación, me saben dulces, me saben apasionados… como antes. Las manos de Jackson comienzan a viajar por cada parte de mí; tocando, apretando… desnudando con calma. Ya no está esa ira con la que antes me despojaba de mi ropa, en esas peleas por el poder que tuvimos en esta misma cama. No hay nada de eso, y eso es peor. Es peor porque me desarma, porque no puedo luchar con él apasionadamente, hasta tenerlo debajo de mí y controlarlo, tampoco puedo ser esa muñeca sin vida que no le devuelve nada de pasión, amor o interés, y que lo hace enfadar, al punto de casi dormir en la bañera con agua fría, porque no puede ni debe tocarme. Pero aquí está Jackson Hall, actuando como el chico del que me enamoré, el que con cada beso, con cada caricia y palabras dulces me hacía explotar en un frenesí… Y así, mi cordura comienza a desaparecer totalmente, dejándome envolver en su seducción, en una noche en la que solamente somos nosotros, sin más. FIN DEL FLASHBACK Sacudo mi cabeza para no pensar más en la noche loca que acabamos de tener y mejor, me estiro sobre la cama para desentumir cada parte de mí y aliviar un poco de dolor. Un poco más cómoda me levanto para ir a mi habitación, bañarme y cambiarme, todo para prepararme para mi día. Preparándome para el amanecer que desvanece la ternura y la pasión de la noche. Un nuevo día que se lleva a mi parte emocional y se lo lleva a él, también, porque al amanecer, ese Jackson ya no está. Bajo las escaleras y confirmo lo que pensaba. La casa tiene nuevos sirvientes, el ama de llaves siempre es la misma, pero los demás… son nuevos. En el vitral de la puerta se pueden ver las siluetas de los guardaespaldas. En el jardín, meticulosamente cuidado por mis manos está lleno de nuevos equipos de guardaespaldas. Claro, así es él. Cuando muestro un poco de mí y bajo la guardia, vuelve a cambiar mi entorno para que la jaula no sea cómoda, no sea tranquila, y no me sienta como en casa. —Señora, venga a desayunar— pide Violet con una sonrisa falsa. —Desayunaré arriba, gracias— No espero que responda, simplemente, subo las escaleras para encerrarme en mi prisión personal. Ni siquiera he cerrado la puerta cuando Jackson entra muy molesto. —¿Quién te crees que eres? ¿La dueña de la casa? Si te piden que bajes, lo haces. Si la comida está servida, comes— dice con voz dura. —Bien— salgo del cuarto. —¿Bien? ¿Así de fácil? —¿Qué más quieres que haga, Jackson? — digo con calma. Necesito que diga lo que yo que quiere que pronuncie para que me deje en paz. Su rostro se retuerce por el enojo. —Así que después de lo de anoche… Claro, era falso, como siempre— dice más para sí mismo, dejándome confundida. —Esta eres tú, la verdadera tú— dice con burla. —¿Qué quieres, Jackson? — repito, todavía con mucha paciencia y tranquilidad. Eso lo enfurece más. —Quiero… quiero que… ¡Dios! Sabes que, quédate aquí arriba, encerrada. No vas a salir hasta que yo lo diga, y más te vale que te mantengas al margen, que seas así de obediente. —¿Qué? ¡No!— levanto la voz por lo que dice. No puede ser, no otra vez. —¿Ahora vas a llevarme la contraria? ¿Dónde está la inocente palomita que asiente a todo? — se burla de mí. —Jackson, no quiero pelear, pero mi trabajo… —No me interesa saber lo que quieres o no. No saldrás de casa hasta que yo lo diga, mantente como lo has hecho hasta ahora: aburrida, silenciosa, obediente e insípida— responde con todo el veneno que tiene en su alma, pero no me podía esperar menos de él. —Te quedarás en mi habitación. Vendré más tarde.— y esa es una amenaza de que no tendré días tranquilos, por lo menos en un buen tiempo. Antes de desaparecer por las escaleras, lo escucho de nuevo. —Tal vez, deberías de renunciar al trabajo y quedarte aquí— Jackson termina de hablar y baja las escaleras, dejándome con el corazón adolorido. Mi trabajo es lo único que me saca de esta rutina infernal, no lo puedo perder. —¿Qué hago para que me deje en paz? ¿Qué hago para escapar de él? — pregunto entre lágrimas, tocando el collar de mi madre, esperando su consuelo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD