La lluvia seguía cayendo con ritmo constante, como si acompañara cada palabra de mi abuela. El camino hasta la sala de la casa se volvía más lento a su paso, aunque yo seguia completamente empapada. No protestaba, no esta vez. Su voz tenía esa fuerza particular, una cadencia marcada por los años y la emoción que emergía en cada relato. Mientras pasaba por las alfombras, su aliento parecía entrelazarse con la humedad del ambiente, cargado de algo más que recuerdos... casi una presencia. -Tú sabes que Johann no siempre fue como lo pintan en los retratos familiares... -comenzó, deteniéndose después de un rato de intentar levantarse pero no conseguía impulso para ello. Sus dedos buscaron la llave en su bolsillo para colocarlo en la pequeña mesa y el sonido metálico de estas cayendo marcara

