No Vas a Escapar De Mí

1318 Words
ALEXANDER POV El sonido todavía vibraba en mis oídos cuando la sujeté con más fuerza de la que debía. Aún no podia creer que esta maldita loca se atreviera a tocarla delante de mi. —¿Estás loca? —gruñí, apartándola de Elisa. Abril no forcejeó. No gritó. No intentó soltarse. Solo me miró. Y esa fue la primera vez en años que su mirada no buscó provocarme… ni seducirme. Era fría. Clara. Despierta. Demasiado… diferente. Elisa sollozaba detrás de mí, llevándose la mano al rostro enrojecido. —Vámonos, Alex… por favor. No quiero que discutan por mi culpa. Abril soltó una risa baja. Ni siquiera era burlona. Tampoco histérica. Una risa totalmente seca. —Siempre tan conveniente, maldita víbora —murmuró. —Cállate de una vez por todas—le advertí entre dientes. —Oblígame— respondió en el mismo tono. Su mirada seguia siendo desafiante. No habia miedo alguno en esos ojos. Sus ojos… en ellos juro haber visto algo inusual. Pero ella parpadeó y giró el rostro hacia Elisa. —¡Mírame!— gruñí girándola hacia mí. Me sostuvo la mirada. Con esa misma altanería. —¿Qué? ¿Perdiste algo? —Abril, no voy a permitir que vuelvas a hacer esta idiotez. — advertí. Mi pulso estaba acelerado. La rabia me ardía en la sangre. Pero ella no me miraba a mí. Miraba a Elisa. —¿Sabes qué es lo peor de toda esta basura? —continuó, ignorándome por completo—. Que te crees víctima. Eres fenomenal en tu papel de hacerme la villana. Pero si te encanta que lo sea, voy a complacerte de ahora en adelante. Elisa tembló detrás de mí. —No te he hecho nada, fuiste tú que… —Exacto —respondió Abril con una calma que me tensó la espalda—. No me has hecho nada. Porque nunca has tenido que hacer nada. Todo te lo dan servido. Además, te encanta provocar este tipo de situaciones, voy a hacer que te arrepientas cada vez que lo intentes. —Basta, Abril. Estás llevando esto muy lejos—ordené. Ella giró el rostro hacia mí. Y ahí estaba otra vez esa expresión que no sabía leer. —¿De verdad quieres que pare, Alexander? —preguntó despacio. Me molestó que usara mi nombre completo. Me molestó que no sonara alterada. Me molestó que no pareciera arrepentida ni siquiera un poquito. Al contrario, lo estaba disfrutando. —Te estás pasando. —No —negó suavemente—. Apenas estoy empezando, imbécil. Sentí un golpe seco en el pecho. No era nada físico. Algo más profundo. Elisa volvió a aferrarse a mi brazo. Sollozando, vulnerable. —No quiero más problemas… por favor. Ya no discutan por mi culpa. La miré. Su piel estaba roja, pero sus ojos… sus ojos no tenían miedo. Tenían algo más. Expectativa. Volví a mirar a Abril. Ella lo notó. Siempre lo nota todo. —No te preocupes, querido—dijo con voz firme—. Me iré este mismo día. El silencio cayó pesado en la cocina. Elisa dejó escapar un suspiro contenido. Yo tragué saliva. ¿Por qué esa frase no me dió alivio? ¿Por qué sentí esta maldita presión que me quitaba el aire? Abril se apartó con suavidad de mi agarre. Caminó hacia el pasillo sin apresurarse. Sin dramatismo. Antes de desaparecer, se detuvo. Sin mirarnos. —No vuelvas a tocarme así, Alexander —dijo en voz baja—. No tienes derecho. Y la próxima vez, te aseguro, que no respondo. Su silueta desapareció, pero su actitud, su voz, toda su presencia seguía llenando este lugar. Y por primera vez en mucho tiempo… no supe quién había ganado realmente. Elisa apoyó la cabeza en mi hombro. —Lo siento mucho Alex … no quería que esto pasara. No quiero que por mi culpa… ustedes acaben así. Pero yo ya no estaba escuchando. Porque algo en la forma en que Abril había dicho que se iría… Sonó definitivo. Y eso, más que la bofetada, más que su sonrisa, más que su provocación… Fue lo único que logró inquietarme de verdad. —¿Alex?— me jaloneó Elisa. Limpiandóse el rostro. Me giré hacía ella con suavidad y traté de sonreír. Pero solo fue una simple mueca. —¿Estás bien?— pregunté en voz baja y suave. Lo mismo que solía hacer cuando sucedía esto. —Me duele un poco— dijo acariciando el lado enrojecido y con esa sonrisa dulce que derrumbaba todos mis muros. Pero… esta vez fue diferente— aunque con un beso tuyo se me quitará. Sonreí y la complací. —¿Por qué estas aquí tan temprano?— pregunté con suavidad. Ella sonrió bajando la mirada. —Es que anoche saliste muy apresurado y no regresaste. Me preocupé y por eso vine, lo siento. —Ya no te disculpes. No es tu culpa. Se presentó algo urgente. Debi avisarte. Dije eso, pero ya no sabia que sentir. Es que Elisa era todo lo diferente a esa arpía de Abril. Ella era sensata. Cariñosa, servicial. Demasiado buena. En cambio Abril, ella… ella era mentirosa, infiel, orgullosa, altiva, odiosa en todos los sentidos. Siempre desafiándome. Siempre empujando los límites. Y aun así… quería estar a mi lado, sin importar cómo, sin importar qué. Y tal vez lo que más me enfurecía… era que una parte de mí nunca había logrado sacarla. No. Claro que no. La odio. Por ella Elisa ha tenido que sufrir. Por ella mi vida ha sido un completo infierno. Y no, no dejaré que tenga la última palabra. Aún no la he hecho sufrir. Aún no he provocado que desee la muerte. No va a escapar así sin más. —Alex… —susurró Elisa, levantando el rostro—. No quiero que ella nos siga causando problemas. Nos. La palabra retumbó en mi cabeza. Asentí, aunque algo dentro de mí no estaba tan convencido. —No lo hará —respondí con firmeza—. Le daré una buena lección por esto. Lo prometo. Ella asintió. Pero yo no estaba convencido de ello. —¿Crees que exageré? —preguntó en voz baja. Fruncí el ceño. —Ella te golpeó. Elisa dudó apenas un segundo. —Sí… pero estaba alterada. Abril siempre ha sido impulsiva. Siempre. Otra palabra que me molestó. —No la justifiques —dije seco. Elisa asintió de inmediato. —Tienes razón. Siempre tenía razón. Siempre cedía ante mí. Siempre era suave. Demasiado suave. Me alejé unos pasos y miré hacia el pasillo otra vez. Todo estaba en silencio. Abril nunca se iba en silencio. Ella explotaba. Discutía. Lanzaba palabras como cuchillas. Pero hoy no. Hoy había algo distinto. —Ve a casa. Iré a la hora del almuerzo —le pedí con una sonrisa suave—. Voy a hablar con ella. Elisa levantó la mirada, sorprendida. —¿Ahora? —Sí. Esto no puede quedar así. Tiene que dejar de atacarte y de desafiarme. Tengo que parar esto hoy. Ella dudó. Solo un segundo. —Está bien… pero no discutan otra vez, por favor. Asentí. —Si lo hacemos, no será tu culpa, hermosa. —Está bien. Voy a esperarte con un rico almuerzo —dijo. Me besó en los labios con suavidad. Me aparté. Ella frunció el ceño. —¿Pasa algo? —preguntó dolida. Miré a mi alrededor. —Tenemos que ser discretos —mentí—. No quiero que te anden señalando. No quiero verte sufrir. Ella sonrió aliviada. —Tienes razón. Nos vemos. La vi alejarse y sentí alivio. ¿Por qué? ¿Qué me pasaba hoy? ¿Qué diablos cambió? Caminé hacia el pasillo. Cada paso se sentía más pesado que el anterior. Cada respiración más difícil. Pero debía ser más fuerte con ella. Y aún le faltaba mucho por pagar. No se irá así sin pagar lo que debe. No lo permitiré, Abril Vandergeld.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD