Enseguida, Catherine le marcó a Marcus. Ahora entendía cuánta razón había tenido al preocuparse por ella. Era una locura; si desde un principio lo hubiera escuchado, ahora no estaría en ese hospital, con el cuerpo molido y con la incertidumbre de si sus bebés estaban bien. A pesar de que el doctor dijera que sí, no se sentía tranquila aún. Sintiendo sus dolores y malestares, era un milagro no haber perdido a sus bebés. Pero si eso hubiera pasado, jamás se lo hubiera perdonado por ser tan cabezadura en ese momento. Entendía lo importante que era terminar con el mayor tráfico de blancas en la ciudad, pero tal vez la solución más sensata era pedir ayuda y no tratar de ser la heroína de todo. Era mejor hacer las cosas por otros medios. Catherine miró a Ken mientras hablaba por teléfono y

