En otro lugar: Sansa y Diego llegaron a la casa de seguridad, completamente agitados y asustados. Parecía como si hubieran visto un fantasma; habían vivido el susto de sus vidas. Todo pasó tan rápido que no podían asimilar lo ocurrido. Diego se llevó una mano al pecho y suspiró pesadamente, aún muy asustado. Lloraba inconsolable, deseando a sus padres. Sansa no sabía qué más hacer, ella también estaba igual de asustada. Sasha se acercó a ellos para preguntar qué había pasado y por qué venían en ese estado. Su semblante lo decía todo, había ocurrido algo muy grave. Intentó tranquilizarlos para que pudieran explicarle lo ocurrido, pero parecía que no escuchaban razón alguna, hasta que finalmente Sansa empezó a hablar con la respiración un poco menos agitada. —Señora Sasha... —Sansa hab

