—¿No lo ves? En realidad, me acaban de hacer un gran favor, uno muy grande. —La sonrisa seguía intacta, una verdadera sonrisa de felicidad que ninguno de los dos aludidos podía entender. No hacía falta que lo hicieran, porque solo era para él. —¿Ahora de qué hablas? —Catherine se puso de pie junto a Marcus y frunció el ceño sin entender nada. Otra vez Ken empezaría con sus delirios mentales. No recordaba que fuera así en el pasado. Ahora era extraño. —Ahora puedo ser libre y mi hija también... —Ken dijo sus últimas palabras, como alientos de felicidad. Ambos no supieron qué pensar y se inclinaron hacia él, posicionándose en cuclillas. Esto era algo que no sabían y tenían curiosidad de descubrir. —¿Tienes una hija? —Marcus preguntó, confundido por todo, especialmente cuando Ken parecía g

