El turno en el MUMBAI ha terminado y ahora me encuentro caminando por la acera rumbo a mi apartamento, las calles son desiertas como es habitual a las doce de la mañana, aunque la noche sea calurosa, un escalofrío recorre mi espina dorsal y detengo mis movimientos cuando lo veo a la distancia, recargado en la pared junto a la entrada de mi edificio. Cierro los ojos por un segundo, estoy decidida a ignorarlo y solo pasar de largo, pero con él no es tan simple y tenía que imaginarlo ya. —No pretenderás ignorarme y dejarme aquí o ¿si? —Estoy a punto de pisar el primer escalón, pero me detengo al escucharlo—. Sí que saliste una fiera. —Ríe—. Mira que hablarle de esa forma a Marcus. —Se toma la barbilla, pensativo—. Recuerdo la última vez que alguien le gritó así, solo le bastó una bala entre

