CAPÍTULO CUATRO Laura cruzó los brazos sobre el pecho, apoyando la taza de plástico vacía contra el brazo. En lugar de la enfermiza iluminación del techo del hospital y el leve olor a antiséptico, lo único en lo que podía pensar era en la sensación de oscuridad que se había apoderado de ella cuando abrazó a Amy. El miedo que incluso ahora seguía haciendo que su corazón se acelerara. —¿Quieres otro café? —preguntó Nate, haciéndola mirar a su alrededor. Laura ni siquiera se había dado cuenta de que él estaba allí. Todavía tenía un poco de polvo en su cabello oscuro rizado, rapado pulcramente en la parte superior de la frente. —Probablemente sea mejor que no —dijo Laura, echándole una mirada irónica. Ella ya estaba activada, la energía vibraba bajo la piel. No era lo mejor contra el agotam

