Tatiana se despertó sumamente adolorida. Le dolía todo el cuerpo, la cintura, la cabeza. Como si le hubiera pasado un camión por encima. Hasta levantar sus párpados dolía. Tenía cables saliendo de su catéter en el pecho, una bata de hospital. Conocía el lugar a la perfección. Era la Fundación Hospital especializada en problemas de la sangre dónde ella se atendía. — Hola dormilona — dijo la enfermera. — Yo...¿ qué hora es?. ¿Que hago aquí? — no podía recordar mucho de la ¿noche? anterior. Isa había golpeado la puerta de su casa luego de que se desmayó y luego no recordaba mucho más. Era como una especie de bruma niebla mental, que no le permitía recordar bien. — Estás internada linda — le contestó la enfermera — Pon esto bajo tu brazo por favor — dijo y le alcanzó un termómetro. Mien

