Jeremy: Alejé mi tacto de Verónica y me quité rápidamente las lágrimas de mi rostro. No quería que ella viera mi vulnerabilidad, necesitaba verme fuerte. Justo cuando hice esto, la vi removerse y mi mano fue nuevamente a la suya, entrelazando nuestros dedos. No pronuncié palabra, mientras veía como sus pestañas se levantaban y la escuché quejarse. Me acerqué más a ella, quería abrazarla para aliviar sus dolores, pero me contuve, solo le haría más daño, o eso creía. —¿Verónica? —La llamé e inmediatamente sus ojos cafés me observaron y el alivio que vi en su expresión, no me pasó desapercibido. Mi propio corazón vibró con la misma tranquilidad que ella sentía y por la felicidad de verla bien. —Jeremy, ¿estás bien? —Me pregunta con ansiedad y comprueba mi cuerpo con su mirada. Negué con

