Así que ese era el enojo de mi madre, no podía creer que se atreviera a tanto. Sabía bien que no era de su agrado, pero llegar a este nivel era algo que definitivamente no me esperaba.
—Mamá, ¿En serio soy tu hija? Quiero que me lo digas francamente, porque pareciera que me aborreces por completo y hasta maldices por tenerme como tu sangre.
—Para mi desgracia, si eres mi hija, yo te parí y me dolió demasiado. Pensé que con el tiempo iba a valer la pena, pero me doy cuenta de que no es así. Solamente eres un estorbo que día a día me hace sentir una vergüenza enorme.
—Mamá, ni siquiera los leones son capaces de comerse a sus crías, las cuidan y las alimentan. Pero tú dices que carezco de inteligencia a pesar de que me voy a graduar dentro de poco para ser la mejor arquitecta de la generación.
—¡Incluso en eso! Terminaste escogiendo una carrera de hombres, no sé si en serio te has propuesto hacerme la vida un infierno, porque te informo que lo estás haciendo. Bien pudiste escoger una carrera afín para las mujeres como medicina, secretariado, cocina, belleza y todas esas cosas. Pero no, la niña decidió ser arquitecta solo porque su padre lo es.
—Mamá, no hay carreras para hombres y mujeres. Lo que estás diciendo es demasiado ignorante y te hace ver como una bruta.
Paf…
La mano de mi madre aterrizó en mi mejilla y pude sentir cómo mi piel ardía. La miré y sentí las lágrimas al borde de mis ojos.
—Me has pegado —respondí mientras la primera lágrima se deslizaba en mi rostro —. Te atreviste a golpearme, nunca antes lo habías hecho.
—Bueno, creo que debí hacerlo más frecuentemente a lo largo de los años. Quizás de esta manera no te hubieras malogrado como lo hiciste. Esa sí es mi culpa, no darte la disciplina necesaria para poder hacer una mujer completa y no una machorra.
—Mamá, en serio que cada día te vuelves más cruel.
—No me salgas con tus reclamos estúpidos, se te ha brindado todo lo necesario para que seas una mujer completa y ahora sales como una marimacho. En serio que eres más que estúpida, entiende que tu destino es casarte con un hombre rico, por algo he parido una mujer —ella me quedó mirando de pies a cabeza —. Aunque la realidad es que cada día estoy dudando cada vez más de eso, ahora solo me falta que me digas que eres lesbiana.
—¡Basta mamá, entiende que tus palabras me lastiman demasiado! —lloré al escucharla —no puedo creer que te digas ser mi madre.
—No me grites —ella jaló mi cabello —entiende que no estás en posición absoluta de ofenderte porque al final de cuentas eso es lo que te has ganado con tus actitudes tontas de hacerte la digna. En nuestra sociedad es normal los matrimonios por conveniencia, ¿Por qué crees que me he casado con tu padre? No era el más guapo de todos, pero si el que tenía la billetera más gruesa.
—Algo en mí me decía que eso era una posibilidad, pero no quería creerlo. En conclusión eres una prostituta de las finas, te vendiste al mejor postor y por eso es que te casaste con mi padre.
—No me vengas a juzgar, al menos por mí llegaron a pagar mucho. Por ti más bien quieren sacar beneficios, pero estoy dispuesta a darlos si te llevan lejos de mi vista, porque cada día que pasa, te aborrezco cada vez más. Eres un estorbo en mi vida, entiende eso de una maldita vez, machorra asquerosa.
Mi mamá soltó mi cabello con tanta fuerza que mi frente terminó por estrellarse con el tablero del carro. Arrancó sin importarle que mi frente se estaba inflamando y tenía demasiado dolor.
—Mamá, por favor quiero que me lleves al hospital —pedí con dificultad —no me siento muy bien.
—No seas tan exagerada que no te di tan duro, además tengo que ir a la iglesia porque estoy organizando un evento de caridad para los niños sin padres, pobres criaturas. Ellos si se enfrentan a dificultades en la vida, no como tú, marimacha de quinta categoría.
No quise discutir, al final solo me recosté en el asiento y cerré los ojos. El dolor era horrible y punzante, solo esperaba que no fuera algo grave.
—Niña, despierta que ya hemos llegado a la casa —mi mamá me sacudió con fuerza —vamos, no me hagas dejarte dentro del carro. Me lo vas a ensuciar con tu baba si te duermes aquí.
Ya estaba acostumbrada a los malos tratos de mi mamá, lo cierto era que no podía cambiar nada de eso porque no quería decirle nada a mi papá.
Algo en mi albergaba la esperanza de que quizás en algún momento ella iba a cambiar y me iba a tratar como su hija.
—Deja de estar pensando en estupideces —ella me jaló fuerte del brazo y me jaloneo —quiero que te encierres en tu cuarto y no salgas de ahí, sinceramente no me apetece verte en absoluto y mucho menos quiero que las visitas te miren.
—Está bien, mamá —respondí con docilidad sabiendo que no me convenía decirle nada —quizás más adelante me llevas al hospital, en serio que no aguanto la cabeza.
—Deja de decir tonterías, ahora vamos a tu cuarto. Como si alguien se hubiera muerto por un chichón en la frente, niña dramática.
Al final terminé encerrada en mi cuarto como cada ocasión que mi mamá tenía una reunión con sus amigas de la caridad. No podía entender como esa mujer era así conmigo y con niños ajenos solamente sabía mostrarles un lado que nunca había conocido.
—Me duele la cabeza —fui a mi baño y miré mi frente inflamada —eso en serio que se mira mal.
Quizás con un poco de hielo iba a rebajar la inflamación, pero no podía bajar a la cocina y si llamaba a las empleadas por el intercomunicador se iba a escuchar mi voz.
Al final lo único que pude hacer fue recostarme en la cama y esperar que la inflamación bajará por su cuenta.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero al despertar sentí una presión en mi ojo que me impidió abrirlo completamente. Me levanté un poco desorientada y terminé por arrojar algunas cosas que estaban a mi paso ocasionando un enorme estruendo con el que pedía que mi mamá no lo hubiera escuchado, fue ahí donde la puerta se abrió.
—¡Cariño! —mi papá se acercó a mí y pude ver su mirada de angustia —¿Qué te ha pasado?