Las conversaciones con Felipe se volvieron más frecuentes; dejé de ir a la universidad porque ya las clases o lo que sea que teníamos que asistir se habían vuelto más flexibles y, dado que hablaba con él por varias horas, era que no salía de mi cuarto, así que mi mamá se encontraba totalmente tranquila.
—Eres una princesa hermosa. —Él me mandó emojis de besos—. En serio que muero por comerte a besitos.
—Eso es porque no me has visto en las mañanas; mi pelo tiene personalidad propia, parece melena de león.
—Todo en ti es bello y está perfecto.
—Espera que me conozcas más, vas a ver cómo cambias de opinión de una vez por todas y te preguntas a qué horas le mandaste mensaje a esta loca salida del manicomio.
—El exterior no importa; en cambio, quién eres siempre perdura.
—Estoy más loca que una cabra recién salida del kilómetro cinco.
—De hecho, eres bastante razonable y no eres así.
—Espera un momento que te estoy vendiendo el lado cuerdo por el momento. Cuando venden la fruta, solo muestran el lado bonito y no el magullado.
Habían pasado exactamente doce días desde que habíamos estado hablando; los mensajes con Felipe eran el pan nuestro de cada día y sentía como si caminara en una especie de nube.
Comencé a hablar con él como era normal, pero justo ese día lo sentía un tanto distante. No sabía qué era lo que estaba pasando; sin embargo, su manera de hablarme era totalmente distinta, así que al final decidí ponerme lo más seria posible.
—Hola, bonita, disculpa, pero ayer fue trabajo de campo y me tocó entrar en rigor. Además de eso, me estoy sintiendo mal debido a que me encuentro con gripe.
Y ahí se encontraba la respuesta lógica; me sentí mal, no podía creer lo infantil que había sido con este hombre.
—Lamento que te encuentres enfermo, deberías descansar. Bebe limonada caliente o té, eso funciona bastante bien —escribí olvidando por completo la decepción que sentía antes—. Trata de abrigarte y no duermas con el aire acondicionado tan helado.
—Gracias, bonita, me bebí un té de jengibre con limón.
—Espero que ya comieras, trata de comer algo suave para tu garganta, no vaya a ser que la lastimes. Si desayunas cereales deja que la leche suavice las hojuelas lo suficiente para que no raspe la garganta.
Me sentía totalmente preocupada por Felipe, quería estar ahí para poder cuidarlo, pero el momento de conocerlo todavía no había llegado.
—Dulces sueños, chico tímido.
Ese fue el último mensaje que le dejé después de un buen rato, supuse que se había dormido con todo lo que probablemente estaba tomando de medicamentos. Además de eso estar enfermo agotaba.
Extrañaba demasiado a Felipe, pero debía ser una persona comprensiva. Le dejé un mensaje preguntando por cómo seguía, no quería ser intensa, sin embargo me encontraba totalmente preocupada por él.
Mientras leía una revista cualquiera de esas que mamá deja tirada, escuché una notificación que fui a ver de inmediato.
—No eres intensa, eres un ángel —ponía varios emojis de corazones y besos —para comerte a besitos.
Me vi sonriendo, pero la duda me invadió al pensar en si realmente las cosas se iban a dar o simplemente no tenía derecho a amar y ser amada.
—Me tienes embobada y tengo miedo, pero el que no arriesga pues no gana. Lo peor es quedarse con las dudas de lo que pudo haber pasado.
—Miedo por qué, no soy tan malo —respondió casi al instante —quiero que te expliques, quizás pueda ayudarte de alguna manera.
—Sé que no eres tan malo, pero cuando ando así como estoy contigo soy vulnerable aunque suene un tanto cursi. Siempre he tratado de mantenerme fuerte, sin embargo contigo las barreras se bajan y eso da miedo de alguna manera. No obstante quiero confiar que lo que sea que tenemos, va a funcionar. Incluso por eso no le he dicho a todo mundo que estoy hablando contigo, no por mantenerte oculto sino porque no quiero que las malas vibras de la gente vengan a arruinar todo. Has superado por mucho mis expectativas, Felipe.
—Tranquila que yo no haré nada malo, todo con paciencia saldrá bien. Y no entiendo cómo es que he superado tus expectativas, al fin de cuentas solo he sido yo y hablamos de todo un poco.
—Te creo cuando me dices que no harás nada malo, y sé bien que todo es con paciencia, ir pasito a pasito. Y sé bien que has sido tú mismo, justo por eso es que has superado mis expectativas, tus atenciones conmigo nadie las ha tenido; desde familias, amigos y otras personas. La manera en la que tienes de tratarme, realmente eres muy dulce y lindo conmigo.
—Solo soy bueno contigo, eres una gran mujer, en serio que no hay nadie más y te juro que jamás te voy a hacer daño.
Sabía bien que así iba a ser, él no me iba a causar daño y realmente esperaba que las cosas se dieran.
—Espero que no te espantes con todo lo que te dije, realmente no te quiero perder. Poco a poco has entrado en mi vida de una manera en la que no esperaba que nadie entrara.
—No me espantas en absoluto, me siento contento de estar hablando contigo. Espero que la licencia salga pronto para así ir a traerte a tu casa. Realmente quiero conocerte.
—Está bien, espero que todo sea pronto. En serio quiero estar abrazado contigo y no soltarte en absoluto. algo así como una serpiente constrictora.
—Que lindo, ya me dijiste serpiente —me reí con la manera que tenía de expresarse —en fin, bonita manera que tienes de tratarme.
Comenzamos a molestar, poco a poco las cosas se comenzaron a poner un poco picantes y las indirectas que Felipe mandaba eran suficientes para que pudiera entender una cosa.
—Felipe, en serio quiero estar contigo, pero tengo miedo. Y no es tu culpa, sé que no. Pero apenas vamos a tener la primera cita, no es muy decente e inalcanzable de mi parte…