Punto final

1906 Words
Cuando despertó lo hizo con un leve dolor de cabeza, efecto de todo lo que había estado pensando el día anterior sobre Taylor, y Thomas, a su lado, moviéndola levemente para que despertara. –¡Ma! –seguía exclamando una y otra vez. Emily lo tomó de un brazo, indicándole que dejara de sacudirla y se refregó los ojos con la mano libre. –¿Qué sucede cariño? –le cuestionó mientras intentaba unir las ideas y despertar del sueño que había estado teniendo. –Esta el desayuno, Ma –le dijo con una leve sonrisa y ella se la devolvió. –Ahora voy cariño, déjame que me levante y me despierte, ¿Vale? El niño asintió con energía y sin borrar su sonrisa de su rostro y ella lo vio irse de la habitación para darle el espacio que necesitaba para poder levantarse en paz y sin sentirse abrumada por el día que le esperaba. Fue entonces que se quitó de encima las sábanas que la cubrían y se dirigió sin problema hacia el baño que se encontraba dentro de la habitación y era compartida con la habitación de su hijo, donde decidió tomar una ducha rápida ya que el día anterior no había podido hacerlo por el horario en el que había llegado. No había querido despertar a su hijo y sabía que tampoco hubiese habido agua caliente a esas horas, por lo que, sin pensarlo, se metió a la ducha, sintiendo el leve frío del invierno que parecía avecinarse sin tregua alguna. El agua y el sonido de la ducha logró calmarla un poco, no por lo fría que había estado la misma al principio, sino por lo leves nervios que parecía aflorar de lo más profundo de su ser, sin saber la razón. ¿Por qué estaba intranquila e insegura? ¿Por qué algo dentro de ella parecía gritarle que algo malo sucedería? Pero intentó pasar por alto aquella sensación y disfrutar de un desayuno tranquilo y sereno con las dos personas que ciertamente más apreciaba, a parte de su abuelo y todos aquellos que la ayudaban siempre a levantarse, a valerse por sí misma y también que la inspiraban a ser una mejor mujer, una mejor persona. Aunque todo aquello se vio hecho añicos en cuanto escuchó la puerta de ingreso abrirse y segundos después vio a Taylor aparecerse en la cocina, interrumpiendo aquel desayuno que parecía iba a ser inalterable. Thomas no pudo guardar su felicidad y sin siquiera pensarlo y sin siquiera dejara a ella reaccionar corrió a las piernas de su padre, abrazándose a ellas con una sonrisa de oreja a oreja y también gritando “¡Papá!” en el proceso. –Creí que llegarías más tarde –le dijo Hope levantándose e intentando alejar a Thomas de su padre, pero este parecía prendido a las piernas de este. Emily no salió de su transe. Taylor no tenía siquiera una expresión de agrado en su rostro y menos aun cuando su propio hijo corrió hacia él y aquello ciertamente la enfadó y más aun cuando alejó a Thomas a la fuerza de él. –Estoy cansado –fue lo único que dijo sin prestarles ninguna atención. Se dirigió a la heladera, sacando lo que pareció ser un helado y desapareció por la puerta, dejando a Thomas llorando en los brazos de Hope. –Ese idiota –farfulló mientras intentaba limpiar las lágrimas del pequeño –Tranquilo Thom –comenzó a decir mientras intentaba tranquilizarlo –Papá solo está cansado y… No es que no quiera jugar contigo, pero… –Emily sabía que hope intentaba a toda costa excusar a su hermano, pero ya no valía escusa alguna por alguien como Taylor. Fue por ello que se levantó y sin más se dirigió a la habitación de este, abriendo de golpe la puerta, viendo que se estaba quitando la ropa para acostarse y sin miramiento alguno, cruzó la cara de este de un cachetazo. –¿Ahora me puedes explicar por qué mierda fue esto? –le gritó de mala gana. –Por ser un imbécil –le contestó furiosa –¿Acaso eres idiota? Se perfectamente que no quieres ningún tipo de relación con Thomas, pero no te costaba nada ser un poco más considerado con el niño –le gruñó y Taylor se le quedó mirando, con una de sus manos en la mejilla que había golpeado. –¿Qué esperabas? ¿Qué lo recibiera entre mis brazos y me hiciera el padre del año? Madura Emily, ya te he dicho cientos de veces que no quiero tener nada que ver con ese niño. Emily apretó con fuerza sus manos. Se sentía impotente y furiosa, porque a pesar de que siempre había querido proteger a su niño sabía que nunca podría hacerlo de Taylor y viviría el dolor de no poder contar con un padre presente. Sabía que tarde o temprano Thomas caería con las consecuencias de que uno de sus padres no quisiera saber de su existencia. –Por lo menos podrías haberlo tratado mejor –le dijo entonces mientras intentaba calmarse. –Si lo hiciera terminaría prendiéndose a mi y no es lo que quiero y tampoco creo que sea lo que quieres tú. Emily frunció el ceño. –Siempre he querido que tuvieras una buena relación con Thomas –le contestó ciertamente sin entender sus palabras. –Tratarlo bien no cambiará el hecho de que yo no soy nada en su vida. –Eres su padre –le corrigió. –Biológico, pero no soy su padre –Taylor inspiró con fuerza y espiró antes de mirarla y enfrentarla –Ya hemos tenido esta conversación Em y saber cómo terminará todo. Es en vano que intentes que tenga una relación con un niño que ni siquiera lleva mi apellido… Emily rio seca. –¿Ahora te molesta que no haya querido ponerle tu apellido? Taylor rio seco y colocó sus brazos en jarra. –Sabes que nunca deje de pensar que era una buena idea que llevara tu apellido. Ya te lo he dicho. Thomas no es mi hijo. Emily volvió a apretar con fuerza sus manos, sintiendo la frustración surcar su cuerpo con aquella última frase. –Es verdad –terminó diciendo frustrada –Me olvidaba que nunca tendrás las agallas para hacerte responsable de algo en tu vida. Taylor no pareció perturbarse por sus palabras, todo lo contrario, dibujó una leve sonrisa en su rostro. –Al fin pareces entender que… –Pero lo que he dicho no significa que esté de acuerdo –le cortó enfrentándolo con la mirada. Una mirada penetrante y molesta –Todos en la vida tenemos que enfrentar algo que nos supera Taylor –comenzó –Yo he tenido que hacerlo con Thomas, e incluso he sentido veces que me superaba. Tuve noches enteras sin dormir, conteniendo las lágrimas porque tenía una pequeña vida entre mis manos que no podía dejar que viera que era débil. Me he tenido que levantar yo sola de un oscuro agujero del cual creí nunca saldría. He tenido que luchar contra mis propios demonios y contra mi misma por no darme por vencida. No por mí, o quizás si en parte, pero también porque sabía que había gente que contaba conmigo, que me apoyaba, que me quería, que estaría allí para cualquier cosa que necesitara –sonrió débil –Quizás a veces el orgullo me ganaba y no pedía la suficiente ayuda o por lo menos, no toda la que necesitaba, pero sabía que estaban allí… Tú también tienes a esas personas a tu alrededor, pero está en ti el querer verlas. El querer mantenerlas. El querer estar con ellas –inspiró con fuerza –Yo soy una de esas y sabes que siempre puedes contar conmigo, a pesar de que la mayoría de las veces quiera golpearte –ambos dejaron escapar una leve risa ante aquello último –Pero me he decidido –sentenció –He decidido que es tiempo de dejarte atrás. Taylor se que quedó mirando sin llegar a comprender cien por ciento lo que le había querido decir. –¿Qué quieres decir? –cuestionó entonces. –Que puedes seguir contando conmigo para lo que quieras, pero que, de ahora en adelante, Thomas no vendrá más aquí. Taylor tragó con fuerza. –Le diré a Hope que siempre será bienvenida a nuestra casa y que si quiere pasar tiempo con Thomas puede hacerlo cuanto quiera, pero no aquí, no en la casa de alguien que no lo quiere y que, gracias a su ingenuidad de niño, no entiende tu rechazo. Un leve dolor se instauró en su pecho, un dolor que parecía nunca llegaría a desaparecer, porque, a fin de cuentas, quisiera o no, estaba poniéndole un punto final a aquella relación insana y tóxica que no había nunca llegado a ver. –Hubiese apreciado que hubieras valorado más a tu hijo Taylor, pero no puedo seguir así. No puede seguir así nuestra relación porque lo único que estamos causando en nuestro… En mi hijo –se corrigió –Es un dolor que en algún momento no podrá superar. –¿No lo dices por ti también? –le cortó él sin dejar de mirarla y dejándole ver que, en cierto punto, sus palabras le dolían. –También es por mí y por todos los recuerdos que tengo en esta casa, en esta habitación y en cada rincón –se sinceró –En verdad te amé Taylor, pero nunca fuiste capaz de ver más allá de tu propio egoísmo y aquello fue lo que terminó separándonos, no Thomas. Terminó tan segura de sus palabras y esa seguridad se reflejó tanto en su rostro que Taylor no pudo rebatir ni decir nada al respecto. –Espero tengas una buena vida Tay –le dijo Emily intentando dibujar una sonrisa en su rostro, sintiendo como si todo dentro de ella se derrumbara –Suerte –ahogó un sollozo y sin más salió por patas de la habitación, manteniendo aun la manilla de la puerta, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a surcar su rostro, sintiendo una vez más aquella impotencia que Taylor le hacía sentir cada vez que lo veía, pero que se había prometido que aquella sería la última vez. La última vez que lloraría por alguien que ciertamente no lo valía, a pesar de que había sido importante para su vida, la última vez que pensaba en él o siquiera se preocupaba por él. Ambos habían crecido, ambos se habían hecho adultos y a pesar de que hubiese querido que Taylor creciera a su lado, al igual que ella, sabía que aquello nunca sucedería y aquello tenía que tener un punto final. Y ya había llegado. Pero aquello ni significaba que no doliera o que pasaría de un día para el otro y menos aun de un momento para otro. Así que limpiándose las lágrimas e inspirando con fuerza para reunir el valor y hablarlo con Hope antes de que se fuera con Thomas para el trabajo, decidió bajar, encontrándose a los dos desayunando como si Taylor no hubiese alterado la paz que habían tenido antes de que el mismo llegara, agradeciéndole internamente a Hope por la habilidad que tenía de tranquilizar a Thom. –Gracias –le susurró cuando llegó a su altura y Hope negó con una leve sonrisa en su rostro. –No es nada.
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