Encendí otro cigarrillo y observé a Magdalena y Eugenio. Nadie pronunció una palabra, pues en realidad nada había qué decir. Habíamos participado en algo que nunca más se repetiría, aunque dejaría honda huella en nuestras memorias. En el transcurso de los meses posteriores a esa incomparable experiencia, me pregunté sobre el paradero de Eugenio. Como es de esperarse, esta inquietud me asalta cuando Magdalena, se acaba de dar un baño y yo me encuentro arrodillado entre sus piernas, listo para hacer las cosas que de él aprendí en aquella memorable noche de la que volvimos a tener otras experiencias más excitantes y deliciosas. Como ustedes pueden ver, mi vida está llena de aventuras y emociones a raudales, siempre con el sexo como eje principal de mi existencia. Por eso quiero contar

