Me aparté a mis viejas y me las iba a llevar a otra habitación de las muchas que había en la casa de don Anselmo, pero su voz me detuvo. —Espérate, Catarino, ¿dónde tan de prisa? —Pos a dejarlas como pollitos rostizados, bien atravesadas. —¿Que prisa hombre?... Primero quédate a ver el “chou”. —¿Qué es eso? —Que atrasado estás, pinche Catarino... el “chou” es eso que veías en tu pueblo, cuando un burro se le trepaba a una burra y le metía la cosota esa que se cargan y la pinche burra nomás rebuznaba... es exactamente lo mismo, nomás que en la civilización lo hacemos con viejas... a ver muchachas aviéntense un agasajo especial aquí para Catarino. Era re ocurrente mi patrón, se aventaba sus puntadas. Les hizo unas señas a las tres viejas que tenía para él y de volada las viejas comen

