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Los bebés secretos del CEO mafioso

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Blurb

Tras una intensa noche de pasión, ella descubre que él es parte de un poderoso clan mafioso, lo que la obliga a huir para protegerse. Sin embargo, aquella noche le dejó un regalo inesperado: gemelos. Al enterarse de su existencia, él la rastrea incansablemente y la obliga a regresar, amenazando con quitarle a sus hijos si no lo hace. Mientras el amor y el deseo resurgen entre ellos, ella lucha por proteger a sus hijos de la oscura herencia familiar y los peligros que ello conlleva, enfrentándose a sus propios secretos y temores.

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Un encuentro apasionado
El murmullo de voces se mezclaba con el tintineo de copas y el suave eco de la música de fondo en el salón de eventos del hotel Waldorf Astoria. Isabella paseaba su mirada por el lugar, impresionada por el lujo que la rodeaba. Vestida con un elegante vestido n***o que realzaba su figura esbelta, sentía una mezcla de nervios y emoción. Era su primera vez en una conferencia de negocios tan importante, y sabía que esta era una oportunidad única para hacer contactos y avanzar en su carrera. —Necesito un trago —murmuró para sí misma mientras se dirigía a la barra. Cuando llegó, un camarero ya estaba sirviendo un cóctel. Isabella levantó la mano, llamando su atención. —Un martini, por favor. El camarero asintió y se puso a preparar su bebida. Mientras esperaba, Isabella se permitió observar a las personas a su alrededor. Ejecutivos y empresarios de todo el mundo se mezclaban, algunos en conversaciones acaloradas, otros en negociaciones discretas. Justo entonces, su mirada se cruzó con la de un hombre al otro lado del salón. Era alto, con el cabello oscuro cuidadosamente peinado hacia atrás y una sonrisa que parecía contener un secreto. Vestía un traje impecablemente ajustado, y aunque no llevaba una insignia de la conferencia, había algo en su presencia que sugería que no era un simple invitado. El hombre mantuvo su mirada por un momento antes de levantar su copa en un sutil saludo. Isabella, sintiéndose un poco atrevida por el martini que ya sostenía en la mano, le devolvió el gesto. No estaba segura de por qué, pero sintió una atracción inmediata hacia él, como si el resto de la sala hubiera desaparecido por completo. —¿Disfrutando de la conferencia? —la voz del hombre era suave, con un tono que sugería una mezcla de diversión y curiosidad. Isabella se sobresaltó, sin darse cuenta de que él se había acercado mientras ella se perdía en sus pensamientos. —Oh, sí —respondió ella, tratando de recuperar la compostura—. Es mi primera vez en un evento como este. Un poco abrumador, para ser honesta. —Eso es comprensible —dijo él con una sonrisa tranquilizadora—. Estos eventos pueden ser un poco intimidantes al principio. Soy Alejandro, por cierto. —Isabella —respondió ella, estrechando la mano que él le ofrecía. Su toque era firme pero sorprendentemente cálido, y por un momento, se quedó sin palabras, atrapada en la intensidad de sus ojos oscuros. Pasaron los siguientes minutos conversando sobre temas triviales: la ciudad, la conferencia, sus carreras. Alejandro era encantador, y su carisma era innegable. Había algo en su manera de hablar, en su forma de escuchar, que hacía que Isabella se sintiera especial, como si ella fuera la única persona en el mundo que importaba en ese momento. —¿Te gustaría salir a la terraza? —sugirió él, señalando hacia las puertas abiertas al otro lado de la sala—. Aquí dentro hace mucho calor. Isabella asintió, agradecida por la oportunidad de escapar de la multitud. En la terraza, el aire fresco de la noche la envolvió, y por un momento, cerró los ojos y respiró profundamente. Cuando los abrió, se encontró con la mirada de Alejandro, que la observaba con una intensidad que la hizo sonrojar. —Perdón si te hago sentir incómoda —dijo él, suavizando su expresión con una sonrisa—, pero hay algo en ti que me resulta fascinante. —¿Ah, sí? —Isabella alzó una ceja, medio en broma, medio intrigada—. ¿Y qué es eso? —Tu honestidad. Tu franqueza. Es refrescante —explicó Alejandro, apoyándose en la barandilla de la terraza y mirando al horizonte—. En este mundo de negocios, es difícil encontrar a alguien que no esté tratando de impresionar o de esconder algo. Isabella se sorprendió por su sinceridad. Había algo en Alejandro que la hacía querer bajar sus propias barreras, aunque acabaran de conocerse. —Creo que te entiendo —dijo finalmente, acercándose a la barandilla junto a él—. A veces siento que me estoy perdiendo en toda esta competencia, en tratar de ser algo que no soy, solo para encajar. Alejandro se giró hacia ella, y por un momento, el mundo pareció detenerse. Había una conexión entre ellos, algo que iba más allá de las palabras. Sin pensarlo, Isabella dio un paso más cerca, hasta que sus brazos casi se tocaban. —Tal vez no deberías tratar de encajar —murmuró Alejandro, su voz apenas un susurro—. Tal vez deberías ser exactamente quien eres. Antes de que Isabella pudiera responder, Alejandro inclinó la cabeza y la besó. Fue un beso suave al principio, como si estuviera probando el agua, pero rápidamente se volvió más profundo, más urgente. Isabella sintió que su corazón latía con fuerza en su pecho mientras se dejaba llevar por el momento, olvidando por completo dónde estaban o quiénes eran. Finalmente, se separaron, ambos respirando con dificultad. Alejandro la miró con una mezcla de sorpresa y deseo, como si no pudiera creer lo que acababa de suceder. —No sé qué fue eso —dijo él, riendo suavemente—, pero no quiero que termine. Isabella sonrió, sintiendo una alegría inesperada burbujeando dentro de ella. —Yo tampoco. Esa noche fue un torbellino de emociones y descubrimientos. Isabella y Alejandro se dejaron llevar por la pasión y la conexión que habían sentido en la terraza, sin pensar en las consecuencias del mañana. En ese momento, todo parecía perfecto. Pero, al amanecer, cuando Isabella se despertó sola en la habitación del hotel, supo que algo había cambiado. El espacio a su lado estaba vacío, y no había rastro de Alejandro. Confundida y con el corazón en un puño, miró alrededor en busca de alguna señal de él, pero solo encontró el silencio. —¿Alejandro? —llamó, pero la única respuesta fue el eco de su propia voz. Y así, con un nudo en el estómago y muchas preguntas sin respuesta, Isabella se dio cuenta de que la noche mágica que había compartido con Alejandro podría haber sido un error. No sabía entonces que esa noche cambiaría su vida para siempre.

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