CAPÍTULO. 6

2184 Words
POV: Cora. …Hoy es sábado indica las coordenadas que no tomo ouh ouh ouh prendo el murciélago la marejada que hoy no bebo y me emborracho ouh ouh ouh… La música del equipo de sonido se reproduce a un volumen aceptable, diría yo, por lo que intento tararear una que otra cosa mientras trataba de enfocarme en mi búsqueda de trabajo, en la pantalla de mi laptop. …Ella no tiene hora de llegar no cree en los hombres es una desconfiada soltera pero ella dice que es casada pero eso cambia cuando bebé mucama mucho friki en la mochila… —¡Mierda! No puede ser, también rechazaron mi currículo. «Es que no lo puedo creer». Estos últimos días los he pasado en casa, como no puedo salir me he dedicado a mandar mi currículo por correo a todas las empresas que están asociadas a la de mi ex y, por ende, conozco, por el tiempo que llevaba trabajando para él como su asistente. Pero todas me han rechazado y con la que guardaba aún las esperanzas, acaba de destruir mis ilusiones. Si no me equivoco, es más, estoy segura, esto tiene que ser obra del maldito Harry. —Maldición —susurro. Al parecer está cumpliendo su amenaza, pero que ni crea que me voy a rendir tan fácil. Mi orgullo puede más que cualquier cosa. Sin mi tú no eres nadie. Juro que volverás, pidiendo perdón y diciendo que volvamos. Sus palabras fueron claras y me las repito una y otra vez, para convencerme de que no tendrá razón. Aún más, después del episodio de la mañana, cuando, justo después que mi hermana saliera para el trabajo, se presentó en mi casa. Como nadie nos visita, pensé que era Cara que se había olvidado de las llaves y por eso tocaba el timbre. A regañadientes, abrí la puerta con mi pijama puesto, con el que todo era visible, incluso mi escote. La sorpresa fue enorme al verlo. Sus ojos pasaron demasiado pronto a mi escote y los míos, al dije que llevaba en su mano, último obsequio de mi madre. Mi hermana y yo tenemos, cada una, un dije, regalo de nuestra madre. Ambos son iguales, solo que el de Cara es celeste y el mío es rojo. Viéndolo en sus manos, supuse que lo había olvidado el día que me mudé, cuando lo empaqué todo tan rápido porque solo quería salir de ese lugar. Con un movimiento rápido se lo quité de sus manos, pero él no reaccionó a mi movimiento brusco, siguió estático, con su mirada sobre mí. Inconscientemente seguí su mirada y cuando vi las marcas en mi escote, que indudablemente eran reconocibles, quise que la tierra me tragara y me escupiera en otro lado. Todo lo que estaba sucediendo parecía sacado de una telenovela de ficción. A quién se le ocurría que, después de haber terminado con su pareja de cuatro años por no querer acostarse con él, esa misma noche perdiera la virginidad con un completo desconocido; dejando, además, marcas que confesaban lo ocurrido. Para que solo dos días después, el ex tocara a la puerta y fuera testigo del espectáculo visible en tu cuerpo. —Eres igual de zorra que tu madre, por eso tu padre la engañó. —Fueron sus palabras repletas de odio. Lo siguiente que recuerdo, el sonido de la bofetada y el puñetazo que se ganó de mi parte. Y lo mejor, el rodillazo que le di en las bolas. Puedo ser capaz de tolerar cualquier insulto de su parte, si eso lo hace sentir mejor, pero mi madre es sagrada. —Para la próxima, desinfecta tu asquerosa boca, antes de hablar de mi madre —dije, dando un portazo y dejándolo retorciéndose de dolor en el piso, afuera del apartamento con la sorpresa y palabra en la boca. De solo recordar ese momento puedo sentir cómo mi sangre hierve de la rabia. En ese momento no sentí culpas, al contrario, si el tiempo retrocediera volvería a perder mi virginidad con ese desconocido. No sentí ni una pizca de arrepentimiento, lo que me hace pensar lo malvada que fui en mi otra vida. —Señorita Cora, ya terminé con la limpieza —habla la chica que se encarga de la limpieza, cortando mis pensamientos. Desde el pasillo sus ojos me miran con curiosidad. Y, ¿quién no lo haría? Prácticamente es mediodía y yo sigo con mi pijama de osito y todo mi cabello envuelto en una moña. Los días anteriores que ha venido a trabajar, me ha encontrado en la misma situación; por lo que mi cabello, más bien, ha de parecer un nido de pájaros. No quiero ni imaginar lo infantil que debo verme. —Bien, muchas gracias. Ya puedes retirarte —respondo y le brindo una sonrisa apenada, mientras ella asiente y se despide, antes de salir de la casa. Suelto un suspiro y me levanto del sofá; voy a la cocina a por una copa de vino. Regreso, tarareo la canción que suena en los altavoces. ...Bailando sola en la pista y anda sola, suelta y soltera y está moldida y bien despechada y dice que hoy se va a emborrachar desde que se dejó la tipa no deja de gangear ya no quiere nada serio lo que quiere es vacilar… Mi voz hace ecos en el departamento. Siempre me ha gustado cantar y escuchar música, a modo de relajación. Subo mis pies en el sofá y coloco mi laptop en mis piernas. Con mi otra mano llevo la copa de vino a mis labios, dándole un pequeño sorbo, para luego colocarla en la mesita y seguir con mi larga búsqueda de trabajo. Paso horas frente a mi computador, mandando mi currículo, hasta quedarme dormida en el sofá. (…) —Uah...tu figura. Uah…tú desnuda. —Escucho una voz tarareando la música que suena, pero son tantas mis ganas de seguir durmiendo que no me molesto en abrir los ojos. Sin embargo… —Pero, ¡joder, Cara! —reclamo, con un grito, al sentir un líquido mojar mi rostro. Abro los ojos y veo a mi hermana, con la copa de vino que antes estaba usando, en la mano—. ¿Qué crees que haces? —Uah... —Sigue cantando y moviendo su cuerpo al ritmo de la música. Hasta que apaga el equipo de sonido y habla entre dientes—: Te levantas y te vas a duchar, ¡ya! La miro con el entrecejo fruncido y no puedo evitar reclamarle. —Pero, ¿era necesario que me empaparas con vino? —refunfuño, fulminándola con la mirada. Paso mi mirada a mi pijama de osito preferida y la veo completamente arruinada. —Lo se —se burla Cara y ríe sin parar. Me doy cuenta que lo hizo a propósito, lo que me hace fruncir el entrecejo aún más. Ella piensa que esto se va a quedar así, pero está muy equivocada. Camino hacia la cocina y Cara viene detrás de mí, riendo a carcajadas. Acelero el paso, hasta dar con la botella de vino tinto y la abro. Mi hermana adivina mis intenciones y se le borra la sonrisa de la cara. Su nueva actitud hace que las comisuras de mi boca se eleven, formando una sonrisa maliciosa. —¡Cora, no! —exclama, con pánico—. No estás pensando en arruinar mi traje favor... ¡Argg! No logra terminar la frase, al mirarse empapada de vino tinto. La manó no me tembló en ningún momento, pero finjo inocencia, parpadeando varias veces y cubriendo mi boca, mientras trato de reprimir una risa. Está claro que sé que ese, era su traje favorito para ir a trabajar. Así como ella sabía que este, era mi pijama preferido. Nos desafiamos con la mirada por unos segundos y luego, salimos corriendo a la vez hacia la sala de estar. Cara llega primero y comienza a lanzarme cojines, lo que yo secundo. Al final, terminamos la guerra entre risas y caemos al piso, rendidas y jadeando, con la respiración entrecortada. —Hoy conocí a mi jefe —dice Cara, entre jadeos. —¡Joder! —respondo, sorprendida. Cara me había contado que ninguno de sus colegas conocía todavía a su jefe. Incluso, los que trabajaban en la empresa, ninguno de ellos lo había visto tampoco. Los únicos que tienen contacto directo, son sus asistentes y secretarias, pero ninguno de ellos tiene permitido hablar sobre de él. Se rumorea que es un hombre muy misterioso y, además, poderoso. Sin duda algina, el dinero, es lo que menos le falta. Ambas llegamos a la conclusión de que, si no se deja ver, es porque debe ser una persona de muy mal aspecto; lo que debe darle vergüenza. —Es todo lo contrario a lo que habíamos pensado —asegura Cara y me mira, con una sonrisa pícara—. Parece un tipo salido de revistas. Todo un galán de telenovelas. Su tono de voz tiene un toque de misterio. Mi hermana es el tipo de chica que no le impresiona la belleza y mucho menos, habla de ello, pero si se refiere de esa manera hacia su jefe, me imagino que tiene que ser eso y mucho más. —Interesante —susurro, pero más para mí, que para ella. —Tengo dos noticias para darte —continúa, supuestamente cambiando de tema—. Prepárate, una buena y una mala, ¿cuál quieres escuchar primero? —La mala —digo rápidamente, con mi mirada fija en el techo, mientras coloco un cojín en mi cabeza. —El lunes comienzas a trabajar. —¿Y la buena? —pregunto, confundida. Cara solo se encoge de hombros. —La buena noticia es que trabajaremos juntas, en la misma empresa. La secretaria del jefe sale de vacaciones y como tienes experiencia y muy buena conducta, te recomendé —explica y mi corazón comienza a latir con fuerza—. Y con tu currículo, te contrataron. Además, porque eres mi hermana. Me río entre dientes con su última declaración. Ni siquiera me molesto en preguntarle cómo tomó mi currículo, sin pedírmelo. Para una hacker como ella, conseguir información, es lo de menos. Podría hacerlo en un abrir y cerrar de ojos. —Ambas son buenas noticias, Cara —declaro, sin poder evitar la sonrisa en mis labios. —Pensé que querías seguir sin bañarte otro par de semanas —dice, riendo y yo agarro el cojín que tengo apoyado en mi cabeza, para tirarlo contra su rostro. De repente, pienso en algo. —¡Espera! ¿Dijiste secretaria? —pregunto. Cara asiente. —Su secretaria se va de vacaciones. —Lo que quiere decir que yo seré la nueva secretaria. —Cara vuelve a asentir y yo me quedo de piedra. Mi hermana se me queda mirando, mientras trata de adivinar el motivo de mi desconcierto. Y el problema está en que no me imagino de secretaria de ese hombre. No es que no sepa nada de ello, pero eso que, puede ser peor que estar sin trabajo. Si no me equivoco, ese hombre ha de ser un prepotente y gruñón, que se ha de creer el rey del mundo. —Auch —gimo, cuando mi hermana me pega—. ¿Por qué lo hiciste? —Para que reacciones —declara, rodando sus ojos—. Sé que dije que el jefe no está nada mal, pero tampoco es para que reacciones así, bobita. Hace un puchero, lo que me causa gracia y río. No sé cómo explicarle a mi hermana que no quiero trabajar con un hombre como ese, pero mejor me quedo callada, no quiero que piense que soy infantil. Sea como sea, tengo que trabajar para ayudar con los gastos, no quiero ser una vividora y menos, cuando mi hermana es menor. Debería de ser yo quien trabaje. Suspiro y luego, le jalo sus cachetes. —La bobita eres tú —aseguro, con sonrisa tierna, mientras me levanto y miro el reloj de la pared del comedor—. Ya es hora de irnos a duchar. Cara también se pone de pie y ambas vamos a nuestras respectivas habitaciones. Vamos bromeando y riendo, planeando la salida del fin de semana. La habitación de Cara es la del final del pasillo y la mía la primera. Este apartamento es más que perfecto para que dos personas vivan con comodidad. Tenemos tres habitaciones, cada una con su baño privado. Dos ocupadas por nosotras y la tercera, es el estudio de mi hermana. Yo lo veo como una sala de computadoras y pantallas, donde mi hermana trabaja cuando tiene más labores de lo normal. Pocas veces he entrado ahí, como soy curiosa, me da miedo dañar algo. También tenemos una sala de estar grande y bien amueblada. Puedo decir que es mi lugar favorito; donde me relajo escuchando música o bien, con mi hermana, charlando, contando chismes, haciendo pijamadas o guerra de cojines. Y, por último, la cocina, que es un milagro que aún exista. No sé cómo es que ha resistido a las adversidades de Cara.
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