POV: Cora.
—Cora, ¿terminaste con tu equipaje ya? —grita mi hermana, desde la sala de estar.
Hace dos días recibimos unos mensajes de nuestros amigos de la infancia, que regresarían del extranjero hoy en la mañana. Mi hermana y yo, ayer en la noche, estuvimos discutiendo por videochat el lugar dónde festejar su regreso este fin de semana. Hablamos por horas, sin llegar a un acuerdo. A todos los lugares que optábamos, ya habíamos ido y nos parecía aburrido volver a frecuentarlos. Hasta que la maravillosa de mi hermana encontró en un sitio web un lugar donde se desarrollan carreras de autos. Un lugar nuevo que fue inaugurado poco menos de un año, donde solo asisten y corren los empresarios y riquillos engreídos. La zona de apuestas es jugosa, lo que a ellos les gustó. Cuando Cara dio esa información, se puede decir que todos sonreímos, lo que significaba un rotundo sí. Un fin de semana lleno de adrenalina.
Por ese motivo ahora me encuentro empacando. Anoche tenía mucho sueño y me daba pereza empacar. Mi hermana sí lo hizo, pero yo me dediqué a dormir. No, sin antes dejar una alarma en mi celular, para despertar temprano y poder recoger todo a tiempo.
—Voy —respondo, con pocos ánimos, mientras termino de empacar la última prenda en mi maleta.
Hago un repaso con la mirada para que no se me quede nada y asegurándome que todo esté guardado. Maquillaje, trajes de baño, bronceador, productos de aseo personal, gafas de sol, vestidos, accesorios, chanclas y tenis.
«Perfecto», pienso y cierro mi equipaje.
Compruebo la hora en mi móvil y solo me quedan treinta minutos para arreglarme antes de que los chicos lleguen. Me meto de volada en el baño para darme una ducha rápida y luego de unos minutos, salgo envuelta en una toalla. Cepillo mis dientes y me visto. Unos shorts negros y una blusa holgada color piel es el conjunto elegido, acompañado de unos tenis miel.
Escucho el sonido del timbre de la puerta principal, eso quiere decir que ya están aquí. No me da tiempo para secar ni peinar mi cabello, por lo que lo recojo en una coleta sencilla. me miro al espejo y no me veo nada mal, aunque no lleve maquillaje ni mi cabello esté peinado. En realidad, me hacen lucir fresca y relajada.
Salgo de mi habitación arrastrando mi maleta hasta la sala de estar. Puedo escuchar a los chicos reír con Cara, mientras camino por el pasillo con mi equipaje. Al llegar a la sala, veo a los chicos sentados junto a mi hermana, mirando algo en su ordenador portátil, por lo que no notan mi presencia.
Cara viste unos shorts blancos que hacen juego con un top n***o y una chaqueta Jins. Lleva unos tenis blancos y su cabello, lo lleva agarrado en una perfecta coleta. Los lentes que lleva puestos la hacen lucir intelectual, mientras teclea en su computador. No puedo negar que se ve preciosa.
Nicolás es el primero en notar mi presencia, en lo que yo intento llevar mi equipaje a la puerta.
—Preciosa —exclama, con voz dulce, lo que hace que todos miren en mi dirección; por lo que yo les brindo una sonrisa amable.
Nicolás es un chico de ojos claro, cabello azabache y piel bronceada. Bastante alto y con un cuerpo que enloquecería a cualquier chica. Él corre a mi encuentro y me alza en sus brazos, abrazándome, lo que hace que yo también responda su gesto.
—Te extrañé —dice, mientras me estrecha con fuerza—. Mi pequeña lagartija bella.
Cuando dice esto último, mi sonrisa se borra y ruedo los ojos.
—Pues yo a ti no —respondo, soltándolo.
Mi respuesta hace que él me ponga en el piso, para luego mirarme con ojos de cachorro desilusionado, lo que me hace sonreír.
—Así te ves mejor, princesa.
—Hey, lamento interrumpir, pero esta belleza ni siquiera me ha saludado. —La voz de Damián me hace girar, corro hacia él y me cuelgo de su cuello como un koala que se aferra a un árbol.
A él no le sorprende mi acto, al contrario, me abraza fuerte. Esto era tan común entre nosotros que realmente ya los extrañaba; a él y a Nicolás. Damián es un chico alto y guapo, también. Solo que él es rubio y de ojos azules. Rompemos el abrazo con una sonrisa.
—¡Bien! Es hora de un fin de semana lleno de adrenalina —gritamos todos, provocando ecos en el apartamento.
Salimos del apartamento directo al ascensor. Nicolás lleva el equipaje de mi hermana y Damián el mío. Al llegar al aparcamiento, caminamos hasta donde están los autos.
—¡Joder! Ustedes nunca pierden el estilo —dice Cara, mirando hacia los monstruos deportivos que no pasan desapercibidos.
Hay tres autos deportivos y un todoterreno que a cualquiera le robaría el aliento.
—Ustedes tampoco se quedan atrás, reinas —responde Damián, señalando el Lamborghini “Sian” de color verde dorado que se encuentra en medio de los autos de ellos.
Es un modelo limitado y personalizado de mi hermana. “Sian” significa relámpago y posee la relación peso/potencia más baja de los Lamborghini V12, según la marca. Tres veces más potente, tres veces más ligero. Para optimizar esta conjugación de potencia y ligereza, el “Sian” se monta en un chasis de fibra de carbono y un subchasis de aluminio. El reparto de peso se distribuye entre el 43% adelante y un 57% detrás. Y para domar esta belleza, cuenta con frenos carbocerámicos y unos neumáticos Pirelli P Zero creados específicamente para este modelo. El precio, superior a los dos millones.
—Creo que yo soy el más pobre aquí —se queja Nicolás, aprieta el desbloqueo de su auto, el que produce un sonido realmente exquisito.
Su auto está al lado del de mi hermana. Es un BMW I8 n***o de última edición, híbrido (térmico de tres cilindros de1.5 litros-eléctrico 96 kW), potencia automática y transformación automática de seis cambios; con una aceleración de cero a cien en solo 4.4 segundos. Su precio, dos millones y medio.
—Es una belleza —digo, mostrando mi admiración.
La familia de Nicolás, dedicada a la política, es de las más adineradas; su padre es el alcalde de la ciudad y su madre, un magnate de la moda. Mi hermana y yo somos admiradoras de su trabajo, sus diseños son únicos y exclusivos.
—Ya han de conocer al dueño de los faltantes —dice Damián, con su sonrisa engreída. Una que en ocasiones detesto y otras, amo.
Al otro lado, está su auto, un Audi R8 Green Hell 10F50. De color verde oscuro Tiaman, único de la edición, hace referencia al apodo de “Infierno verde”, como el circuito. Las puertas del coche llevan el número de edición en grandes figuras transparentes mate y los números de salida, “Green Hell R8” adornan la hoja lateral. El estilo n***o mate agrega detalles a la parte delantera, los umbrales y el difusor, completados con paños laterales, cracosas de retrovisores y alerón trasero en el mismo tono.
Si no se ha vivido debajo de una roca toda la vida, seguramente debe saberse que el circuito es uno de los más emblemáticos de todo el mundo por su trazado de más de veinte kilómetros, lo que ofrece un reto para cualquier piloto del mundo. Pues, este auto, es más digno. Tiene una aceleración de cero a cien en tan solo 3.1 segundos, lo que permite una velocidad máxima de 330 km/h. Tiene todo para hacerte sentir lo exclusivo de tu nuevo juguete. Su precio, cuatro mil trescientos treinta y tres millones de dólares.
—Nada mal, para ser el hijo de un diseñador de autos —digo, sin apartar la vista de esa preciosura.
—Sabía que te iba a gustar, princesa. —La voz de Damián me hace salir de mi trance. Frunzo el ceño, al no entender el significado de sus palabras. Sonríe y me explica—. Creí que querías participar de la carrera de autos.
Alza los hombros, despreocupado, como si fuera normal lo que acaba de decir. Reposa sus manos en los bolsillos de sus pantalones, en actitud relajada.
—Ya es hora —anuncia Nicolás, con una sonrisa.
—Los chicos tienen razón —culmina mi hermana, con ojos expresivos. Todos saben que correr en autos es mi pasatiempo favorito.
O, bueno, lo era. La última vez que corrí en una carrera clandestina fue cuando estaba en la universidad. En eso, conocí a Harry, comencé a trabajar para él y a llevar una vida normal. El tiempo no me daba para nada y el que me quedaba, lo compartía con él. Con mi hermana pasaba lo mismo, cuando yo estaba libre, ella estaba trabajando; hablábamos más por celular que en persona. ¡Qué vergüenza!
Y ahora que lo pienso bien, si no recuerdo mal, escuché a mi hermana decir que los corredores se inscriben con un mes de antelación. Y aunque me muero de ganas de correr ese Audi, sentir la adrenalina correr por mis venas, no hay manera de entrar.
—Saben que es imposible —susurro, decepcionada.
—¡Qué mal! Me subestimas —exclama mi hermana con un tono molesto—. ¿Olvidas quién es tu hermana?
—¡Claro! —chillo, reaccionando.
Alzo la mirada y me cruzo con la expresión ofendida de Cara. Le sonrío, sin tomar en cuenta su actitud y me lanzo encima de ella. abrazándola.
—No sabía que tu coeficiente era más bajo que los países pobres —dice, con sarcasmo.
—¡Uy, le dio! —exclaman los chicos.
—¿Cómo olvidar que tengo a la mejor perra sarcástica y pirata informática, como hermana? —ironizo, soltando el agarre.
—¡Oh, eso! Más…
Ríen los chicos, cambiando de bando de un segundo a otro. Cara y yo nos unimos a su diversión.
—Entonces, ¿todo resultó? —pregunta Nicolás, cuando deja de reír. Todos asentimos con la cabeza.
—Bien, ya es hora de que suban a la belleza que nos llevará a nuestro preciado destino —interviene Damián, captando nuestra atención cuando abre las puertas del todoterreno.
Y si antes captó mi atención, por dentro es otro nivel. La Karlmann King es una monstruosidad que parece un avión indetectable por los radares, debido a la configuración de los paneles; aunque está claro que este enorme vehículo no será invisible de ninguna manera. Tiene luces LED y unas ruedas que no dejan dudas de su potencial.
Una vez dentro, la sorpresa es aún mayor. Por Damián, mi hermana, Nicolás y yo, estamos enterados de las últimas novedades respecto a las marcas de autos y sus características, pero esto no me lo esperaba. Había escuchado a mi amigo hablar de él y el diseño, solo lo habíamos visto por fotos, pero verlo es completamente diferente. En su interior, es donde realmente está la magia del Karlmann King. Con posibilidad de cuatro a seis asientos, tiene espacio suficiente para no tener que poner nuestro equipaje en la parte trasera. Cuenta con pantalla de televisor, nevera, cafetera e, incluso, mesas plegables. Toda una cabina llena de materiales de primera calidad, lo que le da el toque de lujo extremo; mucho mejor que una limusina.
Mi hermana y Nicolás se sientan en la parte trasera, para disfrutar de todo. Damián conduce y yo voy a su lado, en el asiento del copiloto.
—Chicos, les digo… —La voz de Damián nos hace reaccionar a todos y, muertos de la curiosidad, lo miramos, a la espera de conocer más detalles de este super auto. Comienza su discurso, como si estuviera en una conferencia de prensa—. Sé que tal vez no esperaban este diseño interior. Cómo ya saben, esta es una creación de mi padre y bueno, yo di una que otra idea. En fin, para mover esta monstruosidad, se utiliza un motor FOR de 6.8 litros y diez cilindros en V, que han sido preparados para entregar cuatrocientos caballos de potencia, para alcanzar los 140 km/h de velocidad máxima. Pero se debe considerar el peso, de seis toneladas y el exquisito blindaje antibalas. Está valorado en cinco mil millones de dólares. Es un modelo único y exclusivo para mí, por lo que no está a la venta.
—Joder, tío —exclama Cara.
—Tu padre es un genio —murmura Nicolás.
—Interesante —digo yo.
Todos nos quedamos boquiabiertos al escuchar todos los detalles. Me pregunto si el padre de Damián estaba pensando en crear un auto militar listo para la guerra.
(…)
Mientras Cora pensaba en autos deportivos y vehículos todoterrenos, en un hotel cinco estrellas de lujo, una habitación VIP de primera clase se encontraba hecha un caos. Un montón de hojas, arrojadas a la cara de un fiel asistente, se encontraban en el piso.
Un hombre furioso, al no recibir la respuesta que quería, desataba su furia sobre los empleados que intentaban no respirar, para pasar desapercibidos.
—Están todos despedidos —exclamó, con expresión descompuesta.
Esta era la segunda vez, en tan solo dos días, que despedía al personal de investigación.
—Señor, es imposible, no hay ninguna información —respondió el hombre, tratando de no hacer contacto visual con su jefe.
El imponente hombre se incorporó y reprimió su ira, para no golpear a ese insulso empleado.
—¿Acaso quieres decir que fue solo producto de mi imaginación? —pregunta entre dientes y con un tono burlón.
El empleado sintió que sus piernas temblaban y evitó, por los pelos, desvanecerse en medio de la habitación.
—No…yo… —tartamudeó—, solo digo que no hay ningún tipo de información, es como si la red hubiera sido pirateada y borrado todo de ella, sin dejar rastro alguno.
—¿Pirateado? ¿Acaso estamos hablando de un enigma? —replicó él, con voz llena de misterio.
Nota de la autora...
¿ Será que encuentra a esta misteriosa mujer ? Este hombre con una belleza inigualable. Que tan fuerte será la obsesión que siente ?? Y Cora sabrá que alguien está desesperado por ayarla?? Y que ese alguien. Es el Ligue de una noche .? Que piensa que no volverá a ver . Podrá ella dentra a la carrera.? Y lo más importante pasará desapercibida?? .