Dos finales: el tuyo y el mío

1041 Words
Llegó el gran día. Y no es precisamente de un evento especial, sino uno de esos dolorosos e incómodos. Las autoridades llegaron a casa y Lena volvió a ver después de una semana de separación a su ex pareja. La casa, que una vez fue el santuario de sus promesas, ahora se enfrenta a la batalla final quien se queda con los bienes compartidos. Una unidad de la policía, el fiscal y su ex marido estaban en la casa. El fiscal Vivoni empezó la faena del evento final, estaba tan ansioso de terminar ese proceso y por supuesto sin entrar en conflicto. —Esto puede ser sencillo como complicado—indicó el fiscal. Solo necesito saber que desea el señor Webster llevarse de la casa y que usted señora Velasco apruebe. Tom inició el recorrido seleccionando todos los objetos que él compró para la casa y que por supuesto más utilizaba. Lena aprobaba sin discutir que se llevara todo lo que consideraba suyo. —Me llevaría la lavadora, yo la compré — indicó Tom al fiscal. Pero realmente a donde voy, no tengo el espacio necesario para ese vejestorio. La televisión también es mía—replicó el hombre. Los muebles para guardar ropa, herramientas, el estante del baño, las cámaras de seguridad todo lo que identificó como objeto por el cual él pagó era sacado de la casa e introducido en los camiones que había contratado. Por un instante Lena recordó las palabras de Tom cuando le decía: “Si alguna vez terminamos, todo lo mío será para ti.” Siempre que me separo de una mujer lo dejo todo. Sin embargo susurro a su oído: —No quiero que te quedes con nada mío, así no podrás venderlo o regalarlo. Aquellas palabras llenaron de fuerza a Lena para decirle que se podía llevar todo lo suyo. Aunque en el fondo estaba preocupada de cómo iba sobrevivir. Dependía de Tom, su negocio propio se lo había llevado la pandemia y la única entrada de dinero que podía tener venían de dos fuentes: sus padres y su ex marido. Una vez terminado aquel festín de objetos personales, y llegado a un acuerdo de todo lo que aquel hombre reclamó como suyo el fiscal dio por terminado el desalojo. — Los felicito, no siempre los desalojos son agradables y sin problemas—comentó Vivoni. Recuerdo uno en donde el hombre sacaba y la mujer de repente recordaba que fue ella quien lo escogió y lo sacaba del camión de mudanza. Fueron horas de convencimiento y aceptación. —Eso no es nada señor Vivoni—interrumpió el oficial. Yo estuve presente en uno en donde cada objeto de la casa era motivo para arañarse y arrancarse los cabellos. He presenciado desalojos desde tóxicos hasta letales. Algunos de ellos debemos arrestarlos por los daños físicos que se propinan, son agotadores y muchos de nosotros debemos ir al centro de salud por estar de intermediarios en esas guerras de ex parejas. Por un instante Lena fue el testigo silencioso de las diferentes anécdotas de rupturas que tenían tanto el fiscal como el oficial de la policía. Son esos momentos donde las personas olvidan que hay un tercero que está sufriendo. —Bueno señora Lena Velasco Quiñoñes, eso es todo su ex pareja ya firmó la orden de desalojo y está en completo acuerdo de todo lo que se lleva y lo que está dejando solo falta su firma de conformidad. Recuerde que si algo desea reclamar debe presentar al departamento de familia y poner su queja o contratar un abogado para que interceda en su reclamo. Hasta aquí llega mi trabajo y el del oficial. Los felicito por mantener la compostura. Lena firmó el papel de conformidad con el proceso de desalojo, el mismo que se iba a anexar al expediente de la denuncia. Una vez que todas esas personas salieron de su casa, exhalo ese pesado aire que a veces queda dentro de uno, para luego dar inicio al llanto. La casa era alquilada y estaba paga hasta fin de año. Que no estaba muy lejos, solo tenía tres meses para decidir que hacer con su vida. Sin trabajo, negocio y comida las cosas empezaron a pesar en la mente de Lena. Solo había algo que le daba alivio, no tenía hijos. Nunca quiso darle hijos a Tom y no porque él no tuviera, precisamente tenía cinco con diferentes mujeres. Era lo indiferente que era él con la vida de sus hijos, solo se limitaba a pagar la pensión alimenticia sin llamarlos o estar presente en su vida. Pagaba por su tranquilidad. Así que la única que iba a pasar penurias por un tiempo era ella, eso era al menos algo alentador. Nadie sabía del final de su relación y temía mucho decirle a sus padres que creían que Tom era un caballero de armadura dorada que apoyaba a su hija. Como decirles que terminó en la estación de policía después de una golpiza. Lena se fue a su cuarto que solo contaba con la cama, un abanico y su ropa en unos baldes plásticos ya que Tom se había llevado todo los muebles para acomodar la ropa. —¡Que final de mierda!... Sola, sin dinero y sin ganas de nada. Doce años de lidiar con un borracho, de tratar de salvar una relación y derrotada—se decía en voz alta Lena. Lena pensó por unos instantes que al menos debió defender el televisor para al menos escuchar una turco novela o los programas de variedad y así llenar de voces la casa. La idea le trajo un aire de jocosidad soltando una tímida risa al imaginarse sacando del camión el televisor y el oficial tratando de razonar con ella. Pero después de esa breve idea, decidió llorar por todo lo ocurrido, mientras pensaba como decirle a su familia y amigos que ella y Tom habían terminado. Un final sin vuelta atrás, sin piénsalo estas cometiendo un error, es una crisis de pareja. Para Lena ya no era una crisis, fue el total abuso y falta de amor. Maltratarla físicamente y poner su vida en riesgo la lleno de coraje para dejarlo y con la firme decisión de jamás regresar con ese tóxico.
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