Lena se enfrentó al miedo que muchos le tienen a esa condición. Por el cual podemos vivir años con un narcisista o tóxico, permanecer en un ambiente laboral injusto, tragar seco pero llenarnos de valor para estar a lado de las personas más dañinas.
LA SOLEDAD…
Atrás se iban quedando poco a poco los gritos, los insultos y la agonía de una relación para enfrentar el vacío, el silencio. Los primeros días después de la separación, Lena estaba obsesionada por cambiar las cerraduras de las puertas, por tratar de sentirse en el lugar en donde casi pierde su vida, segura.
Las semanas pasaron para dar pie a la tristeza y depresión. No había forma de levantarse de la cama para hacer algo, mirar el techo su color, manchas, figuras y desperfectos se tornaron en el mayor entretenimiento de Lena. Ir al baño y a veces comer rompían esa rutina.
Una llamada rompió el silencio, cuando levantó su celular para observar quién era la persona, era su madre.
—¡Rayos es mamita!... Se dijo en voz alta Lena. ¿Qué le digo?... Mis padres no saben que deje a ese idiota, que termine en la estación de policía. Todos los acontecimientos empezaron a amontonarse en su mente. Las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas.
Decidió decir lo ocurrido a su madre.
—¡Hola mamita!...
—Hija mía, tengo tiempo que no sé de ti. He tenido unos sueños raros contigo. ¿Te ocurrió algo?... —comentó la madre de Lena
Lena respiró profundo, quería llorar en el pecho de su madre, sentir su mano sobre su cabeza y un fuerte abrazo.
—¡Terminamos mamá!
—Tú y Tom están separados, desde cuando Lena.
—Tengo un mes de haberlo desalojado de la casa. Tiene una orden de alejamiento por violencia hacia mi persona.
—¡Queeeee!.... Pero hija porque no nos dijiste inmediatamente lo que ocurría. Tu padre y yo te hubiéramos apoyado. Pasaste eso sola. Necesito que vengas a visitarnos.
Los padres de Lena vivían en New York, ya que la empresa de su padre lo había trasladado hasta allá. Era un exitoso CEO de una empresa de tecnología.
—Nuestra hija fue víctima de maltrato, eso no lo puedo aceptar. Por favor Lena es importante que nos cuentes lo acontecido, por el momento no puedo viajar hasta Puerto Rico, pero ven. ¿Qué te lo impide?...
—Dinero mamá, no tengo trabajo y Tom me dreno.
—Eso no es un problema para tus padres, te haré una transferencia y compraré el boleto para que vengas inmediatamente.
Lena sollozaba ante la idea de volver a ver a sus padres, de sentir algo de cariño de las personas más importantes en su vida.
—Gracias mamá, cuando tenga el itinerario de vuelo y todo listo para partir estaré allá.
Lena terminó de hablar con su madre para volver a llorar amargamente, ese día noto que llevaba días llorando y llorando. Sin embargo, había llegado el motivo para levantarse de la cama, viajaría hacia New York.
Regresar al ambiente familiar como una fracasada era lo otro que carcomía su cabeza, no quería pensar, odiaba cada pensamiento de poca cosa, de rota por dentro, de ser tratada como un cero a la izquierda por su ex pareja.
Tantas amenazas del infierno por las religiones de recibir una zozobra, sufrimiento y dolor cuando ella lo vivía, dentro de sí misma. Los recuerdos la quemaban, la culpa le generaba heridas y estar en bancarrota la mortificaba y el único demonio que conoció, vivía y dormía junto a ella.
Después de la llamada de su madre, Lena recibió la confirmación de su viaje en primera clase para Nueva York en cinco días se iba de la isla.
Después de días de abandono total se animo a levantarse de la cama, bañarse y comer algo. Tenía que organizarse para dejar la casa bien cerrada, avisar a sus vecinos y preparar su equipaje.
Quería salir de esa casa llena de recuerdos los últimos todos eran desafortunados, así que se animo a salir un poco y visitar un centro comercial. Invirtió sus últimos ahorros en comprar algo de ropa bonita, no quería que su familia la viera como una migaja. Aunque así se sentía.
Mientras estaba comprando un par de conjuntos de trajes, se encontró a una gran amiga.
—¡Lena!...Hola amiga, como estas.
—¡Hola Sara!... Que gusto volverte a ver.
Sara era una antigua compañera de trabajo cuando ella laboraba en la universidad.
—Me alegra mucho encontrarte por aquí Lena, muchos en la universidad se preguntan sobre ti. Además de que varios se encontraron a Tom con otra mujer. Supuse que algo pasó entre ustedes.
Tom con otra mujer. Tan pronto, cuando pasó eso. Si ya tenía a otra porque insistía en vivir con ella, por darle mala vida. Nuevamente esa sensación de ahogo y ganas de llorar volvieron a invadir a Lena.
Sara al observar lo mal que se puso, su rostro pálido, sudoroso y los ojos vidriosos con deseos de llorar decidió tomarla de las manos y decirle que respirara.
—Vamos Lena, respira profundo. Inhala y exhala. Calma guapa, calma.
Fueron varios minutos en tratar de soportar aquella noticia y evitar romper en llanto.
—Vamos a aquel restaurante, allí se come muy rico. Yo invito, Lena.
Lena aceptó y junto a Sara se dirigieron al lugar. Un establecimiento pequeño que vendían emparedados, ensaladas y jugos naturales.
Sara decidió por unos emparedados de jamón, queso, arúgula, tomate y cebolla, creía mucho en la comida saludable. Aquel plato iba acompañado por una crema de brócolis y una ensalada césar. De beber se inclinó por unos jugos de fresa y kiwi eran los favoritos de ambas.
Mientras la comida llegaba, unos vasos de agua llegaron a la mesa. Lena tomó su vaso y se bebió de una solo todo el líquido como si su cuerpo estuviera en un desierto. Siguió varias sesiones de respiración profunda para hablar.
—Tom y yo nos separamos. Fue muy complicada la separación, yo…yo…yo tuve que poner una denuncia a la policía por violencia e intento de homicidio. Cuando le pedí que se fuera me pego una y otra vez.
Pensé que iba a morir Sara, así que lo empuje y le patee en sus genitales. Salí corriendo a la sala a buscar mi celular y me fui de la casa. Llamé a la policía para que vinieran en mi rescate.
Mientras esperaba afuera, él se encolerizo y empezó a tirar todo lo que podía en la casa, por supuesto que no fuera de él.
Lena trataba por todos los medios de no romper en llantos, pero las lágrimas al traer aquel recuerdo otra vez, fluían libremente. Era un imposible no llorar, ni siquiera porque estaba en un lugar público.
—¿Por qué no me llamaste?—le dijo Sara. Pude haber llevado a mis hermanos o un par de vecinos para que no estuvieras tan expuesta y sola.
—No quería que nadie supiera lo que vivía con él. Todos lo conocen como Tom Webster, un gran amigo y compañero. Como iba a decirles que era un monstruo conmigo.
—Lena, el que sea un hombre amable con el mundo no es indicativo que lo sea en la privacidad de su casa. En esa casa en donde tú eras la testigo de su otro lado, el que nadie conocía.
Creo que deberías ir a un psicólogo o terapeuta especialista en violencia de género o para mujeres que han pasado por tu problema amiga. Debes estar pasando por un estrés pos-traumático.
El camarero trajo la orden. Todo se veía tan bien presentado que Lena se animó a devorar su comida. No recordaba que había estado comiendo todo ese tiempo en casa. Tal vez lo que Sara decía sobre una crisis mental y estrés estaban llevándola a una vida autodestructiva.
Al finalizar, se tomaron un licor de frutas y se despidieron.
—Lena por favor, al llegar a New York busca ayuda psicológica. Al menos entenderás lo que te ocurrió y te permitirá sanar.
—Gracias Sara, lo haré. Gracias por la comida, todo estaba tan rico, creo que tenía tiempo que no probaba algo que supiera tan bien.
Ambas mujeres se abrazaron fuertemente y se despidieron.
Lena al llegar a casa se puso a investigar un poco sobre el estrés pos-traumático y descubrió que tenía alguno que otro de los síntomas. Como iba a viajar a New York busco alguna clínica especializada en el tema de violencia a la mujer.
Estaba dispuesta a sanar y liberarse de aquella tristeza que la azotaba internamente.