Un enfoque a la vida

1304 Words
Después de su aventura en el club de actividades pervertidas, Lena quería enfocarse en salir del agujero en que se sentía. Sus padre y hermano la consentían, pero una ola de desánimo y depresión la envolvieron. Busco en el directorio un terapeuta para tratar aquella agonía personal y cuando encontró uno cerca de donde vivía se dispuso a visitarlo. Las consultas eran dos veces a la semana en donde pudo comprender que estaba experimentando un estrés postraumático debido a la separación con violencia. Su terapia la ayudó a entender la causa de sus acciones, su relación con su padre, la tendencia a ciertos hombres y a ayudarla con el amor propio. Lena regresaba de su terapia, ya llevaba tres semanas con su psicólogo cuando su hermano la invitó al club. —¡Vamos hermanita!... Acompáñame, estoy seguro que te la pasaste bien, la vez que te invite. Lena se río ante el comentario de su hermano. —¿Acaso el terapeuta considera eso una anomalía en el ser humano esas actividades?—preguntó Adrián. —Supongo que no. La verdad que lo único que me indico sobre mi aventura allí es que se debía a mi deseo de sentirme atractiva y deseada por un hombre. Además no es que tenga una obsesión por estar allí, como era el caso de tu antigua novia. Al menos tú vas de vez en cuando y no todo el tiempo. ¿Eso creo? Y esa vez, tuve suerte me tope con uno que estaba también de curioso, aventurero y de paso. No creo que me tope con él de nuevo. —Eso es lo interesante de esos lugares. Puedes conocer personas así una sola vez y ya, pasarla muy rico. —Sabes que hermanito, tienes razón. Si conozco a alguien que me anime a pasarla muy, pero muy bien entonces que pase lo que tenga que pasar. Lena se vistió con un traje muy sexy, rojo vino, ajustado con un escote pronunciado que dejaba admirar sus prominentes senos. Sus caderas y trasero no se quedaban atrás, pero para que sus padres no vieran aquel atuendo se cubrió con un abrigo de botones. —Vamos a salir padres. Lena me acepto una noche de rumba—indico Adrián. Lena saludo a sus padres de lejos y le envió un beso no quería que le preguntara nada y salió casi inmediatamente del condominio y detrás de ella su hermano. Ya en el club los hermanos se habían puesto de acuerdo de experimentar actividades en las cuales no coincidían. Lena se inclino por ver a parejas teniendo sexo: las opciones eran de una pareja hetero, tríos y orgías. En un cubículo pequeño se encontraba observando aquella escena de ese hombre y mujer dándose placer hasta llegar al sexo. Al finalizar el espectáculo, Lena estaba muy excitada, pero a diferencia de la discoteca estaba sola en ese pequeño cubículo de observador. Después que terminaba una escena, en pocos minutos empezaba otra y así sucesivamente. Dependiendo cuantas parejas habían propuesto hacer aquel espectáculo. La siguiente incluyó juguetes para dominar, algo que empezó a excitar a Lena. Escuchar los golpecitos con el látigo, nalgadas, ruidos del vibrador estaban haciendo su trabajo en el deseo de Lena. Cuando no pudo más salió del cubículo, estaba muy excitada, fue cuando un moreno se acercó a ella. —Si quieres puedo invitarte a mi privado a hacerte algo de lo que acabamos de ver. Lena observó que aquel hombre, alto, fornido y de piel negra con una evidente excitación también, estaba observando en su cubículo al lado de ella. La mujer pensó que era para masturbarse, pero al ver que también contaba con otra víctima del espectáculo, se animó a seguirlo. El hombre la apretó cerca de él. Le susurro al oído: —¿Quieres mamármela? Era la primera vez que ella haría algo así allí. Acento con la cabeza y el hombre puso su mano sobre su cabeza y la invito a que se arrodillará. —Si quieres te puedo hablar sucio y algo fuerte—le sugirió el hombre. Nuevamente Lena afirmó con su cabeza. —Entonces chúpamela, b***h… El hombre bajo la cremallera de su pantalón y procedió a introducir aquella enorme polla negra dentro de la boca de Lena, era gruesa y muy grande. La mujer estaba tratando de resistir aquella envestida que ese n***o le daba con su m*****o. A veces él le daba suaves golpes en su mejilla, mientras ella sacaba la polla. Ahora podía corroborar en las conversaciones con las mujeres que los negros la tienen grande. —¡Traga perrita de papi!...¡Ven acá nena!... ¡Chúpala, tú puedes!... —¡Mmmm!... ¡Mmm!...¡Mmm! El pene estaba súper erecto, fue cuando el hombre se colocó en el gran sofá disponible para colocar boca abajo a Lena y levantar su traje. —Tienes tremendo trasero mujer. Así que vamos a darte un par de nalgadas y mojar más esa cosita que tienes entre las piernas. ¡Plaf, plaf, plaf!... Cada nalgada excitaba más y más a Lena. Lo que no se imaginó el hombre tomó un vibrador de la mesa y lo puso cerca de su genital. —¡Aaah, aaah, aah!. ¡Ay que ricooooo!... —¡Waoo, eres latina!... Genial, gime perra, gime de placer. Son tan calientes en la cama. Lena siguió gimiendo de placer con el aparato que el hombre intercambiaba con nalgadas. Después el hombre la levantó y la cargo para ponerla en el piso y buscar algo en la mesita. Era los preservativos que puso en su polla. —Es hora de que sientas a este n***o del Bronx, b***h. El n***o la volteo la puso contra la pared, le bajo su ropa interior, subió el traje hasta arriba de la cintura y penetro su v****a por detrás. El hombre levantaba una de sus piernas mientras ella estaba contra la pared para penetrar muy bien. ¡Aaah, aaah, aaah!... Los gemidos de placer se intensificaron, el n***o no solo la penetraba con su enorme polla, sino que usaba aquel aparto vibrador sobre su clítoris. Lena jamás había experimentado tal salvajada s****l y a la vez excitante. Solo terminó cuando el hombre la puso sobre el sillón y en posición perrito siguió penetrando su v****a más duro hasta eyacular. Una vez que la soltó, finalizó dándole una nalgada. Lena pensó que era su forma de agradecerle y se retiró en silencio. Ella se quedó sentada sobre el sofá pensando en lo bueno que había sido aquello. Se sirvió un trago de whiskey que aquel lugar contaba y por un momento pensó que debía parar todo ese ritmo de tener encuentros sexuales así. Le gustaba, pero recordaba que la ex novia de su hermano quedo adicta a ese tipo de sexo. Lena se arregló el traje, busco su braga y se dispuso a salir del club. En el bar quería continuar bebiendo, a los minutos un hombre se le acercó, era su hermano. —¿Cómo te fue?—preguntó Lena. —Creo que debo dejar esto Lena. Hoy participe en una orgía y acabo de coger a tres mujeres. Cuando deje a Cindy, eso fue hace ocho meses, empecé primero con una vez a la semana. Luego incrementó a dos o tres y en un mes puedo estar aquí unas doce veces. Cogiéndome a cuanta desconocida viene. —También pensé lo mismo. Voy a buscar un trabajo ya sea aquí en New York o lejos, pero no quiero quedar adicta a está práctica s****l pervertida. Pensé que venías poco aquí, pero con lo que me has dicho hermanito, haz quedado enganchado por buscar placer en este lugar. Ambos hermanos se quedaron bebiendo un rato y luego decidieron pedir un conductor, ambos estaban tan borrachos que Adrián consideró que no podía manejar así.
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