Los padres de Lena viven en el barrio de Upper West Side (Manhattan) en un elegante condominio de tres habitaciones. Con ellos también estaba su hermano más joven que ella, Adrián tenía treinta años era un soltero empedernido, sin deseo de formalizar y administrando varios negocios que su padres dejaron a su cargo.
Cuando llego al aeropuerto allí estaban su hermano y su madre esperándola para trasladarla al condominio.
—Bienvenida Lena—fueron las primeras palabras de su madre al verla. Te ves algo apagadita, pero ya veras que todo ese mal rato que viviste con ese hombre aquí podrás sanar.
—¡Hola mamita!—Lena abrazo fuertemente a su madre. Es un gusto volverte a ver.
La chica trataba de tragar duro para no llorar, pero sus ojos se cubrieron de lágrimas, rápidamente su hermano le dio otro gran abrazo.
—¡Vamos mujer!... Estamos aquí, la verdad no sé como no llamaste para pedir ayuda. Supongo que el orgullo nublo la mente y pensaste que esas travesías se deben pasar solas. A veces sí, pero en otras ocasiones pide auxilio, si no te hubiéramos asistido entonces tienes todos los argumentos a tu favor para decir que nadie te apoya.
Lena acento con la cabeza, su orgullo no le permitió contar que la estaba pasando mal.
Los tres subieron al auto para llegar a la hermosa residencia de los padres de Lena. Era un lugar muy elegante, moderno y con todas las comodidades de una familia exitosa en New York.
—Tu padre sigue en la oficina, pero hizo una reservación en un restaurante para celebrar tu regreso. —indicó la mamá de Lena— Así que Ceci te indicará cual es tu habitación.
La chica de servicio llamada Cecilia llevó a Lena a su habitación. Era un lugar exquisito, una cama grande y su closet era grande. Su cómoda con espejo, un espacio para un sofá reclinable para leer. Un ensueño de habitación.
Un delicioso olor a lavanda tenía la habitación. Tal vez eran las flores que habían colocado o tal vez era un difusor de aroma. Lena estaba encantada de estar allí.
Cecilia la ayudo a colocar su ropa en el closet.
—¿Vives con mis padres Cecilia?
—No señora, solo vengo a limpiar tres veces a la semana y preparar algo de comida.
—¿Les preparas la comida?—preguntó Lena.
—Los señores comen la mayoría de las veces en su restaurante favorito, y cuando quieren hacer algo en casa solo deben sacar lo que les he preparado para una semana. Todo se lo dejo en envases especiales y conservado al vacío.
El señor Adrián o su madre sacan los menús que les preparo y lo calientan o hacen una cocción breve pero que no les demore y listo.
—Vaya que modernos y prácticos se volvieron. Gracias por esa labor, supongo que la habitación la arreglaste tú.
—Así es señora Lena. Esta habitación solo tenía una cama, pero sus padres invirtieron en que usted se sintiera mejor que un hotel cinco estrellas. Ya termine todo y me retiro. Generalmente me voy a las cinco de la tarde.
—No te quito más tiempo Ceci. Gracias por ayudarme y me pondré al día de la casa con mi madre. Voy a bañarme y alistarme para cenar con mi familia.
—Es un placer ayudar y bienvenida a Manhattan.
Lena se bañó, se puso un bonito vestido y un abrigo delgado ya que no sentía que fuera tan helado New York en ese momento.
Salió al encuentro de su madre y hermano para dirigirse al restaurante. Era uno de los favoritos de ellos, así que Lena se zambulló a la vida familiar y nocturna de New York.
—Mi preciosa princesa de papá—fueron las palabras del padre de Lena al verla llegar. Estoy muy feliz que hayas regresado a estar con nosotros. Quería celebrar en grande.
—Gracias papito… No quería decirles lo difícil que fue mi separación y preocuparlos.
—Todo es posible en la viña del señor Lena, pensamos que Tom era un gran hombre y que estabas bien con él. Ahora lo que toca es ayudarte a seguir adelante.
Vamos a comer, aquí todo es riquísimo. Tu madre y hermano somos clientes frecuentes.
Lena pasó una velada agradable con su familia. Cuando ya eran las diez de la noche su hermano se levantó y se despidió de sus padres y Lena con un beso. Tenía que visitar a una de sus gatitas como le llamaba a sus chicas.
—¿A dónde vas?—preguntó el padre.
—Voy a Jason Bar, tengo una cita con una chica.
—Me parece bien dijo el padre, aprovecha y lleva a tu hermana, necesita distraerse, conocer gente y ambientarse a la vida neoyorkina.
Adrián miro a su hermana con un rostro de desagrado, pero la presión de sus padres fue tan fuerte que de malas ganas le pidió que lo acompañará.
Lena estaba feliz iba a salir a un bar, beber, conocer gente y tal vez ligar con algún guapo que mejor terapia que esa.
—Tengo que confesarte algo hermanita. En realidad voy a un club de swinger y no creo que ese sea un ambiente para ti.
—¿Un club de qué?—preguntó con asombro Lena. Realizan algún tipo de actividad física, es un nuevo lugar de video juego, no conozco esos tipos de club.
¡Ja,ja,ja,ja!
Adrián soltó una enorme sonrisa, su hermana con treinta y siete años solo pasó de colegio, universidad, trabajo y vivir casada con un hombre que al final la maltrato. Aventuras cero, hacer cosas prohibidas ninguna.
—Es un club s****l a donde van hombres y mujeres a experimentar con el sexo. A veces hay orgías, intercambio de parejas, dominación y una que otra cosas pervertidas. Y no, aquí no estamos tratando con blancas, cero menores y cochinadas con animales.
La cara de asombro de Lena era de portada de revista de misterio. No podía creer que su guapo e inteligente hermano tenía gustos retorcidos.
—Déjame en casa, no soy de ese tipo de personas.
—¿Qué tipo de personas crees que somos?—pregunto Adrián
—Pervertidos
—Te sorprendería el tipo de persona que van a esos lugares a divertirse sexualmente solo viendo a otros teniendo sexo, ofreciendo a su pareja o tener sexo con un perfecto desconocido en una de las habitaciones.
—Por eso te lo dije para que vayas a casa. Y duermas tranquilita.
—Supongo que nuestros padres no sabrán nada de ese gusto tuyo, se han quedado pensando que vas a tomarte un par de copas con unos amigos.
—No sé, hay tantos clubes de ese tipo, incluso para personas mayores como ellos. Es tu vida privada, lo que desees hacer con tu cuerpo y una manera de divertirse sexualmente.
Entre a eso por mi anterior pareja. A ella le gustaba intercambiar pareja, que la observará como otro hombre se la cogía. Fueron tres años así y cuando me di cuenta que toda nuestra relación estaba infectada de esos hábitos, la dejé.
Sin embargo, a veces me provoca regresar y darme un gustito u otro. No siempre es tener sexo, a veces, me deleito viendo sexo y me masturbo solo en una habitación y bebiendo. En otras ocasiones solo contrato a una chica para manosearla y darle nalgadas y meter mis dedos en su interior y acariciar su parte íntimas. Los juegos son variados.
—Son trabajadoras sexuales operando en un club de esa magnitud.
—¡No!... Son miembros del club que tienen fantasías y las hacen realidad allí en el anonimato.
Personas como tú y yo que vamos a disfrutar de alguna travesura s****l que sería cuestionada por la sociedad. Allí van grandes empresarios a que los dominen mujeres, los toquen o traten como actores porno. Mujeres profesionales que quieren ser putas, que otros observen su bello cuerpo o un extraño se las coja de manera salvaje.
—Gente supuestamente normal que tiene fantasías sexuales—indicó Lena. Vaya, vaya. ¿No necesariamente hay que tener sexo?.
—No siempre tienes que coger a alguien a veces solo quieres ser tocada, que alguien te de un par de nalgadas o ver un encuentro s****l de una pareja. Tú propones la fantasía y si alguien te la quiere cumplir entonces tienen el encuentro.
—Supongo que llevan máscara para no ser identificados.
—Por supuesto… Aunque algunos son osados y muestran sus rostros, Supongo que son extranjeros que están de paso.
Parece que te está llamando la atención hermanita. ¿Te animas?... Cuando llegas, entras a un bar cualquiera si quieres pasar al área de swing debes presentar tu tarjeta de membresía a unos gorilas que tienen en la puerta. Ellos verifican con un scan especial que seas m*****o y estés al día con tu pago.
Tengo una versión Premium, así que puedo traer unos 10 invitados.
—¡Rayos Adrián!... Te acompaño, si aún no estoy segura me quedo en el bar tomando unos cócteles.
—Me parece bien. Cuando tengas el valor me llamas y le aviso a la seguridad que te dejen pasar.
Los hermanos llegaron al bar. El lugar estaba bastante concurrido, las mesas llenas, bandas de jazz en vivo todo parecía un lugar interesante.
Los hermanos fueron a la barra primero para tomar una copa. Cuando Adrián estaba animado decidió ir a su club a excitarse un poco. Lena estaba un poco insegura, no le agradaba la idea de ver a su hermano en el club o él viéndola a ella.
—Espera Adrián. No me gustaría encontrarme contigo haciendo algo vergonzoso y que lo veas. Me da mucha pena.
—Tranquila Lena. Voy a un encuentro con una pareja, vamos a estar en una habitación. Ya me avisaron que llegaron, así que no estaré revisando las atracciones del lugar. Así que tranquila. No vamos a coincidir.
Lena más segura se levantó y acompañó a Adrián al club s****l. Era un pasillo bastante oscuro, con luces rojas en la parte superior indicando que estaban entrando a otro ambiente. En la entrada principal dos enormes hombres fornidos te daban la bienvenida. Una vez que revisaron las credenciales de Adrián y el notificara que Lena es su invitada se podía entrar.
Tomaron una máscara que había en la entrada para seguir adelante. Era un lugar oscuro y con luces muy tenues, la música era muy sensual y lo primero que ves al llegar es una enorme pantalla indicando las actividades que se estaban realizando ese día. Orgía en salón tal, sexo compartido acá, voyerismo por allá, discoteca atrevida por la entrada aquella etcétera.
—Lena voy a una de las habitaciones no sé a que hora termine, pero puedes pedir un carro a esta empresa y dar mi nombre. Tengo cuenta con ellos y saben a donde llevarte.
Lena tomó la tarjeta y la guardó muy bien en su bolso. Para separarse de su hermano y ver que opción tomar. Pensó en ir a la discoteca, al menos allí las personas están bailando normalmente.
Al llegar la música era muy sensual y las personas estaban en una onda de manoseo y tocarse el cuerpo. Lena recorrió la pista, observando a las parejas tocándose, besándose y algunos estaban cogiéndose en el lugar. A duras penas llegó al bar y pidió un whisky sin hielo.
Se sentó para beber, pero estaba siendo observada por un hombre que se dirigió a ella para entablar conversación.
—¿Eres nueva por este rumbo?—preguntó el hombre en inglés
—Algo así, me invitaron y quería saber de que se trataba este lugar—contestó Lena en inglés.
—¿De dónde eres?—preguntó el hombre
—Soy de Puerto Rico, aunque mi familia vive en Manhattan y tú.
—En serio, eres latina—respondió el hombre en español.
—Claro y a mucha honra. ¿Y tú?. Hablas español... ¿Dónde naciste?.
—Soy español, pero viajo mucho y estaba de paso por New York vine con unos amigos a disfrutar la vida nocturna y ellos me trajeron aquí. Lo único que se me ocurrió fue venir a la discoteca, pero sin pareja es complicado entrar en ambiente con un desconocido. Pero te vi y me llamaste la atención.
—Somos dos. Aquí también la carga s****l es fuerte. Pero que tal si lo intentamos—propuso Lena. ¿Cómo te llamas?
—Manuel y tú.
—Soy Lena. Vamos a la pista y que fluyan las cosas.
Manuel agarró a Lena por la cintura y la acercó a él bailando suavemente y muy provocativa. La mujer se relajo y dejo que aquel hombre pasará sus enormes manos por su cuerpo, mientras sus pelvis se acercaban.
—¡Mmmm!... Los suaves y bajos gemidos de Lena al sentir aquel hombre manoseando su cuerpo, despertaron sus bajos instintos.
—Si te molesta lo que hago, me dices y me detengo—le indico Manuel.
—Pero los tragos ya habían bajado toda tensión en Lena que movía sus caderas y su gran trasero estaba presionando el área genital de Manuel.
—La verdad que tienes un enorme trasero mujer. Provoca darle varias nalgadas.
¡s***h, s***h, s***h!...
Lena gemía de placer al sentir aquellas nalgadas, sentía la necesidad de más.
Manuel fue llevando lentamente a Lena a una habitación pequeña de la discoteca. Eran espacios pequeños para un encuentro privado, el interesado ofrecía un pago adicional al bartender, que le abría el lugar. La idea es no exhibirse en la pista de baile. Era bastante pequeño, se podía seguir escuchando la música y gemidos de placer. Solo había un amplio sillón, una mesa con una bandeja de condones y juguetes sexuales, un basurero y botellitas de alcohol o agua. Manuel se sentó en el sillón y colocó sobre él y boca abajo a Lena para seguir nalgueando.
Manuel levantó el traje de Lena y al ver aquella tanga se excitó aún más. Cada nalga estaba rosada, fue cuando decidió presionar su ropa interior hasta que se formará a través de la tela su genital.
—Es grande y carnosa tu parte íntima, preciosa. Voy a tocar allí. ¿Estas de acuerdo?...
—Si, claro que sí. Estoy muy excitada.
Manuel empezó a meter sus dedos en su v****a, acariciaba el clítoris de la mujer y le propinaba nalgadas.
Estaba tan excitado que movió a Lena de su lado, se levantó fue a la mesita y tomó un paquete de condón.
—No puedo más necesito metértelo.
Lena recibió aquella polla dura dentro de ella en una incómoda posición, con su hilo dental aún con ella. Pero todo le parecía excitante, tenía tiempo que no se sentía así deseada y teniendo sexo salvaje.
Manuel terminó después de expulsar dentro del preservativo todo su semen. Sacó su polla y retiró el condón que descarto en un basurero dentro del cuartito. Mientras tanto Lena se arreglaba su ropa interior, el traje y su cabello.
—Creo que es todo, me retiro. Gracias por darme el mejor sexo en mi vida. Tenía tiempo que no sentía algo así.
—Fue un placer Lena.
Manuel le dio un beso en la mejilla y ambos salieron del lugar sin jamás quitarse las máscaras y sin hablar de sus vidas o ponerse de acuerdo para repetir. Sencillamente se entregaron al momento.
Lena no vio a su hermano mientras salía y mucho menos en el bar. Así que supuso que seguía en lo suyo o que se retiró al ver que ella no daba señales de vida.
Revisó su celular, pero no había ninguna llamada o mensaje de su hermano. Así que procedió a llamar un carro para que la llevara a casa.
Lena se bañó y lanzó toda la ropa al cesto para lavarla. Tenía tiempo que no se sentía así, lo que el buen sexo puede hacer y sin consecuencias o generando problemas.
-Ahora si puedo dormir tranquila...