Después de varios modelos de anillos que observó en diferentes sitios web de joyería, el hombre llamó para agendar una cita con el experto en anillos de compromisos. Ian eligió una pieza que se aleja del clásico solitario tradicional, buscando algo que Alicia pudiera llevar en su día a día en la tienda sin que pareciera una reliquia antigua, sino una declaración de estilo.
Sin embargo, quería observar las diferentes opciones del modelo que le había gustado hasta sentirse seguro en comprar el que le iba a su amada.
Salió de su oficina y se dirigió a una de las joyerías más exclusivas de la ciudad. Se requiere de miles de euros para obtener algunas de sus distinguidas piezas.
Ian se ajustó el abrigo, sintiéndose extrañamente vulnerable. Sabía que, en este nivel de lujo, no se vendían joyas, se vendía estatus, y él estaba allí para comprar algo que sobreviviera al escrutinio de los ojos más críticos de la ciudad: los de Alicia.
No se detuvo a mirar los escaparates generales; Alicia le había enseñado que el verdadero tesoro nunca está a la vista del público casual. Así que camino al mostrador del fondo.
—Bienvenidos señor Ian —saludó un hombre de guantes blancos y acento impecable, saliendo de detrás de una vitrina de cristal blindado—. Lo estábamos esperando. Tenemos la selección de diamantes de talla Emerald que solicitó.
Ian se sentó frente a un tapete de terciopelo n***o. El joyero colocó tres piedras desnudas frente a él. Ian tomó la pinza. Alicia siempre decía que las personas mediocres se deslumbran por el tamaño, pero que los expertos buscan la limpieza. Movió la piedra de 2.5 quilates bajo la lupa. No buscaba destellos; buscaba la pureza de esas líneas rectas que parecían escaleras de cristal.
—Es esta —dijo Ian, con una seguridad que no sentía minutos antes—. Alicia se sentiría complacida de su buen gusto y detalle de escoger un anillo para ella.
El joyero sonrió ante su elección y tomó la pieza para arreglarla en un hermoso estuche, mientras Ian pagaba miles de euros por aquella muestra de amor e interés de vivir con esa persona especial: Alicia Corona.
Al salir de la tienda, Ian irradiaba felicidad por dar un paso tan importante para él y que creía también para Alicia que pacientemente ha estado junto a él por cinco años.
Fue a una compañía de catering para ordenar un menú especial para el evento y que lo llevaran a su casa. No quería que su madre se preocupara por la comida, luego pasó a una tienda de licores para comprar varios espumantes.
Llamó a su oficina para indicar que no iría a trabajar en la tarde. Como era el propietario no habría problemas con eso, pero siempre notifica al personal cuando no se va a presentar. Dejando la responsabilidad del lugar a su administradora.
Devuelta casa les informa a su padre de su decisión:
—Los llame —dijo Ian, para comunicarles que hoy le voy a proponer matrimonio a Alicia.
—¡Es una excelente noticia! —proclamó la madre. Ya es hora hijo, tienes treinta y siete años cuando tengas hijos ya estarás bastante maduro y será muy agotador llevarle el ritmo a tus niños.
—Tu mamá tiene razón —intervino el padre. Nosotros no pudimos tener más hijos por nuestro estilo de vida y vaya que fue bastante complicado criarte. Pero te felicito, eres un hombre maduro e inteligente. Que ha logrado forjar su propio negocio y además de dar clases en la universidad.
—Me alegra que estén contentos por esta nueva aventura. Para que mi viejita no esté preocupada por la comida, contrate un servicio de catering con un menú que les gustará tanto a ustedes como a Alicia.
Voy a poner estos espumantes a enfriar. Y no te molestes mamá en arreglar la casa, yo lo haré. Sé donde están todas las cosas que se requieren para una velada en casa.
Ian se dispuso a arreglar la mesa, la casa, compro flores para adornar. Quería que fuera una velada familiar sin perder el romanticismo de una petición de la mano.
Eran las siete de la noche. Todo estaba listo, la comida ya había llegado, la casa estaba arreglada con algunos detalles florales.
—¡Ring, ring, ring!
El timbre de la casa sonó y la madre de Ian se movió rápidamente para abrir la puerta.
—Señora Aslán que alegría verla otra vez. —una cariñosa Alicia saludo a la madre de Ian.
—Es un gusto verte Alicia, pasa por favor, me alegra que hayas llegado.
—Tuve algunos contratiempos, pero hoy recibí una maravillosa noticia y que mejor forma de celebrarlo que con una deliciosa cena con Ian y sus padres.
—Entonces has llegado al lugar indicado—respondió la madre de Ian.
Alicia pasó a saludar al padre de su novio. Ambos esposos la condujeron al comedor para empezar a comer, no querían que la comida se enfriara.
—¡Muuuua!—Ian recibió a su mujer con un sonoro beso en la boca. La miró a los ojos y vio que ella estaba radiante y feliz.
—Que beso tan rico y que recibida tan acogedora—dijo Alicia. Vamos a comer, me muero de hambre, creo que solo tengo un emparedado de jamón del mediodía.
Un gentil caballero vestido de camarero se dispuso a servirle. Alicia quedó sorprendida de que habían contratado un servicio completo de catering. Supuso que Ian habría logrado conseguir un proyecto arqueológico importante y quería celebrar con ella y sus padres. Aunque la mujer también tenía una gran novedad que compartir con su amado.
El restaurante en la casa. Ya que había entrada, plato principal y varios postres para escoger de lo que Ian solicitó.
—Podrás descorchar uno de los espumantes que te indique para la velada—dijo Ian al joven que les servía.
¡Plof!...
El ruido del descorche. Mientras Ian invitaba a su prometida y padres a pasar a la terraza. El área estaba elegantemente decorada. Cada uno tomó su copa con la bebida.
Ian levantó su copa y se animó a dar unas palabras, antes de hacer la propuesta.
—Brindo por la vida y por tener a mi lado a las personas más importantes.
¡Salud!
¡Clin, clin, clin!—contacto de las copas.
Ian dejó su copa en la mesa y sacó de un enorme cofre que había dejado en la mesa una caja de madera de ébano n***o mate, hecha a medida, sin logotipos.
Se acercó a Alicia que se había distraído con el móvil por un mensaje que llegó, pero no se le iba a ocurrir atender a nadie. Era el momento con su pareja. Así que se voltea al sentir de cerca a su pareja.
Ian no se arrodilla se acerca lentamente a Alicia, abre la caja que contiene el diamante de talla Emerald y el oro champagne. Alicia se queda sin aliento.
—Ian… es hermoso… —susurra ella, reconociendo la exquisitez de la pieza.
—Me tomó tiempo elegir uno que encaja en tu forma de ser —dice él, ahora sí, bajando la voz y dando el paso—. Mi vida ha dado un giro interesante desde que estás conmigo, es hora de darle estabilidad a mi mundo y tu eres ese ser especial que me hace sentir seguro en casa. Alicia, ¿quieres ser mi esposa?
Alicia respira profundo, nunca se imagino que el aventurero de Ian quería formalizar y construir una familia. Sus ojos sacaron un par de lagrimas del asombro. Estiro la mano para que el hombre introdujera el anillo en su dedo.
Lo observo por unos instantes era una joya hermosa y por su amplio conocimiento en prendas de lujo sabía que era un anillo costoso.
Alicia lo abrazo y beso profundamente en la boca ante la mirada feliz de los padres de Ian.
—Acepto. Si quiero ser tu esposa.—dijo una emocionada Alicia.
Los aplausos de los padres y el abrazo a la pareja sellaron la grandiosa velada que había acontecido.
Después de la propuesta, Alicia no dejaba de ver su anillo y beber con su amado por regalarle un momento tan emotivo y bien cuidado.
—Por cierto—interrumpe la madre de Ian. Al llegar dijiste que tenías algo que compartirnos, que habías tenido una gran noticia.
Alicia miró con cara de asombro que su futura suegra haya recordado el comentario que ella había dicho al entrar a la casa.
—Al lado de este evento, no es tan importante.—indicó Alicia—. Son logros en el trabajo, pero la cena, la propuesta, todo este ambiente encantador no es tan importante como una transacción de negocio.
Ian abrazaba a su mujer. Quería ponerse de acuerdo para los preparativos de la boda, visitar a sus padres que vivían en otra ciudad, escoger el lugar para pasar la luna de miel.
—Dame tiempo amor. Voy a viajar la próxima semana al pueblo de mis padres y ver donde los puedo alojar y hablar con ellos y hacer otra propuesta de matrimonio con la familia. Sé que se pondrán contentos.
—Si quieres puedo acompañarte y ver que lugar es el indicado para que mis padres se hospeden. No me gustaría incomodar a tus padres, estoy consciente que su casa es bastante pequeña. —comentó Ian.
—Por supuesto que no Ian. Dame la oportunidad de darles una gran bienvenida. Tus padres y tú han sido excepcionales conmigo y me gustaría retribuirles.
Tanto Ian como sus padres aceptaron la petición que insistentemente Alicia les indicaba.
Los padres de Ian se despidieron de la parejita, querían dejarlos solos para que disfrutaran de su velada. Ian despidió al joven que los apoyó en el servicio de servir la comida para concentrarse en su mujer.
Ian acariciaba a su mujer, la besaba y abrazaba con una euforia por la decisión que había tomado. Ambos se pusieron muy melosos y al terminarse las botellas de espumante. Las caricias se volvieron más íntimas.
—¿Te invito a mi habitación?
—Estas loco Ian, no tendremos sexo en la casa de tus padres. Voy a llamar a un taxi. Hablamos mañana, ha sido un día emocionante.
Ian dejó de provocar a su mujer y aceptó su sugerencia. La beso apasionadamente mientras el vehículo que ella solicitó la recogió para llevarla a casa.
—¿Un auto particular te vino a recoger?—preguntó algo extrañado Ian a su mujer.
—Amor tranquilo, es una compañía que brinda servicio de transporte en autos particulares. Ese servicio me lo sugirió un cliente y el pago no es tan elevado, son muy reservados y seguros.
—¡Vaya, vaya!... Me parece interesante, deberías pasarme el nombre de esa compañía para cuando vengan mis colegas a congresos ofrecerles esa alternativa.
—¡Claro!. Te paso el contacto.
Alicia subió a la parte de atrás del auto y se despidió de su amado.
—¿Te llame, por qué me ignoraste?—le dijo el conductor del auto a Alicia.
—Fue un día complicado.—respondió Alicia.
—Ya todo está listo, tenemos que salir dentro de dos días.
—Perfecto, tengo la coartada indicada para escaparme unos días.
Alicia se alejaba de la casa de Ian, miraba su anillo una y otra vez, había conquistado el corazón de su amado y pronto sería su esposa legalmente. Sin embargo, había otro trofeo en su vida que ese día también había logrado y tenía que ir por su conquista.