Levka no fue lo único que explotó como último deseo de Even Eisen. La mujer que se pudría en el infierno por todo el daño que causó, poco después de raptar a Shaindel y enviarla a Suecia con varias de sus espías por una salida que solo ellas conocían, movilizó las personas que compró en Rusia para que destruyeran todo lo perteneciente a los rusos. Even amedrentó al presidente ruso al decirle que caería cuando las personas que protegía lo hicieran. Le aseguró que estaba tan cerca de ganar esa guerra, que si no cooperaba con la agencia le enviarían un misil que destruiría la mansión presidencial y asesinaría a su familia. El hombre se vendía al mejor postor, y como Levka no logró hablar con él porque no le dio importancia, el hombre, cuando recibió los indicativos, envió jets con misiles par

