Oía un par de voces en la habitación pero no alcanzaba a reconocer a quienes pertenecían ni que decían, tenía un terrible dolor de cabeza, y mis ojos pesaban demasiado, no podía siquiera abrirlos para saber dónde demonios estaba. ¿Qué había pasado?, lo último que recordaba era que estaba bailando con Alex, luego de ahí mi mente estaba en blanco, ¿Tanto había bebido?.
Hice todo el esfuerzo posible para poder abrir mis ojos, cuando por fin lo logré descubrí que me hallaba en una camilla de hospital. Era mi madre quien se encontraba en la puerta de la habitación hablando con un doctor.
-Muchísimas gracias Greg. –Dijo ella con un tono peculiar. ¿Acaso lo conocía?
-No tienes nada que agradecerme Cass, era lo menos que podía hacer por ti y por tu hija. –Dijo el doctor. Definitivamente se conocían pero ¿De dónde? –Debo irme ya, espero que estés bien. Si necesitas algo más me llamas. –Le dio un corto abrazo a mi madre, luego dio media vuelta y se marchó.
-Mamá –Alcance a decir, sentí como si me cabeza fuese a estallar si seguía hablando. Ella volteo inmediatamente en mi dirección. Sus ojos se veían cansados y llenos de preocupación. Ahora que la detallaba bien, ella y yo no éramos tan diferentes en rasgos físicos, nuestros ojos eran un poco achinados, bastante expresivos a decir verdad, nuestras narices algo perfiladas, cejas no muy gruesas pero tampoco muy delgadas, labios bien marcados, carnosos y con un tono rosado pálido. Las diferencias eran en realidad en el tono de piel, color de cabello y color de ojos, ella era de tez blanca, cabello n***o y ojos café claros, yo por otra parte era un poco más morena, cabello castaño oscuro y ojos café oscuros, como mi padre. Siempre sentí envidia de mi hermano por haber sacado los ojos claros de mi madre. Ella se colocó a mi lado y poso su mano sobre mi cabello.
-Me alegra que hayas despertado, pequeña. –Dijo con calma mientras acariciaba mi cabello y me abrazaba levemente.
-¿Qué sucedió? ¿Dónde está Alex? – Dije algo cansada.
-Al parecer algo que tomaste tenía un tipo de droga que te dejo inconsciente. –Dijo con serenidad. ¿Droga?, trate de hacer memoria, pero el dolor de cabeza no me dejo retroceder mucho en mis recuerdos de la noche anterior. Mi cara de confusión tuvo que ser bastante notoria pues mi mamá añadió. – Alex fue quien te trajo, luego me llamo. También me contó que un grupo de chicos repartió una ronda de tragos gratis, dijo algo como que eran solo para las chicas. Resulta que unos cuantos vasos contenían drogas, el tuyo era uno de esos.
-Que mierda. –Alcancé a decir con disgusto. Recordaba eso. Alex tomo los vasos completamente al azar, y yo fui la afortunada. Genial.
-¡Samantha, ese vocabulario! –Dijo mi mamá con severidad. No le gustaba que dijese malas palabras en su presencia, era de las personas que llevaban el discurso sobre como las chicas no podían decir groserías porque se veía “mal”. Siempre discutíamos al respecto puesto que a mi hermano no le decía nada si él lo hacía, teniendo él tan solo 13 años me parecía bastante injusto. Pero en esta ocasión no me encontraba en condiciones de discutir con ella sobre ese tema.
-Perdón mamá. – Suspiré. Luego pregunté con curiosidad. - ¿Dónde se encuentra Alex?
-Ella está en la sala de espera junto a dos chicos, uno llamado James, su novio por lo que noté, y el otro se llama Mateo, si no me equivoco, no recuerdo bien. – Mierda, mierda, mierda. Marcus estaba acá. Pero, un momento, ¿Qué hacía él acá?
-Marcus. –Dije corrigiendo a mi madre. Ella me dirigió una mirada de curiosidad, sabía perfectamente cuál era la pregunta que pasaba por su mente, pero se limitó a pregunta y agradecí eso.
-Sí, él. ¿Quieres que los llame? –Inquirió. –De todos modos debo ir a comprar algo de comer, te traería algo pero Gr… el doctor dijo que no podías comer nada aún. – Dijo, no pude evitar notar que sus mejillas habían agarrado un leve rubor, pero así como ella se limitó a preguntar sobre Marcus, yo decidí hacerlo sobre el tal Greg.
-Sí, por favor. –Dije mientras le daba una leve sonrisa. La vi salir de la habitación y en cuestión de un par de minutos entraron Alex y los chicos.
-Sam, me alegra tanto que estés bien. –Dijo Alex, quien se abalanzo sobre mí para darme un fuerte abrazo. –Perdóname en serio, de haber sabido que esto pasaría jamás te habría dado ese vaso, no tenía ni la más mínima idea. –Se notaba el nudo existente en su garganta, lo cual me conmovió.
-Tranquila, sé perfectamente que fue sin intención, tú no tienes la culpa. –Dije correspondiendo a su abrazo.
Luego que ella se alejó dirigí mi mirada hacía James.
-Vaya susto nos diste pequeña. –Dijo mientras sonreía de manera compasiva. Se lo notaba el cansancio, su franela estaba arrugada y su cabello rubio se encontraba algo desaliñado.
Detrás de él se encontraba Marcus, se había recostado en la pared que estaba cerca de la puerta.
-Me alegra verte bien, Samantha. –Dijo, con un tono dividido entre compasión y seriedad, haciendo bastante énfasis en mi nombre.
-Hola Marcus. –Dije apenada, sentía como ardían mis mejillas, y por desgracia para mí, en esta ocasión todos se dieron cuenta de ello.
-Bueno, esto es bastante incómodo. –Dijo Alex rompiendo el silencio que se había apoderado de la habitación. – Vamos James, acompáñame a comprarle un café a Sam.
-Pero, el doctor dijo que no podía tomar nada todavía, solo agua. –Dijo James muy confundido. No pude evitar reírme de su respuesta.
-Oh por el amor de Dios, vamos. –Dijo Alex mientras halaba a James de un brazo fuera de la habitación, dejándonos a Marcus y a mí con una enorme tensión de por medio.
-Disculpa por haberte mentido -Dije bajando la mirada hacía mis manos. Suspiré y mientras encogía los hombros alcé la vista nuevamente y añadí– en mi defensa, no le iba a decir mi nombre a un desconocido que me abordó en una fiesta.
-Tranquila, no estabas en obligación de decirlo, aunque hubiese agradecido bastante la sinceridad. – Estaba serio, se veía resentido por haberle mentido. – Además, quede como un idiota cuando le pregunté a Alex por qué te decía “Sam” en vez de “Sarah”.
-Para ser honesta, pensé que no te volvería a ver. –Dije con crueldad. ¿Quién se creía él para reclamarme por haber hecho lo que hice?, ni siquiera me conocía.
-Y aun así, acá estoy. –Dijo mientras suspiraba. Se notaba cansado, igual que el resto había pasado toda la noche en el hospital. Hubo algo en su rostro que me hizo sentir un poco culpable por mi comentario anterior. – Debo admitir que me preocupe mucho cuando te vi inconsciente en la arena. Alex estaba asustada de que algo peor te hubiese sucedido.
-Gracias por haber venido. –No sabía que más podía o debía decirle. Su rostro reflejo que esperaba más de mi parte.
-Bueno, creo que ya debo irme. –Dijo de manera pausada, denotando la incomodidad de la situación. –Fue un gusto haberte conocido Sar… Samantha. – Corrigió rápidamente. Se acercó a la camilla y deposito un beso en mi mejilla que mando una corriente extraña por todo mí cuerpo. Sus labios eran cálidos y suaves. Dudo un poco cuando se estaba alejando y por una fracción mínima de segundos quedamos frente a frente. Pude detallar bien el color de sus ojos, eran color café oscuro, casi llegando a n***o.
-Marcus, yo… -Dije suevamente, pero las palabras no venían a mi mente, ¿Debía decirle que no lo hiciera? ¿O por el contrario, debía dejarlo?, una parte de mi quizás lo quería, aunque la otra sabía que no era algo precisamente correcto. Él estaba comenzando a acercarse un poco más, sentía como su respiración se mezclaba con la mía, se disponía a besarme cuando alguien carraspeo desde la puerta. Él se levantó inmediatamente y se giró viendo en dirección a la puerta con sorpresa, como lo hacía un niño pequeño cuando lo atrapaban haciendo algo que no debía. Era mi madre quien se hallaba en el umbral. Traía una bolsa en una mano y un café en la otra.
-Disculpen que interrumpa, pero Samantha debe descansar por orden del médico. –Dijo con seriedad.
-Sí, entiendo, ya me iba de todos modos. –Miro apenado a mi madre, luego volteó en mi dirección y dijo. –Espero verte pronto. –Sonrió tiernamente, dio media vuelta y se marchó. Yo cerré mis ojos y recosté mi cabeza en el colchón de la camilla con una ligera frustración.
-¿Y él quien era? –Preguntó mi madre mientras se sentaba en una silla blanca que estaba ubicada a los pies de la camilla.
-Marcus, un chico que conocimos anoche en la fiesta. –Dije. Conocía a mi mamá, esa pregunta era solo punta de iceberg. Se avecinaba un interrogatorio completo.
-Para haberlo conocido anoche parecía que tenían bastante confianza. –Dijo con ironía y algo de humor mientras le daba un sorbo a su café.
-¡Mamá! –Dije rápidamente, sorprendida por su comentario. Sentí como mis pómulos volvían a agarrar color.
-Solo digo –Dijo riendo. –Iba a besarte de yo no haber interrumpido.
-Que oportuna por cierto. –Dije un poco esquiva. “Alto”, pensé, ¿En verdad quería que me besara?
-¿Y Andrew? –Mi madre soltó la pregunta sin más. Me miraba con intriga. – ¿Qué paso con él? – ¿En qué punto de la ruptura las personas dejarían de preguntar por él?, era como si el universo quisiera recordármelo a cada instante.
-Me terminó el viernes. –Dije después de un suspiro. – Me llamo luego de irse de nuestra casa. –A pesar de que sentí una ligera presión en el pecho, mencionar lo sucedido ya no dolía tanto.
-Y por eso ibas a besar a Marcus. –Dijo ella como si hubiese completado todas las piezas de un rompecabezas. – ¿Si sabes que un clavo no saca otro, verdad? –Mencionó mientras encarnaba la ceja derecha.
-Primero, él era quien iba a besarme. Y segundo, no tengo la más mínima intención de utilizar a Marcus para olvidar a Andrew, además, ni siquiera sé si volveré a verlo, no tiene mi número y yo menos tengo el suyo. –Dije mientras encogía mis hombros. En el fondo si me dolió un poco reconocer que no me había pedido mi número.
-En realidad -Dijo Alex entrando a la habitación seguida por James. Ambos traían un vaso de café. – Él me lo pidió, tú numero quiero decir. Lo hizo anoche mientras esperábamos que el doctor nos dijese que te había sucedido. –Dio un sorbo a su café mientras colocaba cara de “Sí, soy culpable”
-¿Y se lo diste? –Pregunté con curiosidad. En el fondo deseaba que si lo hubiese hecho.
-Obvio que lo hice y por lo que acabo de escuchar hace un segundo sobre un beso frustrado, sé que hice lo correcto. –Dijo encogiéndose de hombros. Tenía la misma mirada de victoria que había tenido la noche anterior cuando accedí a tomar con ellos.
Me disponía a responderle a Alex cuando vi como una figura algo esbelta, y extremadamente familiar, se posicionaba en la puerta de la habitación. ¿Qué hacía él acá, precisamente frente a mi puerta?, la sorpresa tuvo que haberse reflejado en mi rostro lo suficiente para que mi mamá, Alex e incluso James giraran en dirección a la puerta para ver de qué o quién se trataba. No podía creer lo que veía, las palabras abandonaron por completo mi mente, solo una palabra encontró lugar en mi boca y la utilice en modo de pregunta.
-¿Andrew?