2. ENFRENTAMIENTO DESPUÉS DE LA RESACA

1722 Words
Capítulo dos: Enfrentamiento después de la resaca Mi mejor amiga me recibe en el corredor. Supongo que no podía esperar dentro del departamento; es igual de impaciente que yo. Prácticamente me empuja hacia su salón y me obliga a sentarme en el mullido sofá. Luego, se coloca delante de mí, expectante. —Ahora sí, Maxwell; desembucha. —Se casa —suelto como si la información fuera un veneno mortal. —¿Quién se casa? —¿Quién va a ser? —cuestiono. —¿Oliver? —asiento—. ¿Con quién? ¡No me digas que te propuso matrimonio así de sopetón! Niego repetidamente aguantando el porte. No he derramado una lágrima, creo que deberían darme una recompensa por ello—. No es conmigo, Fabiola. —¿Entonces…? ¡No me digas que con la odiosa de Susana! No la soporto con sus ínfulas de Miss Perfection y su inocencia fingida. Por muy modelo famosa que sea… Fabiola continúa parloteando. La modelo que trabaja para la empresa de mi familia nunca le ha caído bien. Supongo que el hecho de que la chica se haya metido con Neil —el exnovio de mi amiga—tiene mucho que ver. —Con Kate —interrumpo su desvarío. —¿Con Kate? ¿Qué Kate? —pregunta sin dar pie con bola todavía. Se queda mirándome fijamente y segundos despuéssu rostro se queda perplejo como si hubiera visto un fantasma. Si fuera un emoji, sería el asustado con los ojos muy abiertos y completamente blancos—. ¿Con Kate, tu hermana? —¿Conoces alguna otra Kate? —inquiero demasiado asqueada con la situación. —Oh. Dios. Mío —recalca cada palabra, luego se lleva las manos hacia la boca—. ¡Qué fuerte! No sabía que eran novios. —Pues ya somos dos —añado. —Necesitamos un tarro de helado de vainilla —esa es mi vía de escape en los momentos difíciles; pero no creo que esta vez funcione—, ¡con urgencia! —Tómatelo entero si quieres —señalo—. Yo necesito una copa de whisky. De hecho —me levanto de prisa y voy hacia la cocina, donde sé que mi amiga guarda las bebidas—, creo que tomaré la botella entera. —¡Pues no se diga más! —exclama sirviendo una copa a cada una y posteriormente alzándola al aire—. Por esa puta mierda a la que llaman amor. —Salud —chocamos los cristales y me bebo el contenido de un sorbo. «No podría estar más de acuerdo» *** Llego al bufete con muy malas pulgas. Ni siquiera hago el intento de quitarme las gafas; la luz me molesta y la cabeza me duele horrores. Apenas puedo recordar la noche anterior después de la primera botella; pero debimos habernos acostado muy tarde. Al menos eso es lo que indica mi cuerpo. Parezco un restrojo humano; he tenido que hacer uso del maquillaje que tanto odio; pero aquí estoy. La señorita Melysa Maxwell jamás ha faltado al trabajo. —Buenos días, Lysa —me saluda Cleo en recepción. —Chisss —rápidamente le ordeno callar con un dedo en mis labios—. No hay por qué gritar, Cleo. —Lo siento —se disculpa susurrando. Cleo rápidamente ha entendido la indirecta—. ¿Mala noche? Bueno, veamos… Mi socio y amigo del que llevo enamorada toda la vida, se casará y no con cualquiera, no; nada más y nada menos que mi hermana mayor. Por si fuera poco, justo ayer me había decidido confesarle mis sentimientos y como ilusa pensé que él me correspondía. Si ha eso le sumas litros y litros de alcohol hasta las tantas de la madrugada, sumas la ecuación perfecta de la muerte. —Ni te lo imaginas —respondo finalmente. —Fabiola no ha llegado, así que si me lo permites, te llevaré una aspirina y un digestivo. —No necesitas preguntarlo, Cleo —aplaudo su ofrecimiento—. Eres un cielo. Continúo por el pasillo directo hacia mi oficina. Al entrar automáticamente desvío la mirada hacia el otro local separado por una pared de cristal. La puerta que comunica ambas oficinas se encuentra cerrada; eso quiere decir que no ha llegado. Suspiro aliviada. Realmente no me apetece verle en estos momentos. Veo la pila de expedientes encima de mi escritorio y resoplo. Menudo día me espera y la cabeza me va a estallar. Media hora después el efecto de la píldora de Cleo comienza a hacer efecto. La puerta se abre y por un instante contengo el aliento, pero vuelvo a respirar tranquila cuando veo que es mi secretaria. —Hola —saluda desganada y en un tono muy bajo—. No te sentí irte de mi departamento esta mañana. Por favor, dime que te sientes como la mierda, justo como yo. —Puede que peor —señalo—. ¡Por Dios! ¿Cuánto bebimos, Fabiola? Ella se encoje de hombros—. Esta mañana descubrí una botella de whisky, una de vino y varias cervezas vacías. —¡¿Todo eso?! —exclamo asombrada y rápidamente me arrepiento. La punzada en mi sien regresa. —Dímelo a mí. Me demoré en venir porque tuve que recoger el desastre que hicimos. No pienso volver a mezclar distintas bebidas en mi vida. La próxima vez —señala con su dedo índice suspendido en el aire en señal de advertencia—, ahogaremos las penas en azúcar, o carbohidratos o nos lanzamos a la fuente del parque; o cualquier cosa que no sea alcohol. —Por supuesto —la ironía en mi voz es evidente para ambas—. Haré como que te creo. —Vale, tienes razón —levanta los brazos resignada. Fabiola no aguanta más de cuarenta y ocho horas sin su copita de vino—. Es de ley ahogar las penas en alcohol. Así que, te pediré de favor que no tengas una recaída en los próximos días. No puedo aguantas dos noches seguidas como la de ayer. —Puedes estar tranquila —alego—; no pienso probar ninguna bebida con alcohol en lo que queda de semana. —Bien. Debemos repasar la agenda del día, pero antes necesita hacerte una pregunta personal. —Adelante —la insto a proseguir. —¿Estás bien? Sé que no se refiere al plano físico, sino al emocional. Y la verdad no sé qué leches responderle. No lo sé. ¿Estoy bien? Mi hermana y Oliver no solo tienen una relación amorosa; sino que van a casarse. Y todo sucederá delante de mis narices. No quiero ni imaginar lo que está por venir en las próximas semanas porque estoy completamente segura de que serán una tortura. Y no me siento preparada para ello. De hecho, creo que nunca lo estaré. Aun no soy consciente de toda esta situación. «¿Cómo podré verles juntos todos los días?» «Tendré que olvidarme de Oliver para siempre» «¿Y cuando tengan hijos?» ¡Por el amor de Dios! No quiero ni pensar en ello. Ya tengo suficiente con lo que lidiar por el momento. Emito un largo suspira antes de responder. No puedo mentirle a mi mejor amiga—. No. No lo estoy, Fabiola. Si te dijese otra cosa, estaría mintiendo… Pero lo estaré. Después de todo, excepto por pequeños momentos delirantes, nunca he guardado esperanzas con respecto a él. —Lo siento, Lysa, de verdad. Siempre pensé que… —detiene sus palabras y niega con la cabeza—. Olvídalo. Miremos hacia adelante. Comencemos con el caso Hunt; es el más urgente. Debemos comenzar a idear un plan porque la situación no pinta nada bien a nuestro favor. —Lo sé; pero el experto en este campo en Oliver y siendo sincera, no me apetece verle hoy. —No ha llegado —informa mi secretaria. —Ojalá no lo haga. —¿No sientes curiosidad por saber la razón? —No, Fabiola —resoplo—. No hay que investigar mucho para saber que está celebrando su compromiso. —Seguro él y Kate estuvieron… —Fabiola —la corto—. Centrémonos en el trabajo. —Lo siento —asiento. A veces puede llegar a ser imprudente—. Llamaré a Gabriela —anuncia mientras marca el número de extensión en el teléfono—; puede ser de ayuda. —Buena idea. Me centro en los papeles, o al menos lo intento. Este caso es difícil; pero estoy dispuesta a luchar por mi cliente. Allan Hunt no merece perder el legado que con tantos años de sacrificios ha construido, a manos de su ambiciosa ex mujer. —Oh, oh —murmura mi mejor amiga para que Gabriela no la escuche—. Colega no-tan-caliente-ahora a la vista. No tengo tiempo de reacciones, en cuestión de segundos, mi socio se adentra en mi oficina. —Buenos días —pronuncia un poco cortante. —Buenos días, señor Saunders —Fabiola y Gabriela responden a coro. —Oliver, llegas tarde —digo con la mirada fija en los papeles. No puedo verle, no estoy preparada. —Gabriela, Fabiola, necesito que salgáis unos minutos —pide con cortesía, pero todos sabemos que es una orden—. Tengo que discutir un asunto con la señorita Maxwell. —Estamos trabajando en el caso Hunt, Oliver —protesto—, y la situación es bastante complicada. Por tanto… —Ahora —sus palabras imperativas cortan las mías. Nuestras secretarias no dudan en levantarse de sus sillones y salir con prisa del lugar, casi corriendo. El sonido de la puerta al cerrar, incluso hace que de un salto en mi silla. —Mírame, Lysa —ordena, pero me niego a hacerlo—. Ten el valor de mirarme a la cara para hablarme, colega —posa sus dedos en mi barbilla para forzarme a alzar la vista y siento la electricidad golpear mi cuerpo como un Duncano—. ¿No crees que nos debemos una plática? Contemplo su figura imponente, su amplia musculatura contraída, su rostro con una regia expresión y sus ojos grises soltando chispas. Entonces, la ira comienza a corroerme, viaja por mi torrente sanguíneo hasta concentrarse en mi cabeza. Con certeza, puedo asegurar que los siguientes minutos no serán nada agradables.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD