Capítulo 2: Encuentro.
Evans Bracco
¿Casarme? Por supuesto que no estaba para nada en mis planes, reconozco que no soy el mejor hombre que haya pisado la tierra, como todos tengo mis defectos, pero... ¿Es necesario que me case para asumir la capacidad de responsabilidad que me falta? Según mi padre sí, ni siquiera puedo escoger yo a mi futura esposa, no, él lo hizo por mí antes de morir y dejo especificado en su testamento que no puedo casarme con otra persona, a menos que la mujer que él eligió no este de acuerdo con el maldito matrimonio.
- ¿Quieres dejar de mirar ese reloj, Evans? - pregunta mi hermano.
- Tarda demasiado, se supone que nuestro padre la eligió - refuto quitándome el reloj y lanzandoselo - ¿Feliz?
- Por estas cosas, papá te puso como condición la boda - regaña dejando a un lado el reloj.
- Deberías entender, pero lo no harás. Es decir tú tienes una familia perfecta, amas Richelle, ella a ti y tienes una hermosa hija - señalo lo obvio - No tienes las mismas preocupaciones que yo.
- Exacto, mientras tú te la pasas de fiesta en fiestas y de cama en cama, yo, hermano tengo una familia a la cual cuidar y sacar adelante - reprocha seriamente - Eso tú jamás lo comprenderás.
- Oh, claro que no. Aún más cuando papá ha elegido a mi esposa. ¿Crees que quiero casarme con alguien que no conozco? - pregunto con molestia.
- ¡Buenas tardes! - exclama una voz dulce pero con deje agitado - Perdón por la tardanza.
- No se disculpes, señorita Lia, pase - indica mi hermano. En el momento que él se levanta me digno en ver a la mujer que será mi martirio.
- Buenas tardes - enuncio, poniendo los ojos en blanco. ¿Infantil, cierto? No importa - ¿Así que me casaré con esta mujer? - mi hermano asiente.
- Si la señorita Lia así lo quiere, sí - expone.
- ¿Sabes dónde trabaja, ella? - cuestiono señalándolo a Lia.
- Evans, no irás a decir alguna de tus acostumbradas tonterías.
- Trabaja en un bar de mala muerte, estoy seguro de que me entiendes - explico mirando con desprecio a la mujer - ¿Alguna vez me acosté contigo? - pregunto directamente, ella baja la mirada.
- Se esta equivocando, yo no hago más que tomar ordenes en ese lugar - responde ella.
- Claro y yo soy un santo - murmuro en burla - No me casaré con una cualquiera, Andrés - aseguro.
- ¡Evans! - levanta la voz reprobatoriamente - A mi me consta que a la señorita Lia no le gusta para nada ese lugar, de otra manera no estaría aquí dispuesta a escuchar las cláusulas respectivas del contrato.
- ¿Contrato? - pregunta ella - No comprendo de que habla, creí que... Bueno que iba a casarme con él.
- Y así será, señorita Lia, pero mi padre dejo resaltado que su matrimonio no será para siempre, además de que cada uno puede pedir la terminación del mismo, en algún momento - aclara, invitándola a tomar asiento.
- ¿Por qué tiempo se supone que tengo que estar casado con ella?
- Cuatro años y seis meses. Aunque a juzgar por la persona que nuestro padre eligió, creo que él esperaba que sigan adelante después de la fecha límite del contrato - manifiesta, mirando a Lia, quien se remueve incomoda en el sillón.
- ¿Andrés, has tomado de más últimamente? - él ríe - Ni en tus mejores sueños yo terminaré realmente enamorado de esa mujer - susurro.
- Nunca, digas nunca, Evans - cita él con una sonrisa - Ya veremos que sucede. Señorita Lia - nombra haciendo que ella lo mire.
- ¿Si? - pregunta por lo bajo.
- Siga a Evans a mi oficina en un tiempo subiré yo - ella asiente, levantándose. Frunzo el ceño y me levanto obligatoriamente para guiar a nuestra invitada - No hagas alguna idiotez. Compórtate.
- No eres mi padre, Andrés - contesto, para después comenzar a subir las escaleras, sintiendo los pasos de la mujer detrás de mí. Pongo los ojos en blanco al escuchar un golpe, acompañado de una maldición.
- ¡Con un demonio! - expresa ella. Me volteo y la veo tirada en las escaleras, tirando del filo de su vestido.
- ¿Enserio eres tan inútil? ¿Sabes al menos caminar con tacones?
- Sé hacer cosas mejores que caminar con este tipo de zapatos - comenta volviendo a poner el tacón.
- Sí, ya me imagino - digo arrimando mi cuerpo al barandal de las escaleras.
- No es nada de lo que se imagina -contraataca levantándose - Quisiera que dejará de pensar cosas que no vienen al caso, sobre mí. Ni siquiera nos conocemos.
- En eso tiene razón, pero, conozco demasiado bien el lugar donde trabajas - expongo fulminándola con la mirada - Y mira que el hecho de que te estés vendiendo no habla nada bien de tu persona - concluyo.
- No me vendo, sólo necesito...
- Dinero... Todos necesitan de el, qué te hace a ti diferente para que mi difunto padre te escogiera como mi esposa - indago acercándome más a ella. He notado que mi presencia la incomoda, así que lo usaré a mi favor.
- Realmente no puedo contestar a eso, mi tío fue quien me hablo sobre esta propuesta - sonrío con arrogancia.
- ¿Sabes que conmigo puedes dejar de actuar como una ingenua?
- Ya le he dicho que no hago nada malo en ese bar...
- Pero, quien mencionó el bar en este momento - ella abre la boca, pero hablo primero - Tú consciencia querida esta demasiado sucia, ¿Cierto?
- Veo que no están en mi oficina - pronuncia mi hermano, mirando como si yo fuera un criminal o algo así - Ha pasado algo, mientras no estuve. ¿Señorita Lia?
- Oh, no señor Bracco - miente, sin mirarle. Sé que mi hermano no se ha creído nada pero continua caminando hacia su oficina.
- Bien... Sigamos entonces - le señala a Lia el camino y se adelanta pasando por nuestro lado - Se puede saber qué le dijiste.
- Nada, ella mismo te lo ha confirmado - contesto restandole importancia al asunto - ¿Podemos apurarnos? La presencia de esa mujer me ahoga - requiero de mal humor.
Al entrar en la oficina de Andrés, ella parece aún más incomoda. De vez en cuando mueve la cabeza para mirarme y al encontrarse con mis ojos, se sonroja y su cuerpo se tensa. Sí, ese es el efecto que tengo en las mujeres.
- Evans - nombra mi hermano, lo miro y él arruga el entrecejo - Señorita Lia, ambos escuchen atentamente, ahora explicaré cada una de las clausulas, pero su abogado personal se las hará llegar después para que las puedan leer con más detenimiento - asiento y puedo ver como ella también lo hace - Me alegra saber que comprendan, comencemos contigo, Evans - de uno de los cajones de su escritorio saca una carpeta de ella unos papeles - Quiero acotar que estas clausulas fueron impuestas según lo que nuestro padre quería - hago una mueca pero termino asintiendo - Hoy, 12 de Septiembre del 20xx se da inicio al contrato de conjugues entre Evans Bracco y Lia Banner, el cual finalizará cuatro años y seis meses después de la boda entre los dos. Ambos se comprometen a seguir al pie de la letra cada una de las normas señaladas en las siguientes líneas de este contrato, para Evans Bracco, serán las siguientes:
1.- Esta parte de compromete y asegura que trabajará para sacar adelante a Lia Banner y a su propia persona.
2.- Mientras el contrato este vigente Evans, se compromete a cuidar y velar por el bienestar de la señorita Banner, como si su relación no fuera únicamente por un contrato.
3.- Evans Bracco se compromete a compartir con Lia Banner la mitad de las ganancias en su trabajo. Desde que el matrimonio entre ambas partes se de, la señorita Banner pasa a ser responsabilidad suya.
4.- Si la señorita Banner llegase a demostrar algún tipo de maltrato o amenaza provocadas por Bracco, estará en todo su derecho de pedir el termino del contrato.
5.- Si la primera parte, falta a una sola de las reglas o estipulaciones del contrato, todo lo que debería pasar a su persona, pasará a Andrés Bracco, por decisión del difunto George Bracco.
6.- Si el señor Evans Bracco requiere sin razón alguna el divorcio inmediato, la señorita Lia no perderá nada, por el contrario será la primera parte la que perecerá.
- Eso es todo, Evans, estas son las reglas más importantes para tí dentro del contrato - indica, su mirada viaja de mí a Lia - Ahora, usted señorita Banner. Las segunda parte acuerda seguir las siguientes normas señaladas en el contrato:
1.- Para la señorita Lia, no es necesario que trabaje, puesto a que la primera parte se comprometerá a velar por usted en todos los ámbitos.
2.- Así mismo, señorita Banner, usted acuerda cuidar del bienestar y salud de la primera parte desde que sean conjugues.
3.- Como se cito a la primera parte, si usted demostrará que Evans esta atentando contra su bienestar de alguna manera, tiene todo el derecho de pedir el divorcio, el cual a usted no le afectará, sn embargo no será igual para Bracco.
4.- Si el señor Evans Bracco llegará a demostrar de alguna manera infidelidad por parte suya, puede pedir el divorcio, siempre y cuando tenga pruebas de ello. En este caso a ninguna de las dos partes afectará el divorcio,
5.- De igual manera, si Lia Banner llegase a incumplir una de las normas, reglas o estipulaciones del contrato, el divorcio entre conjugues se dará inmediatamente.
- Estas son las clausulas más relevantes para cada uno. El resto serán normas minúsculas. Si ambos están de acuerdo con las estipulaciones nombradas hoy y ahora, pueden firmar ya el documento que el juez preparo, le cual lo convertirá desde ya, en marido y mujer - informa cruzando su manos encima de la mesa. Para después empujar hacia delante un documento.
- ¿Enserio tenían todo preparado, cierto? - él se encoge de hombros y asiente.
- ¿Dónde debo firmar? - esa pregunta realmente logro dejarme sin aliento.
- Señorita Banner, no sería mejor para usted leer el contrato completo - dice mi hermano levantándose de su asiento.
- Necesito el dinero, cuanto antes...
- Seguramente para lo que sea que necesites el dinero puede esperar - pronuncio. En su mirada sólo puedo ver desesperación. Pero, ¿Qué la tiene tan inquieta?
- Tómese al menos el resto de la tarde señorita - declara mi hermano.
- ...