XXXV Él la llamaba con desespero, se podía escuchar su sollozo, su desgarradora tristeza. Emma, junto a ese espectro, sabiendo que pronto ella misma sería uno, cerró los ojos y recordó la primera vez que vio a su hombre de ojos de pantera, en el recibidor de la mansión Lennox, que después terminaría en cenizas. Elliot al inicio la vio con una expresión de sorpresa, luego se tornó a lo que ella creía era odio. Después pudo ver cuando la tomó esa primera vez, sin importarle esa infección, una de las consecuencias de ser una prostituta; cuando ella lo sintió tan profundo, cuando el aroma de su sudor la embriagó por completo. Ella, una basura reciclada una y otra vez, estaba siendo embestida por el hombre más exquisito de la tierra. —Una basura… —susurró, mientras él seguía gritando. La otra

