XXXIV Emma se negaba a soltar la mano de su esposo, cosa que estaba dificultando la entrada a la clínica. Elliot, intentando ocultar lo asustado que se encontraba, la consolaba asegurándole que no la iba a dejar sola ni un segundo, que siempre estaría tras la puerta. Ella debía ser llevada a la sala de emergencias de primera mano para un diagnóstico general. Por fortuna ahí le permitieron la entrada al futuro y angustiado padre. —¡¿Emma?! —se escuchó que le llamaron cuando la cambiaron de camilla. Un hombre bajó su cubrebocas y se mostró ante la madre. —¡Doctor! ¿Qué hace acá?... —¡Ni siquiera te atrevas a tocarla! —interrumpió en un grito Elliot, al ver que ese médico, era aquel que pagaba por su cuerpo, años atrás. Ante el escándalo, una enfermera le dijo al hombre del parche que si

