LXII En cada parpadeo parecía que pasaran muchos minutos entre un evento y otro. Cerró los ojos y estaba en la ambulancia, los abrió y entraba con él a la sala de urgencias y luego los cerraba de nuevo para encontrarse en una sala de espera desde hacía un par de horas. Emma no estaba viviendo los segundos en orden, pues la vida le estaba robando su tiempo junto a su Elliot, como si chasquera las manecillas de su reloj y avanzara de forma indiscriminada para adelantar el final que ella no soportaría. Solo pareció volver en sí, cuando su hijo, que ya tenía puesta ropa y zapatos tenis, le alcanzaba una botella de agua para que se hidratara un poco. Lo miró y sonrió, sabiendo que ese era su hijo, solo que medía mucho más a cuando lo llevaba en brazos. Elijah tampoco sabía muy bien cómo actu

